Más de un tercio de los pacientes derivados van a hospitales con afán de lucro

Tres centros gestionados por empresas privadas atendieron a 4.507 pacientes desviados de centros de titularidad pública

Puerta principal del hospital Sagrat Cor, en Barcelona.
Puerta principal del hospital Sagrat Cor, en Barcelona.massimiliano minocri

El trasvase de un paciente desde su hospital de referencia a otro centro sanitario para someterse a una intervención quirúrgica no ha cesado. Aunque todas las derivaciones se hacen entre hospitales de la red sanitaria pública, buena parte de los pacientes son atendidos en centros privados con afán de lucro concertados con el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut). Según los datos a los que ha tenido acceso EL PAÍS a través del Portal de Transparencia, de los 12.058 enfermos desviados en 2019, el 37% fueron a parar a los tres centros sanitarios gestionados por empresas privadas: el Sagrat Cor, la Clínica de Ponent y la Clínica Girona.

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En Cataluña, la red sanitaria pública (Siscat) está formada por una gran amalgama de proveedores que prestan servicio al CatSalut a través de un concierto. En el sector hospitalario, además del Instituto Catalán de la Salud, la gran empresa pública que gestiona ocho grandes hospitales y el 80% de la atención primaria, hay fundaciones privadas y organizaciones religiosas sin afán de lucro, consorcios participados por el Departamento de Salud y el ayuntamiento de turno, empresas públicas y, en concreto, tres centros de titularidad privada que sí tienen ánimo de lucro. Cuando los centros precisan reducir lista de espera o esponjar sus plantas y quirófanos por el aumento de demanda, desvían pacientes a otros hospitales de su entorno que están más holgados.

En 2019, esta operación se hizo en 12.058 ocasiones. Juanetes, cataratas, vasectomías, hernias, colecistectomías (extirpación de la vesícula biliar) y prótesis, entre otras intervenciones, fueron saltando de un hospital a otro a lo largo del año. El 65,5% de las derivaciones proceden de alguno de los hospitales del ICS, especialmente el Arnau de Vilanova (2.448), el Verge de la Cinta de Tortosa (1.178) y el Josep Trueta de Girona (3.324).

La mayoría de las intervenciones que se desvían son cirugía menor o de bajo riesgo, donde los pacientes pueden irse a su casa el mismo día de la intervención si no hay complicaciones. Por ejemplo, las cataratas: el Arnau de Vilanova desvió 633 en 2019; el Verge de la Cinta, 358; y el Trueta, 571. El Moisés Broggi también desvió 214 operaciones de varices y el Vall d’Hebron, 156 cataratas y 83 prótesis de rodilla, entre otras intervenciones.

Los centros que más operaciones recibieron fueron, precisamente, las únicas tres clínicas privadas con afán de lucro que quedan dentro de la red pública hospitalaria: 1.195 pacientes fueron asumidos por la Clínica Girona, 848 por el Sagrat Cor y 2.464 por la Clínica de Ponent. En junio de 2019, por ejemplo, el Sagrat Cor, propiedad del grupo Quironsalud, recibió 44 intervenciones de túnel carpiano procedentes del Parc Taulí de Sabadell. La Clínica Girona, en julio, recibió 106 intervenciones de Trueta, entre ellas, 18 de cataratas, 15 de hernias inguinales y 13 colecistectomías. En mayo, la Clínica de Ponent asumió 100 cataratas, 53 vasectomías y 57 circuncisiones desde el Arnau de Vilanova.

Pero no solo los hospitales del ICS derivaron pacientes. El de Mataró mandó a lo largo del año 211 cataratas, 77 varices y 73 prótesis de rodilla a varios hospitales, entre ellos el Sagrat Cor, aunque el grueso de las intervenciones fueron a parar a la Clínica Plató, una fundación privada sin afán de lucro, aunque su director general llegó a percibir en 2014 un sueldo de 287.337 euros, casi el doble de lo que cobra el presidente de la Generalitat.

Las cifras de derivaciones no difieren mucho de las registradas en años anteriores. En 2014, en plena oleada de recortes, fueron 16.253 los pacientes trasladados para drenar las listas de espera. En 2015, fueron 12.018, y el 64% acabaron en centros con afán de lucro.

Lo que sí han cambiado son los centros a los que se derivan. Con la llegada de Toni Comín al Departamento de Salud en 2016, el director del CatSalut entonces, David Elvira, inició un proceso de adelgazamiento de los conciertos a los hospitales con afán de lucro, hasta el punto de que echaron de la red pública a una de ellas, la Clínica del Vallès. Otro centro, el Hospital General de Catalunya, quedó bajo mínimos y, de hecho, este año, no recibió ninguna derivación.

Cumplir con las listas de espera

“Hay dos grandes razones por las que se deriva: para cumplir con las listas de espera cuando no hay capacidad de hacer más o en época de gripe, que hay más demanda de ingresos”, explica el economista David Elvira, exdirector del CatSalut y experto en gestión sanitaria. Elvira explica que hay derivaciones que tienen más justificación que otras. En el Vallès Occidental, por ejemplo, tendría que haber “un flujo natural” de pacientes entre el Parc Taulí y el Consorcio Sanitario de Terrassa, dos hospitales públicos muy próximos, en lugar de mandar pacientes al Hospital General de Catalunya, propiedad de Quironsalud, en Sant Cugat. En cambio, agrega el experto, el Arnau de Vilanova no tiene mucho más margen que enviar pacientes a la Clínica de Ponent. “No es lo mismo contratar a alguien en una situación muy limitada que ir donde tienes una capacidad ya instalada. Es más rápido. Abrir una planta de hospital requiere contratación” y más logística, señala. “Nosotros defendíamos coger dinero de proveedores privados y meterlos en centros públicos si hay capacidad. Pero tienes que tener un margen de flexibilidad en la gestión con un proveedor. Si tienes razones de eficiencia y flexibilidad, está justificado” derivar pacientes, sostiene.

Por su parte, Josep Maria Puig, secretario general de Metges de Catalunya, rechaza este fenómeno y reclama reinvertir ese dinero que se gasta en la privada en “contratar personal suficiente en los hospitales públicos para atender la demanda y reducir la lista de espera”. “Ha sido una política sistemática, sin descanso, que ha ido acompañada de poner menos dinero a la sanidad pública. Y eso hace entendible este desastre que tenemos ahora y la descapitalización de la atención primaria y la falta de tecnificación de los hospitales”, zanja.

Sobre la firma

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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