ERC insta a Sánchez a aprobar una nueva fiscalidad en un discurso muy crítico con la gestión de la crisis

Rufián muestra tres cartuchos de bala recogidos por una diputada de su partido en Melilla para criticar la política migratoria del Gobierno

Gabriel Rufián coloca tres balas sobre la tribuna durante su discurso. Foto: JAIME VILLANUEVA | Vídeo: EPV

El debate sobre el estado de la nación ha servido para reconciliar al PSOE y Unidas Podemos, pero no ha reconducido la relación siempre difícil del Gobierno con ERC. La tensión y la incertidumbre sigue marcando el trato de la coalición, sobre todo del PSOE, con la izquierda soberanista catalana, y anticipa que la reunión del viernes de Pedro Sánchez con Pere Aragonès en La Moncloa no será sencilla.

Las críticas de Gabriel Rufián a la gestión del presidente del Gobierno y sus críticas han llegado a superar por momentos a las que le habían dirigido a Sánchez los portavoces del PP y Vox. El colofón a los reproches por la inflación o la parálisis de la mesa de diálogo ha llegado con la inmigración: el portavoz de Esquerra ha mostrado tres cartuchos de bala en la tribuna del Congreso, dentro de sus protestas contra la política migratoria del Ejecutivo. “Estas balas las recogió mi compañera María Dantas en la valla de Melilla”, ha afirmado Rufián tras colocar en el atril la munición, atribuida a la Gendarmería marroquí. “Hoy se ha equivocado gravemente. En este hemiciclo, la mera exhibición de balas es un error imperdonable, ni siquiera con fines probatorios o con tintes efectistas. El Congreso es el templo de la palabra, aquí entraron balas, están en el techo de la Cámara”, le ha recriminado Sánchez, recordando el intento del golpe de Estado del 23-F, en uno de los momentos más tensos del debate. Los fallecidos en el asalto de finales de junio a la valla de Melilla no presentaban heridas de bala.

Rufián ha dejado claro por qué ERC se ha ganado la fama de ser uno de los socios más combustibles e impredecibles del Gobierno. “Enhorabuena, presidente, hoy se ha levantado de izquierdas”, ha ironizado el portavoz de Esquerra, cuestionando así los impuestos a la banca y las energéticas que anunció Sánchez junto con otras medidas destinadas a las clases medias y trabajadoras. “Usted ha venido a vendernos grandes titulares en pos de un mundo mejor. Yo le doy datos de un presente mucho peor: en el último año la luz ha subido un 107%, la gasolina un 50%, los huevos un 35%, la leche un 25%... Hoy la gente es 3.000 euros más pobre. La normalidad para mucha gente no es lo que pasa en el Congreso, es lo que pagan en el súper. No llegamos a la gente”, ha advertido a Sánchez, subrayando cómo esa desconexión tiene como resultado la desmovilización del electorado progresista. Y subrayando, también, cómo el giro a la izquierda que ERC demandaba a La Moncloa le supo a poco. “¿Quiere ir a por todas? Le instamos a trabajar desde ya en un nuevo sistema fiscal basado en la justicia. Lo contrario a la riqueza es la justicia. La justicia no es ni temporal ni extraordinaria. O la justicia es permanente o no es. Y solo hay una manera de conseguirla: redistribuyendo”, ha sentenciado Rufián. Otro de los momentos más tensos se ha producido cuando Sánchez le ha pedido al diputado de ERC que se “aplicase el cuento” y “militase en la utilidad”. Previamente, Rufián le había echado en cara que al Gobierno no hacía lo suficiente por combatir el encarecimiento de la cesta de la compra: “Hace falta mucho más que sonreír mucho y decir que todo va a ir bien. Y es militar en la utilidad. Las izquierdas necesitamos como el respirar militar en la vida de la gente. Y eso tiene un nombre: llenar la nevera a la gente”.

