Marlaska viaja a Marruecos mientras aumentan los testimonios de sudaneses que acusan a los gendarmes de homicidio

El ministro español y la comisaria europea de Interior se reúnen con el Gobierno marroquí. Al menos una docena de migrantes que participaron en el salto a la valla de Melilla refutan la versión de Rabat.

Un grupo de emigrantes sudaneses de los que intentaron saltar a Melilla el pasado 24 de junio. De izquierda a derecha: Ahmed Taieb, Mohamed Abasir, Abu Obaidah Youssef, Mohamed Bahar, Mohamed Suleiman, Abdel Hamid Abubal y Yamal Mubarak.
Un grupo de emigrantes sudaneses de los que intentaron saltar a Melilla el pasado 24 de junio. De izquierda a derecha: Ahmed Taieb, Mohamed Abasir, Abu Obaidah Youssef, Mohamed Bahar, Mohamed Suleiman, Abdel Hamid Abubal y Yamal Mubarak.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, llega este viernes a Rabat acompañado de la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson, para entrevistarse con su homólogo marroquí, Abdelouafi Laftit. Sobre el motivo del viaje nada ha trascendido, pero es muy improbable que no se aborde la muerte de al menos 23 emigrantes subsaharianos que fallecieron, en circunstancias aún no aclaradas, en el intento de cruce de la frontera de Melilla el 24 de junio, hace justo dos semanas.

Es improbable también que el ministro marroquí del Interior, que no ha ofrecido ninguna conferencia de prensa desde aquel viernes, se preste a responder a los medios internacionales. Pero cada día resulta más difícil ignorar los testimonios crecientes de sudaneses que aseguran haber visto cómo algunos de sus compañeros morían apaleados por los agentes marroquíes. Este diario ha hablado con una decena de ellos, a los que habría que sumar otros dos recogidos en otros medios españoles.

La versión ofrecida por el Gobierno marroquí, y nunca negada por el Gobierno español, es que la mayoría de los 23 fallecidos reconocidos oficialmente ―las asociaciones elevan la cifra a 37― murieron aplastados durante una avalancha o al caer de la valla. Sin embargo, EL PAÍS ha entrevistado a decenas de migrantes, tanto en Rabat como Casablanca, y todos sostienen que la mayoría de los muertos cayeron a causa de los golpes provocados por los agentes marroquíes. Diez de ellos precisan, además, que presenciaron la muerte a palos de algún compañero, dando nombres y apellidos de estos. Ofrecen su testimonio a cara descubierta y no esconden sus identidades.

El sudanés Mohamed Ahmed aseguró haber visto cómo varios agentes marroquíes mataron a dos de sus compañeros: Wares Aman, de 22 años, y Mohamed Hssien, de 20. Al día siguiente, en Rabat, se sumaron dos testimonios: Abdelmunik Ibrahim, de 26 años, afirmó que vio cómo moría su amigo Kosai en los tornos del paso fronterizo, a causa de un golpe. Y Yamal Yagia, de 19 años, sostuvo haber visto cómo ocho agentes marroquíes apedreaban hasta la muerte en una fosa de tres metros a cuatro de sus compañeros. Yagia declaró: “De uno de ellos no sé el nombre, pero los otros eran William, Ahmed y Hassan Matar”.

A esos tres testimonios se suman otros siete recogidos entre una treintena de sudaneses que se encontraban el pasado miércoles en un edificio abandonado del barrio Dar Milan, de Casablanca. Al menos una docena de ellos presentaban vendajes y heridas en la cabeza, en los pies y en los brazos. El periodista planteó esta pregunta:

—¿Quién de ustedes ha visto con sus propios ojos cómo moría algún compañero en Nador, durante el salto del viernes 24 de junio a la valla de la frontera?

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Siete levantaron la mano: Ahmed Taieb, Mohamed Abasir, Abu Obaidah Youssef, Mohamed Bahar, Mohamed Suleiman, Abdel Hamid Abubal y Yamal Mubarak.

Entre los testimonios hay dos ―los de Taieb y Hamid Abubal― que aseguran haber visto morir “a palos” a la misma persona, a Naser Dim. “Conseguimos entrar en España”, relató Ahmed Taieb, “pero nos devolvieron hacia Marruecos. Y allí mataron a palos a nuestro amigo Naser Dim. Y lo dejaron al sol durante unas siete horas”. Otros dos ―Obaidah Youssef y Mohamed Bahar, ambos de 20 años― afirman haber presenciado cómo mataban a golpes a su compañero Hanín, también de 20 años.

“Los muertos, a los perros”

Mohamed Abasir, de 20 años, asegura que después de ver cómo mataban a un compañero oyó a un gendarme marroquí que decía: “Vamos a llevar a los muertos a los perros, para que se los coman”. Yamal Mubarak, de 25 años, dice haber visto cómo mataban a su amigo Mazim, de 25 años, al darle “con un palo en la nuca”.

A los 10 testimonios recabados por este diario desde el lunes habría que sumar el de Hasín, un sudanés de 22 años que declaró el 4 de julio a RTVE.es cómo murió su hermano, que iba delante de él con una cizalla para abrir la verja. “La policía le golpeó en la cabeza, le reventó el cráneo”, aseguró. El diario Público también difundió el 4 de julio el testimonio en Casablanca del sudanés Nurdin Sanusi, de 24 años. Sanusi participó en el salto a la valla y cuenta que vio morir a Nassib, un compañero que forzó la puerta. “Todo lo que lanzaban los marroquíes iba dirigido a él, porque él abría la puerta, y cuando lo consiguió le pegaron con palos y le echaron espray. Luego toda la gente le pasó por encima para cruzar”, declaró Sanusi.

Uno de los sudaneses que se encontraba este miércoles en el edificio abandonado de Casablanca expresó, con la condición del anonimato: “Muchos de nosotros tenemos miedo de que la policía venga y nos haga cualquier cosa. Aquí vienen periodistas, hablamos y después se van. Pero nosotros seguimos igual, nada cambia. No tenemos nada. Somos negros, muchos estamos heridos. Y tenemos que seguir viviendo”.

Cuando se les pregunta que si se plantean volver a Sudán, la mayoría lo tiene muy claro. “Ni Marruecos ni Libia ni Sudán”, responde uno. A otro todavía le queda algo de humor para añadir: “Tal vez, Ucrania”. Al menos unos veinte aseguraban este miércoles en Casablanca que no tienen más remedio que volver a los montes de Nador tarde o temprano y seguir intentando saltar la valla hacia Melilla.

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Sobre la firma

Francisco Peregil

Redactor de la sección Internacional. Comenzó en El País en 1989 y ha desempeñado coberturas en países como Venezuela, Haití, Libia, Irak y Afganistán. Ha sido corresponsal en Buenos Aires para Sudamérica y corresponsal para el Magreb. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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