CORONAVIRUS

Barcelona, sin turistas y a medio gas

La Rambla, la Boqueria o la Ciutadella, irreconocibles y casi desérticas por la crisis del coronavirus

2020/03/13 BARCELONA. La ciudad de Barcelona afronta los primeros d’as de alerta por coronavirus COVID-19 con calles  y comercios semi vac’os. Mercado de la Boqueria
2020/03/13 BARCELONA. La ciudad de Barcelona afronta los primeros d’as de alerta por coronavirus COVID-19 con calles y comercios semi vac’os. Mercado de la BoqueriaCarles Ribas (EL PAÍS)

“La gente camina triste, con miedo. Tienen pánico a juntarse, a hablar, a pararse. Por la Rambla pasea muy poca gente. Es una sensación muy similar a la de los días posteriores al atentado de 2017”, así de tajante se mostraba ayer Carolina Pallés, la quinta generación de Carolinas, la parada de floristas más popular de la Rambla. Ayer, en el icónico paseo, no quedaba ni rastro de las oleadas de turistas habituales. En el resto de la ciudad la vida iba a medio gas.

“¡Mira cómo está La Boquería!”, señala Pallés hacia la entrada del Mercado. La imagen es insólita: No hay palos selfies ni grupos de visitantes ni flashes. Y en el interior, hay grandes diferencias entre los paradistas con un negocio enfocado hacia los turistas o los que lo tienen dirigido a los vecinos. En las paradas de venta de zumos y comida take away impera el aburrimiento. Las que han conservado la antigua actividad ven como los clientes se pelean por llevarse el último filete.

El camarero más popular del mercado, Joan Bayén, el alma del bar Pinotxo, también es pesimista: “En los 70 años que llevo viniendo a La Boqueria nunca había visto los pasillos con tanta tristeza”. Por el contrario, en la carnicería Tere las dependientas no dan abasto. Sus clientes no van armados con palos selfies sino con carritos de la compra. “Lo que más salida está teniendo es la carne picada”, cuenta recordando que muchos van a congelarla. En la pollería Juani pasa algo parecido: “Todos compran grandes cantidades”. Mari Ángeles de la charcutería La Moianesa está enfadada porque en las redes ha aparecido una noticia falsa que alerta de que el mercado va a cerrar: “Es mentira. Yo ya he atendido a 80 personas esta mañana”. Xavi Petràs vende en su parada de La Boquería setas sobre todo a restaurantes. Su negocio no va tan bien esta semana: “Es una hecatombe. Solo hacen que anularme pedidos. Los restaurantes de gama alta lo están pasando mal y eso nos está arrastrando”.

Yuri Márquez, el segundo chef del restaurante Quim de la Boqueria, lamenta: “Llevamos dos semanas muy malas. Somos 12 trabajadores y dos autónomos los que dependemos del restaurante”. El chef Arnau Muñío, del Direkte Boqueria, admite: “Estoy asustado. He tenido muchas cancelaciones. Al final tendré que adelantar las vacaciones y cerrar porque no estamos trabajando”. En cambio, Ángel, de la pescadería Ángel y Olga, celebra: “Estoy teniendo más ventas que en Navidad”.

De nuevo en la Rambla, cerca del teatro Principal, había cuatro retratistas. Lo normal es que haya 30. “¿Quién se va a sentar aquí a que le dibujemos? ”, lamenta André, que lleva desde 1994 pintando rostros en el paseo. Ayer fue el último día que fue a La Rambla: no volverá hasta que no pase la crisis del coronavirus. Muy pocos turistas se embarcan en las Golondrinas. Su encargado prefiere no dar ni siquiera explicaciones.

A media la tarde, algunas de las franquicias de venta de ropa instaladas en el paseo comenzaron a bajar persianas horas antes del cierre. En el resto de la ciudad todo se arrastraba a medio gas. En el parque de la Ciutadella el arenal de la ludoteca estaba desierto. Alejandra es una canguro contratada que cuida de cuatro niños. “Un día normal aquí puedes ver a entre 40 y 50 niños con sus cuidadoras. Hoy solo estoy yo. Los padres están marchándose con los niños a sus casas de veraneo”, lamenta.

Los barceloneses que han podido están recluidos en sus domicilios tras, por pánico, haber llenado las despensas. Gran parte del Mercado del Poblenou lo ocupa un supermercado autoservicio. “Fue pasar el 8M y empezar a venir la gente arrasando. Lo más curioso es que no paran de llevarse papel higiénico. He preguntado y todos tienen miedo a que se acabe como en Venezuela”, cotillea una cajera.


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