Aulas prefabricadas entre campos de golf y urbanizaciones de lujo en el colegio público Daidín de Benahavís

Una decena de barracones ocupan el patio de este centro malagueño desbordado y dejan a los niños sin espacio para el recreo

Una niña coloca un cartel de protesta, el pasado miércoles en el colegio Daidín de Benahavís (Málaga).
Una niña coloca un cartel de protesta, el pasado miércoles en el colegio Daidín de Benahavís (Málaga).GARCÍA-SANTOS

A un paso de Marbella, Benahavís es un pequeño municipio de Málaga que derrocha belleza y riqueza. Su entorno natural alberga cinco clubes de golf y la exclusiva urbanización La Zagaleta, entre otras áreas residenciales donde el precio de la vivienda se mide en millones de euros. Es un lujo que no llega, eso sí, al colegio público del pueblo, el Daidín. El centro cuenta con 650 estudiantes cuando su capacidad es de 150. Las clases han ido ocupando de manera progresiva el gimnasio y la biblioteca. También el patio, donde este año se ha instalado la décima aula prefabricada, lo que impide que los niños salgan al recreo o practiquen educación física. Esta nueva remesa de barracones sido la puntilla para padres y madres, que se han movilizado para denunciar el hacinamiento con protestas y pancartas. “Por tanto ahorrar en educación, nos hemos hecho millonarios en ignorancia”, se puede leer en una de las muchas cartulinas colocadas en la entrada del colegio. “Los niños no son sardinas”, dice otra.

La renta bruta media de esta localidad es de 38.169 euros por declarante al año, según la Agencia Tributaria, cifra impulsada por las grandes fortunas de la zona. Es el municipio más rico de Málaga y uno de los más ricos de Andalucía: supera en casi 10.000 euros al segundo, Rincón de la Victoria (con 29.254 euros) y en 11.000 euros a su vecina Marbella. Los datos arrojan que el crecimiento poblacional de Benahavís ha sido fulgurante gracias al desarrollo inmobiliario que ha impulsado la riqueza y el presupuesto municipal, que ronda los 20 millones de euros. En los años noventa eran menos de 2.000 habitantes, ahora son casi 8.000, según el Instituto Nacional de Estadística. El 60% es de origen extranjero, la mayoría del Reino Unido (1.592 personas), pero también hay amplias colonias de rusos (392), franceses (206), italianos (183) y alemanes (175). El desarrollo ha sido paralelo en el colegio, que ha pasado de 60 alumnos en los noventa a 650 este curso, desde Infantil hasta segundo de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). 10 veces más en 30 años sin que ninguna administración le haya puesto solución.

Varias madres, durante una protesta en el colegio de Benahavís, el pasado miércoles.
Varias madres, durante una protesta en el colegio de Benahavís, el pasado miércoles.GARCÍA-SANTOS

Ana Bermúdez, de 32 años, recuerda cuando cursaba primero de Primaria con apenas cuatro compañeros más. “Éramos 11 en clase, porque nos juntaban con los de segundo”, explica. Desde entonces todo ha crecido en el pueblo. “Los campos de golf, las urbanizaciones… todo, menos el colegio”, subraya Bermúdez, ahora con dos hijos en el centro educativo y una más que entrará el próximo año. Sabe que lo hará en un lugar sin biblioteca, ni gimnasio, ni aula de informática, convertidos en aulas. “Mi hija tiene que girar el cuello para mirar la pizarra, no hay sitio”, afirma Diana Rubianes, de 45 años. Las 10 aulas prefabricadas que han ido llegando curso a curso al centro están repartidas por el patio. Son parte de las 250 clases de este tipo que hay en Andalucía. Según los datos del Gobierno regional, presidido por Juan Manuel Moreno (PP), el 97% se debe a la existencia de obras en los colegios.

El pasado 23 de septiembre, unas 200 personas se manifestaron para denunciar la situación. Llevaban un tiempo preparando la movilización y la Junta de Andalucía intentó paralizarla moviendo ficha. Su delegado de Educación en Málaga, Miguel Briones, se reunió con el alcalde, José Antonio Mena (PP) —que lleva 15 años en el cargo, tras suceder a su padre— y sus concejales. Más tarde, lanzó una nota de prensa en la que se informaba de la firma de un convenio para construir un nuevo centro. En el comunicado, la Administración reconoce la falta de espacio y dice que “se ha ido acentuando con los años sin que los gobiernos anteriores hayan hecho nada para paliar esta situación”, aunque el Partido Popular lleva ya cuatro años al frente de la Administración autonómica. La nota recogía un presupuesto de 10 millones de euros, pero ni fechas ni ubicación, solo que la parcela estará “fuera del casco urbano”. Sí apuntaba que tendrá tres líneas de Infantil y Primaria y dos de Secundaria, por lo que las madres se preguntan dónde irán los alumnos de la línea que se pierde en el camino. Actualmente, el Daidín acaba en segundo de ESO, así que para cursar el resto de Secundaria y Bachillerato el alumnado debe desplazarse en autobús a San Pedro de Alcántara, a 10 kilómetros.

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El anuncio sentó bien en el pueblo, pero sin plazos ni firmas, hay quien no se lo cree. Tienen motivos. En agosto de 2020, el Ayuntamiento lanzó una escueta nota de seis líneas en su página web —donde permanece colgada— que informaba de que habría nuevo colegio e instituto y que tenían la partida económica para la redacción del proyecto, sin más detalle. “Desde entonces no se supo nada más, así que ahora tampoco nos creemos nada”, afirma Ana Bermúdez. Como ella, otras madres solo creen en lo que ven, que es un colegio antiguo donde los barracones han dejado sin patio al alumnado. La solución para el recreo en los últimos años ha sido que niños y niñas cruzasen la calle para ir al jardín público. Las pistas del polideportivo municipal, a más de 200 metros y cruzando un puente, han servido para las clases de Educación Física.

Este curso, el centro evita esos desplazamientos hasta que no llegue una autorización de la Junta porque prefieren evitar responsabilidades ante un posible accidente, de ahí que este año no haya habido recreos ni actividad deportiva. “Los alumnos se quedan dibujando”, dice Belén Padilla, de 38 años, que también estudió en este colegio y ahora tiene una hija en segundo de Primaria, mientras se despide para ir a recogerla entre pancartas y cartulinas. “Por un colegio digno, con espacio, sin hacimiento y sin riesgo. Solución definitiva ¡Ya!”, dice la que ocupa mayor espacio, junto a unas aulas prefabricadas que en Benahavís no quieren ni ver.

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