El Ejército apuesta por el F-35 de EE UU en vez del Eurofighter en una compra de 10.000 millones

El retraso del programa europeo FCAS obliga a buscar una alternativa para sustituir hasta 80 aviones de combate F-18

Un caza F-35 durante un vuelo de exhibición en la base aérea de Hatzerim, en Israel, en junio.Foto: AMIR COHEN (REUTERS)

Los retrasos del programa NGWS / FCAS (Sistema de Armas de Nueva Generación o Futuro Sistema Aéreo de Combate, por sus siglas en inglés), en el que España está embarcada junto con Francia y Alemania, e incluso la incertidumbre sobre su viabilidad, obligan a buscar una alternativa para la sustitución de los cazas F-18 españoles, prevista para la segunda mitad de esta década, según mandos militares. Los responsables del Ejército del Aire no albergan dudas sobre sus preferencias: el F-35, un avión de quinta generación fabricado por Lockheed Martin, es su favorito. Pero comprarlo es una decisión controvertida: significaría retroceder cuatro décadas y encargar a la industria estadunidense, no a la europea, un pedido de hasta 80 aviones de combate valorado en más de 10.000 millones de euros.

En junio pasado, el Ministerio de Defensa y la compañía Airbus firmaron la compra de 20 nuevos Eurofighters para sustituir a los F-18 desplegados en Canarias, a los que la Fuerza Aérea ya ha empezado a dar de baja por su deterioro estructural. Pero a partir del año 2025, a medida que vayan cumpliendo 7.000 horas de vuelo de vida operativa, habrá que empezar a sustituir los restantes cazas F-18, desplegados en las bases de Zaragoza y Torrejón de Ardoz (Madrid), que para entonces acumularán cuatro décadas en sus alas.

En teoría, el sustituto de los F-18 de la compañía estadounidense Mc Donell Douglas debería ser el FCAS europeo. El objetivo de este proyecto ―impulsado a partes iguales por los gobiernos de Berlín, París y Madrid― no es solo diseñar un caza de sexta generación, más avanzado que cualquiera de los que hay actualmente en el mercado, sino una nube de combate con sistemas tripulados y drones interconectados entre sí compartiendo información procedente de múltiples sensores. Aunque aún no tiene presupuesto oficial, el coste del programa podría oscilar entre 50.000 millones y 80.000 millones de euros, según un estudio del Senado francés.

El desarrollo del FCAS se encuentra, sin embargo, bloqueado por la pugna entre las dos principales empresas implicadas, la francesa Dassault Aviation y Airbus, que representa a Alemania. Dassault, fabricante en solitario del avión de combate Rafale, reivindica su condición de contratista principal del caza NGF (New Generation Fighter), núcleo del programa, mientras que Airbus esgrime su experiencia en el Eurofighter para reclamar un papel relevante en el diseño. Debido a la falta de acuerdo, la firma del contrato de la fase 1B, el desarrollo de los prototipos, está pendiente desde el año pasado. España, tercero en discordia, despliega sus buenos oficios para intentar lograr un acuerdo entre sus dos socios, hasta ahora sin éxito.

En junio, el director general de Dassault, Éric Trappier, encendió todas las alarmas al descartar que el FCAS pueda estar operativo en 2040, como estaba inicialmente previsto. “Nos hemos estancado y las discusiones de la siguiente fase seguramente serán largas, así que más bien apuntamos a la década de 2050″, advirtió. Meses antes, ya había amagado con que su compañía disponía de un plan b por si el proyecto con Alemania y España fracasaba.

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7.500 kg

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Marzo de 1994

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1 GE F136

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18.290 m

2.220 km

Diciembre de 2006

Fuente: Ejército del Aire y Lockheed Martin.

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Fuente: Ejército del Aire y Lockheed Martin.

El caza europeo, frente al americano

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Diciembre de 2006

Fuente: Ejército del Aire y Lockheed Martin.

Mientras, el más directo competidor del FCAS, el Tempest, encabezado por el Reino Unido, parece no sufrir estos contratiempos y el programa, del que también forman parte dos socios comunitarios, Italia y Suecia, ha recibido el espaldarazo de Japón. Más que avanzar hacia una convergencia entre el Tempest y el FCAS, como se esperaba, los expertos temen que el proyecto liderado por Londres acabe sumándose a los esfuerzos del Pentágono y deje en la estacada a la industria europea.

