La ampliación de terrazas elimina 1.300 plazas de aparcamiento de coches y motos en Barcelona

La ubicación de sillas y mesas en la calzada se prolongará, por lo menos, hasta finales de 2021

Terraza de un bar de la calle Dos de Maig de Barcelona ubicada donde anteriormente aparcaban coches.
Terraza de un bar de la calle Dos de Maig de Barcelona ubicada donde anteriormente aparcaban coches.Albert Garcia (EL PAÍS)

La ampliación de terrazas de bares y restaurantes en la calzada para compensar las restricciones derivadas de la crisis del coronavirus ha eliminado 1.300 plazas de aparcamiento de coches y motos en Barcelona. El viernes pasado, última fecha de la que hay datos, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau había suprimido 792 plazas de aparcamiento para coche y 569 de moto para ampliar terrazas. En una plaza de turismo caben dos mesas, y si son de motocicleta, cada mesa ocupa tres. El Gremio de Restauración celebra la medida y el consistorio defiende dar nuevos usos a las calzadas y liberar espacio en las aceras.

La actual eliminación de aparcamiento para ubicar mesas y sillas en calzada se suma a la que ya inició el gobierno de los comunes en el pasado mandato y que desde 2015 ha anulado 3.500 plazas para estacionar en la calle. Primero se duplicó la red de carriles bici y se crearon las supermanzanas del Poblenou o Sant Antoni. En este mandato, en coalición con el PSC, ha sido el afán por ganar espacio público en entornos escolares o a raíz del Covid-19 cuando se ha vuelto a apretar el acelerador en restar espacio a los coches.

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La ubicación de mesas en calzada, que se prolongará este año y en 2021, no se restringe al centro de la ciudad. Barrios como el Guinardó, el Camp de l’Arpa o el entorno de la Sagrada Família han perdido durante el último mes decenas de plazas de aparcamiento en superficie, tanto en zonas de residentes, azules para visitantes o de carga y descarga.

Hay tramos donde las pilonas amarillas o las llamadas vallas Jersey (grandes piezas de cemento) son casi continuas. Es el caso de la calle de Sant Quintí, en la acera de enfrente del hospital de Sant Pau. Hay bares que han ampliado las terrazas que ya tenían, otros la tienen nueva y alguno medio admite se arrepiente de no haberlo hecho: asegura que no pensaba que el resto lo pediría y reconsidera hacerlo.

Lamentan la falta de clientela, aunque admiten que esta semana y la pasada son “siempre las peores del año, porque todo el mundo está fuera”. Los dos frankfurts que hay en la calle han pedido ampliación. Los dos hacen esquina y se miran. El Sant Quintí ya tenía seis mesas de terraza en la acera y ha ampliado tres más en la calzada, explica Toni López, que celebra: “Más mesas es una ayuda”. El otro bar no tenía y ahora cuenta con dos mesas en la única plaza de aparcamiento que había en la esquina. “Las estrenamos hace dos días y hemos tenido gente los dos”, celebraba este miércoles Sílvia, que tuvo que desmontar las sombrillas porque el viento las tiraba al suelo.

Más hacia el Eixample, las solicitudes de los restauradores han eliminado el aparcamiento en algunos chaflanes, como en la esquina entre Lepant e Indústria, donde coinciden un restaurante japonés y un bar. Salpicado el barrio de vallas y pilonas amarillas, un poco más abajo aguarda el día 25 el bar Caracas, delante del mercado de la Sagrada Família. El local es mini, tiene 20 metros cuadrados, y la terraza le permitirá mantener la clientela robada por las restricciones, explica Diego Belmonte.

La teniente de alcalde de Urbanismo, Ecología y Movilidad, Janet Sanz, defiende “el uso del espacio público para cuestiones en las que gana más gente, como una actividad económica que lo estaba pasando mal”. Advierte de que algunas de estas terrazas en calzada “han venido para quedarse” y anuncia que permitirán mejorar los espacios a los restauradores que quieran invertir construyendo plataformas para ubicar las nuevas mesas.

Denegaciones en Ciutat Vella y Gràcia

El Gremio de Restauradores aplaude que el Ayuntamiento haya permitido la ampliación o implantación de 2.000 terrazas (5.500 mesas). “Ha sido la administración que ha tomado las medidas más útiles para un sector muy tocado”, afirma su director, Roger Pallarols.

Con todo, lamenta la lentitud en los trámites: se habló de 15 días y han tardado más. El consistorio recuerda que se recibieron 6.000 solicitudes y que se destinaron 72 personas a atenderlas. El Gremio critica además que se denieguen la mayoría de las solicitudes de ampliación en Gràcia y Ciutat Vella, donde la presión sobre el espacio público es mayor.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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