Los presos del ‘procés’ renuncian a salir de la cárcel

Urdangarin dejó de salir la semana pasada, mientras que los 13 reclusos de las tarjetas black mantienen sus salidas diarias para trabajar

El exconsejero de Interior Joaquim Forn durante una de las salidas de la cárcel para trabajar en Mediapro.
El exconsejero de Interior Joaquim Forn durante una de las salidas de la cárcel para trabajar en Mediapro.Cristóbal Castro

Los nueve dirigentes independentistas condenados por el procés han renunciado, de forma voluntaria, a seguir disfrutando de sus salidas diarias de prisión a causa de la crisis del coronavirus, según fuentes del Gobierno catalán. Los políticos encarcelados han seguido las recomendaciones del Departamento de Justicia de la Generalitat y han renunciado, de manera temporal, al artículo 100.2 del reglamento penitenciario que les fue concedido. Ese artículo les permite salir unas cuantas horas al día para trabajar, hacer voluntariado y cuidar a familiares mayores. Por el contrario, los 13 presos de las tarjetas black que disfrutan del tercer grado penitenciario o semilibertad siguen saliendo a diario a trabajar, según confirman fuentes penitenciarias. Otro interno célebre, Iñaki Urdangarin, que abandonaba durante ocho horas tres días a la semana la cárcel de Brieva (Ávila), dejó de hacerlo la semana pasada, después de que el centro de atención a personas con discapacidad donde acudía decidiera prescindir como prevención contra la enfermedad.

Este domingo, el Ministerio del Interior ordenó nuevas medidas para restringir el día a día de los presos por el estado de alarma derivado de la crisis del coronavirus. Las visitas de familiares y amigos han quedado suspendidas, lo mismo que los permisos. Los presos en tercer grado (también conocido como régimen abierto o semilibertad) y los que disfrutan de medidas flexibles (como los beneficiarios del 100.2) sí que podrán seguir saliendo. Pero solo en las excepciones que contempla el decreto aprobado por el Gobierno, como acudir a familiar o cuidar de personas dependientes. Fuera de prisión, deben seguir las obligaciones dictadas por las autoridades sanitarias y, al regresar, serán sometidos a controles médicos.

La mayoría de los políticos condenados por el 1-O salen a diario para trabajar por lo que, en teoría, pueden continuar con las salidas. En la práctica, sin embargo, han renunciado a hacerlo siguiendo las “recomendaciones” del Departamento de Justicia. El caso del expresidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) Jordi Sànchez es especial porque él mismo comunicó la semana pasada que había estado en contacto con una persona que dio positivo en coronavirus y fue aislado en la cárcel de Lledoners (Barcelona). Sànchez está a la espera de conocer el resultado de la prueba.

Los exconsejeros Joaquim Forn, Jordi Turull y Josep Rull trabajan como abogados. El exvicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, como profesor y el extitular de Exteriores, Raül Romeva, en una asociación. Jordi Cuixart, por su parte, es propietario de la empresa Aranow, ubicada en Sentmenat (Barcelona) y dedicada al diseño de maquinaria industrial. Él es el único que, según las mismas fuentes, ha continuado saliendo de forma puntual para tomar decisiones sobre la empresa. Las dos mujeres, Carme Forcadell y Dolors Bassa, disfrutan de salidas diarias para cuidar a sus madres, que tienen una salud precaria. Todos ellos podrían, en teoría y según lo dispuesto en el artículo, seguir saliendo, aunque han renunciado a hacerlo. El único que ejerce únicamente voluntariado -un supuesto que queda fuera del decreto- es Sànchez, que ayuda en un comedor social del barrio de Sants de Barcelona.

El Departamento de Justicia asume que, con la orden del domingo que afecta a “todas las cárceles del Estado”, el Ministerio del Interior marca las directrices sobre la crisis del coronavirus. Se trata de “indicaciones que se han de cumplir”, pero eso no significa que los servicios penitenciarios catalanes no puedan adoptar “otras medidas” siempre y cuando “no estén reñidas” con las que fija el Gobierno. Las cárceles catalanas registraron el sábado el primer positivo por coronavirus. Se trata de un interno con patologías previas (insuficiencia respiratoria) que trabajaba en la biblioteca de la cárcel de Brians 2. El Gobierno catalán ha confinado a los 105 internos con los que compartía el módulo 13 de la cárcel. Por ahora no se han detectado nuevos positivos, ni entre esos internos ni en otros centros penitenciarios, indican las mismas fuentes.

De los 13 presos de las tarjetas black que disfrutan del tercer grado -todos menos Rodrigo Rato, que sigue en régimen ordinario, y Ángel Eugenio Gómez del Pulgar, en libertad condicional desde el 4 de marzo- continúan saliendo a trabajar a diario desde los Centros de Inserción Social (CIS) de Madrid y Navalcarnero donde pernoctan de lunes a jueves. Cuando regresan, se les mantiene aislados del resto de presos. Duermen en celdas aislados y se les reparte la cena en un horario diferente y haciéndoles mantener entre ellos una distancia de seguridad para evitar contagios. Rato, que tiene pendiente disfrutar un permiso de seis días, no podrá hacerlo por el momento.

Fuentes de Interior apuntan que en los próximos días se darán nuevas instrucciones sobre los presos en semilibertad para evitar contagios. Así, en el caso de que algún recluso que sigue disfrutando del tercer grado diera positivo por coronavirus o presentara síntomas compatibles con la enfermedad sería enviado a aislamiento domiciliario bajo control telefónico y, en caso de gravedad, con instrucciones para su ingreso hospitalario. En la cárcel de Martutene, en San Sebastián, se ha optado por enviar a todos los reclusos en semilibertad a su domicilio tras colocarles una pulsera de control telemático. Una medida que ha sido aplaudida por el principal sindicato de trabajadores penitenciarios, Acaip-UGT.

En el caso de Urdangarin, las nuevas normas contra la expansión del coronavirus han supuesto un cambio radical en el régimen de vida que mantenía hasta ahora. Así, sus tres salidas semanales en aplicación del artículo 117 de Régimen Penitenciario, han quedado suspendidas tras la decisión de la ONG a la que acudía de prescindir del trabajo de los voluntarios como él para evitar contagios. Además, tampoco ha podido aún comenzar a disfrutar de las dos salidas de fin de semana al mes que le autorizó recientemente el juez de Vigilancia Penitenciaria en aplicación del artículo 100.2, el mismo que se aplica a los presos del procés.

Esta medida aún no era efectiva ya que el magistrado la dejó en suspenso a la espera de saber si la recurría el fiscal. No obstante, este tipo de salidas era una de las que suspendió Interior este lunes. Urdangarin tampoco podrá recibir visitas de su familia. La última, según fuentes de la prisión, fue este sábado la de su esposa, la infanta Cristina. En aplicación de las medidas contra el coronavirus que ya estaban en vigor en las cárceles entonces, se realizó en un locutorio con mampara de cristal, ya que los encuentros familiares o íntimos (los conocidos como vis a vis) están prohibidos desde el pasado jueves.

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