Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La ocurrencia de las provincias

La hora de la desescalada era el momento de iniciar la devolución de lo confiscado: las competencias retiradas a las autonomías y los derechos a los ciudadanos. Y el gobierno sale con las provincias

Cruce de carreteras con destino a diferentes provincias en la S- 30, en Sevilla.
Cruce de carreteras con destino a diferentes provincias en la S- 30, en Sevilla. Javier Barbancho

La provincia como marco territorial de la desescalada asimétrica. Esta ha sido la idea estrella del plan del gobierno camino de la “nueva normalidad”, expresión que, dicho sea de paso, es otro oxímoron en el lenguaje político para hacer compañía a distancia social. ¿Qué pretende Pedro Sánchez resucitando a una división administrativa que forma parte de las reliquias del pasado que nos dejó la transición? Las provincias figura genuina del Estado centralista eran, de la mano de los temibles gobernadores civiles, correa de transmisión del poder central. En el actual régimen son marco de la distorsión del voto, en tanto que demarcación electoral que premia a los electores de los territorios más despoblados ¿A qué viene ahora dar relevancia a una organización territorial sin apenas perfil político y con muy escasa significación comunitaria, que a lo sumo puede ser un foco de poder clientelar? Forma parte de la cuota de decisiones caprichosas con las que de vez en cuando nos obsequia Pedro Sánchez. ¿Qué utilidad práctica y qué beneficio político puede obtener el presidente con esta solución imaginativa?

Basta leer un poco la prensa internacional para confirmar lo obvio: esta crisis ha pillado a todo el mundo por sorpresa y a los políticos más que nadie. Ningún gobernante podía imaginar en Navidades que algún día le tocaría dar orden de confinamiento de su país. Por eso el juego de quién lo ha hecho bien y quién lo ha hecho mal me parece mezquino y, sin sentido. Los dirigentes políticos de oposición que se lo permiten no dan la mejor imagen de sí mismos: es muy ventajista decir yo lo habría hecho mejor sabiendo que nunca se podrá demostrar puesto que el que gobernaba era otro. Y el ventajismo se convierte en pura obscenidad cuando se especula con los muertos. Todo el mundo ha gobernado a tientas, con dudas, aciertos y desaciertos (en muchos casos los mismos) y siguiendo consejos del mundo científico, que también llegó con el pie cambiado a este momento. ¿Por qué la opinión pública castiga más al presidente Sánchez que a sus colegas europeos? La clave está en la capacidad de transmitir autoridad, de generar empatía y confianza en la ciudadanía y de conseguir la complicidad de las demás fuerzas políticas. Y es en estas tres cosas –autoridad, comunicación, diálogo- que ha fallado el presidente.

La prudencia en la crítica en una situación de crisis no significa la ausencia de debate público. Al contrario, es más necesario que nunca para que la ciudadanía se sienta integrada en el conflicto y no simplemente tratada como niños que obedecen órdenes. Y ha brillado por su ausencia. Ahora Sánchez puede empezar a pagarlo. Los que deberían garantizarle la mayoría para gobernar se sienten desconsiderados. La advertencia de Urkullu sobre el estado de alarma, la amenaza de no votarlo si no se devuelven las competencias retiradas, no es banal. Urkullu sabe como Esquerra y como otros potenciales socios del gobierno que es prioridad aguantar a este gobierno para que no venga el tripartito de la derecha nacional. Pero todos dudan de los planes de Sánchez y la idea de las provincias no ayuda. ¿Con las provincias Sánchez vuelve a las andadas con un guiño a la derecha? Basta leer la Faes, que es quien manda en casa de Casado, para saber que Sánchez no puede esperar nada de la derecha: van a por él, a toda máquina.

Montado en el estado de alarma, Sánchez, optó por el discurso patriótico: unidad, guerra, ni ideologías, ni territorios, el enemigo no distingue. Y dio por supuesto que los demás se plegarían sin chistar. En vez de buscar complicidades, optó por el ordeno y mando. En este sentido, es especialmente incomprensible la comparecencia de los sábados para explicar a la ciudadanía lo que el día siguiente comunicará a los presidentes autonómicos. Así es difícil ganar complicidades. La organización territorial del Estado descentralizado se estructura sobre las comunidades autónomos y sobre las ciudades, destinadas a ser cada día un sujeto político más importante. ¿Por qué dar ahora protagonismo a la provincia? ¿Para dar un pellizco a las autonomías rebeldes? La hora de la desescalada era el momento de iniciar la devolución de lo confiscado: las competencias retiradas a las autonomías y los derechos a los ciudadanos. Y el gobierno sale con las provincias. Uno de los peligros de gobernar en excepción es que puede crear hábito.

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