Sánchez hace un llamamiento a la unidad en el PSOE tras las críticas de García-Page

El presidente cree que es un error que Andalucía compita con Madrid en bajar de impuestos a los ricos y abre la puerta a un impuesto a las grandes fortunas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el foro 'Latinoamérica, Estados Unidos y España en la economía global' en Nueva York.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el foro 'Latinoamérica, Estados Unidos y España en la economía global' en Nueva York.Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa (Pool Moncloa/EFE)

La polémica por las palabras del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en las que ponía en duda la estrategia de La Moncloa contra Alberto Núñez Feijóo y discutía que el expresidente gallego sea un insolvente, como ha apuntado varias veces Pedro Sánchez y sus ministros, pilló al presidente en Nueva York por la cumbre de la ONU. Desde allí, Sánchez dio instrucciones claras a los suyos: varios dirigentes trasladaron el malestar de La Moncloa y la calle Ferraz con García-Page, que de alguna manera ha roto una estrategia que el presidente y su equipo llevaban consolidando durante el verano y el arranque de curso.

Lo que más molestó a la cúpula socialista y del Gobierno es que García-Page se hubiera entrevistado ya con El Mundo, entrevista en la que vertió sus críticas, cuando este sábado fue a una reunión de todos los barones socialistas en Zaragoza pensada exactamente para lo contrario, para dar una muestra de unidad y tratar de evitar que cada dirigente autonómico vaya por libre o empiece a hacer una campaña muy alejada de la línea nacional que marca el propio Sánchez. En Zaragoza todo fue aparentemente bien, pero el lunes esos mismos barones se encontraron con la entrevista, que suponía casi una enmienda a la totalidad a la estrategia de Sánchez. Y no solo en su crítica a Feijóo, sino también en sus alianzas con ERC y Bildu y varios nacionalistas para sacar adelante todas las leyes progresistas y de protección social de lo que va de legislatura.

Sánchez, como es habitual, estaba detrás de los movimientos de todos sus ministros y de la cúpula del PSOE —el poder es muy vertical en su entorno y prácticamente nada se puede hacer sin su autorización—, pero no quería hablar del asunto desde Nueva York y evitó a la prensa durante los dos primeros días. Este miércoles, poco antes de participar en el foro Latinoamérica, Estados Unidos y España en la Economía Global, organizado por EL PAÍS y la Cámara de Comercio España-EEUU, en un encuentro informal con los periodistas que siguen el viaje, Sánchez ha evitado entrar al choque directo con García-Page cuando se le ha preguntado expresamente por él en dos ocasiones, pero sí ha mostrado el evidente malestar del Gobierno y ha insistido en un llamamiento a la unidad en el PSOE. El presidente del Gobierno sostiene que “lo importante es la imagen de unidad que salió de Zaragoza”, esto es, en la reunión en la que estuvo Page y en la que, según varios presidentes autonómicos, no mostró ninguna discrepancia más allá de señalar que no debía ser el presidente quien entrara al choque con Feijóo, sino sus ministros o dirigentes socialistas. “El PSOE tiene que estar unido en la idea de que somos el partido que protege a la clase trabajadora”, ha insistido Sánchez como mensaje claro de malestar con las declaraciones del mandatario de Castilla-La Mancha que han roto la estrategia de la dirección.

Sánchez también criticó a Andalucía, en manos del PP, por entrar en una competencia con Madrid suprimiendo el impuesto sobre patrimonio, como ha hecho el Ejecutivo del PP en la Comunidad de Madrid. Para el presidente, es un error que Andalucía entre esa “competición para ver quién baja más los impuestos a los más ricos”. En su opinión, si otras regiones que no son acogen la capital entran en una competencia con Madrid por la bajada de impuestos, siempre ganará esta última, porque tiene la ventaja del efecto capitalidad. Es en otras cosas donde debería competir, como por ejemplo las energías renovables o cualquier otra industria con futuro, y no en la batalla de bajar los impuestos a un 0,2% de la población, que son los que tributan por patrimonio. El Gobierno ha desautorizado al ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, por hablar de “recentralización” de algunos impuestos para evitar esta guerra a la baja entre autonomías, pero Sánchez, sin usar esa palabra tan temida, sí ha dicho que hay muchos presidentes autonómicos, incluidos algunos del PP, que sí apuestan por una armonización de algunos impuestos con topes mínimos para evitar esta competencia en especial de Madrid, que atrae muchos capitales de autonomías más despobladas y con más dificultades económicas.

Sánchez también ha reforzado la línea abierta por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, de plantear la posibilidad de un impuesto a las grandes fortunas, algo que el PSOE rechazó durante toda la legislatura cada vez que lo reclamaba Unidas Podemos. Sánchez cree que la guerra ha provocado una situación excepcional y hay que pensar en medidas diferentes, sobre todo con la idea de que haya un reparto más justo de las consecuencias de la crisis. Por eso él ha anunciado un impuesto a las grandes energéticas, otro a la banca y ahora se abre a incluir este impuesto a las grandes fortunas, del que aún no hay muchos detalles, en los próximos Presupuestos.

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