Pero incluso si el FCAS cumpliese sus plazos, lo que tiene escasos precedentes en programas tan complejos, llegaría demasiado tarde. En la próxima década, la Fuerza Aérea española se quedará sin la mitad de sus aviones de combate. El Ejército del Aire, sin embargo, rechaza repetir la operación de Canarias: es decir, sustituir los restantes F-18 por una nueva compra de 70-80 Eurofighters suplementarios.

La razón de esta negativa estriba en que el eurocaza es un avión diseñado en el siglo pasado, a pesar de las mejoras introducidas en las sucesivas series o tranches. El consorcio fabricante del Eurofighter ofrece la versión LTE (Evolución a Largo Plazo, por sus siglas en inglés), que incorporaría algunas de las tecnologías que se desarrollarán para el futuro FCAS, pero los mandos militares avisan de que la célula sería la misma y el resultado no estaría nunca al nivel de los cazas de quinta generación con los que tendría que operar y, tal vez, combatir; como el F-35 estadounidense. Además, aducen las misas fuentes, tener toda la flota de un solo modelo supondría arriesgarse a que un problema estructural obligara a dejar todos los aparatos en tierra y España se quedara temporalmente sin aviación de combate.

Para el Ejército del Aire no hay dudas: la mejor opción es el F-35 Lightning [relámpago] II de Lockheed Martin. Con un coste similar al del Eurofighter, ofrece prestaciones muy superiores. España no haría más que sumarse a una larga lista de países europeos que ya han decidido adquirirlo, como Reino Unido, Italia, Polonia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega o Finlandia; además de Australia, Japón o Israel. Incluso Alemania ha encargado 35 unidades para sustituir a los Tornado, con el argumento de que los Eurofighter no están homologados para portar las armas nucleares americanas, como exige el compromiso de Berlín con la OTAN.

El problema radica en que adquirir a estas alturas un avión de combate estadounidense es volver a los años ochenta del siglo pasado, cuando el Gobierno de Felipe González decidió comprar el F-18 en el marco del programa FACA (Futuro Avión de Combate y Ataque). Desde entonces, las empresas españolas han tenido un papel creciente en el diseño y fabricación de los nuevos cazas, como el Eurofighter.

Fuentes industriales advierten de que el F-35 es “una caja negra” en la que Estados Unidos no deja que otros países metan la mano, salvo, y con muchas limitaciones, los socios del programa, como Reino Unido. España se enfrenta así a la tesitura de gastar más de 10.000 millones (coste estimado de aviones, motores, simuladores y apoyo logístico, sin contar el armamento) en un programa del que no se beneficiará más que marginalmente su industria.

Como alternativa, expertos militares y directivos de la industria barajan la posibilidad de que los cazas F-18 no sean sustituidos por un solo modelo de avión, sino por dos: el F-35 y el Eurofighter LTE. Se trataría de complementar un pedido limitado de aviones estadounidenses con una nueva tanda de eurocazas en su versión más avanzada. Ello permitiría al Ejército del Aire contar con una unidad de aviones de quinta generación, capaces de operar al máximo nivel con los países aliados y asegurar una superioridad disuasoria frente a los vecinos del sur, alegan fuentes militares. Además, la compra de una docena de F-35B garantizaría el relevo de los Harrier de despegue vertical de la Armada que hay que dar de baja en 2028, perdiendo el buque Juan Carlos I la condición de portaaviones. En este último caso no existe otra opción, pues el Eurofighter no tiene versión naval.

Aunque faltan varios años para que el problema aflore con toda su crudeza, las mismas fuentes advierten de que este tipo de negociaciones son complejas y largas y, mientras más se demore su inicio, en peores condiciones se abordará. En realidad, admiten, ya es tarde para obtener las ventajas que lograron en su día los socios del F-35.

Un piloto español entra en un Eurofighter en el momento de la interrupción de la rueda de prensa de Pedro Sánchez y el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, por una alerta real, en julio del año pasado
Un piloto español entra en un Eurofighter en el momento de la interrupción de la rueda de prensa de Pedro Sánchez y el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, por una alerta real, en julio del año pasado


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Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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