Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Cataluña, ¿menos que un club?

La mitificación del Barça choca con realidades que se ocultan: las élites catalanas, quizás como las de cualquier país del mundo, suelen ser hipócritas y contradictorias

Quim Torra y Josep Bartomeu conversan en el Camp Nou.
Quim Torra y Josep Bartomeu conversan en el Camp Nou.Getty

La Cataluña del procés, fase en la cual estamos todavía, sigue dando sorpresas, ninguna agradable. Ahora estamos entretenidos con el Barça y con Messi, que se va: una tragedia. En los países normales, los clubs son también normales. Por ejemplo, se fue Cristiano del Real Madrid, quizás algunos lo lamentaron, pero todo quedó ceñido a un asunto futbolístico, no hubo tuits del presidente del Gobierno (o del Rey) diciéndole que España seguiría siendo siempre su casa. Pero Messi es un símbolo nacional y su marcha es una tragedia.

El catalanismo sigue considerando que el Barça es una metáfora de Cataluña, un Barça triomfant es una Cataluña triomfant. Y, naturalmente, a la inversa: un Barça derrotat es una Cataluña derrotada. Una tontería, por supuesto: premisa falsa, conclusiones también. Pero esto viene de lejos, como mínimo del catalanismo de postguerra, de los años cuarenta, que se propuso recuperar los símbolos de la Cataluña ideal formulada por el catalanismo político y el noucentisme cultural.

Montserrat ejercía de Montaña Sagrada de la nación, el Romea era el ágora donde solo se programaba teatro en catalán, el Orfeó Català era la voz de tot un poble en el templo del Palau de la Música (más tarde profanado), la editorial Selecta publicaba la literatura catalana en diversos formatos, volvieron a celebrarse Jocs Florals... Y el Barça, pieza muy importante, era ya entonces més que un club. Estas eran cuando menos las intenciones de quienes accedieron a mediados de los años cuarenta a su junta directiva, la presidida por Agustín Montal padre. Después vinieron Kubala, el affaire Di Stéfano, el Camp Nou, don HH, Cruyff, etc.

Por entonces, antes de la Transición, en el imaginario catalanista de derechas y de izquierdas, el Barça era la representación de Cataluña, “el ejército desarmado de Cataluña”, como dijo en una frase desafortunada Vázquez Montalbán. Quizás contra Franco todo valía, pero que el Barça haya conservado esta condición de símbolo da mucha pena, cuando quizás Cataluña ya sea menos que un club...

Esta mitificación del Barça choca con realidades que se ocultan: las élites catalanas, quizás como las de cualquier país del mundo, suelen ser hipócritas y contradictorias. Hace unos tres meses, Sandro Rosell, antiguo presidente del Barça y notorio catalanista, dijo en una entrevista con Évole que si se celebrara un referéndum sobre la independencia de Cataluña votaría que sí, después volvería a su casa para esperar los resultados y si la independencia triunfaba, se iría de Cataluña, si fracasaba se quedaría. ¿Alguien puede entenderlo? ¿Hay muchos independentistas que piensan como Rosell? ¿Los que dicen querer la independencia se van a ir y aquí se quedarán los que no pueden irse? ¡Menuda pandilla de sinvergüenzas, con el daño que hacen y encima se van a largar! Como decía Julio Caro Baroja sobre el País Vasco de los años del terrorismo: “Lo que se necesita no son más policías sino sobre todo más psiquiatras, miles y miles y miles de psiquiatras...”.

Pero de Messi, ese símbolo, se ha sabido otra cosa interesante. Una cláusula de su contrato establecía que quedaba automáticamente rescindido si Cataluña se separaba de España. Caramba, caramba, el gran Messi, qué precavido. Y qué mentirosos los que conocían ese importante detalle, por supuesto los directivos del club, también por supuesto los líderes independentistas, que debieron conjurarse para ocultarlo. ¿Hasta dónde llegarán las mentiras nacionalistas sobre Cataluña? Hace ya décadas que las aguantamos, las mismas que la izquierda les perdona o sobre las que guarda un piadoso silencio. ¿Cuándo se acabará con esta gran farsa? No se han ido solo miles de empresas, sino que están dispuestos a irse, por miedo a la independencia, gentes como Rosell y Messi. ¿Se marcharán también Pilar Rahola, Jordi Basté y la plana mayor de TV3? Ya nada me extrañaría.

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Por último, el periódico de ayer nos informaba que en estos años de procés el gasto social se recortó en Cataluña un 8,8%, mientras que en el resto de España aumentó un promedio del 14,8%, o sea una diferencia de 23 puntos. Por cierto, además de Cataluña, solo el País Vasco disminuye en porcentaje de gasto. ¡Vaya con los nacionalistas, siempre tan de derechas! Que se avergüencen ERC, la CUP, Bildu, Podemos y Ada Colau.

Yo solo deseo que el Barça sea simplemente un club deportivo y Cataluña únicamente una comunidad autónoma. Soy muy ambicioso, basta de patrañas.


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