Un apoyo intermitente para el Gobierno

La contundencia con que se ha empleado Rufián, que ha acusado a Sánchez de no rentabilizar electoralmente las medidas del Gobierno “porque son muy rácanas” —aquí ha recordado el bajo nivel de ejecución de las inversiones estatales en Cataluña— resume la complejidad de la relación con ERC. El partido fue capital con su abstención para la investidura de Pedro Sánchez en enero de 2020. También resultó clave para la aprobación de los Presupuestos de 2021 y 2022. Sus 13 escaños en el Congreso allanan muchísimo las votaciones en el Parlamento más fragmentado desde la Segunda República, aunque el Gobierno ha demostrado que los votos de Esquerra no son indispensables. La mayoría de prórrogas del estado de alarma salieron adelante sin su apoyo durante la pandemia. Lo mismo sucedió con el primer decreto de las medidas anticrisis para paliar el impacto económico y social de la guerra de Ucrania: ERC envió en esta votación un “primer aviso” por lo que entendió como una falta de asunción de responsabilidades por el escándalo de espionaje de Pegasus a dirigentes independentistas, entre ellos Aragonès. La historia se repitió con la reforma laboral, de nuevo sin ERC. “Estamos encantados de que haya cada vez más indefinidos, ¿pero de qué vale eso si te pueden despedir con las mismas condiciones que siendo temporal? Y eso es porque hubo quien prefirió a la CEOE que a ERC (…) Señora ministra, antes de sumar hay que escuchar”, ha arremetido Rufián contra Yolanda Díaz. La reacción de Sánchez ha sido tajante: ¿Qué obsesión tiene con la vicepresidenta segunda del Gobierno? ¿Qué obsesión tiene con que se prefirió hacer una foto con la CEOE y no con ERC? Nos la hicimos con la CEOE y los sindicatos… Si un diputado del PP [Alberto Casero] no se hubiera equivocado, no tendríamos hoy tantos contratos indefinidos”.

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La celeridad con el que el Gobierno ha cerrado antes del parón del verano la reunión bilateral entre Sánchez y Aragonès, inmediatamente después del debate del estado de la nación —el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y la consejera de Presidencia del Govern, Laura Vilagrà, acordaron la semana pasada que se celebre este viernes en La Moncloa— refleja la importancia que conceden en el Ejecutivo a reconducir la relación con un aliado indómito y muy incómodo para un sector del PSOE pero crucial para el éxito de la acción legislativa del Gobierno.

Pero el discurso de Rufián demuestra que el recelo es enorme. Por ambas partes. En el PSOE encaran cada negociación con ERC con la premisa de que el partido republicano tiene varias almas y que, para lograr un acuerdo que no descarrile, hay que hacer equilibrismos con todas esas sensibilidades. Desde la más transversal y pragmática, que en teoría representa Rufián en Madrid, considerado el hijo político de Oriol Junqueras, a la que ostenta Aragonés en su condición de president de la Generalitat. Sin olvidar las posiciones más beligerantes y proactivas para abanderar el independentismo que representa Marta Rovira, la secretaria general fugada en Suiza tras el procés. “Siempre defenderé la mesa de diálogo. ERC habla con el PSOE porque somos diametralmente diferentes y es nuestro trabajo y así nos comprometimos. Y sobre todo porque no hay alternativa”, ha afirmado Rufián.El Gobierno de coalición está representado en la mesa de diálogo. No es fácil ir a la mesa con solo una parte [del Govern]. Le pido a Junts que vaya. Reconozco a ERC esa valentía”, ha cerrado Sánchez con un mensaje conciliador a un teórico socio que ha parecido más bien muy lejano en el debate del estado de la nación.

Sobre la firma

José Marcos

Redactor de Nacional desde 2015, especializado en PSOE y Gobierno. Previamente informó del Gobierno regional y casos de corrupción en Madrid, tras ocho años en Deportes. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster de Periodismo de EL PAÍS. Trabajó en Starmedia, Onda Imefe y el semanario La Clave.

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