la crónica
Crónica
Texto informativo con interpretación

Cuando tu existencia es perimetral y tu vida, un estado de alarma

La pandemia deja un sinfín de palabras que hemos incorporado a nuestro día a día sin complejos

La calle Tallers de Barcelona, minutos despues del inicio del toque de queda.
La calle Tallers de Barcelona, minutos despues del inicio del toque de queda.Albert Garcia (EL PAÍS)

La vecina vuelve a limpiar los plátanos con lejía. No se fía de nadie. Solo de lo que dicen en la tele. Restaurantes y bares cerrados por la pandemia, mientras las colas se suceden frente al sitio de pollo rustido. No hay cines ni teatros, pero los niños se apretujan en la cola del columpio de la plaza. Son los mismos niños que solo se relacionan con su grupo burbuja. Al resto, ni olerlos. Los centros de depilación están cerrados para frenar la expansión del coronavirus, pero las peluquerías permanecen abiertas. No hay visitas a los abuelos. De día se vive en estado de alarma permanente y en confinamiento perimetral de fin de semana, cuando cae la noche se activa el toque de queda. El padre se hizo la primera PCR mientras la amiga de la niña de cinco años permanece, según sus propias palabras, confinada y en cuarentena. Pronto serán los propios niños los que se hagan la prueba de antígenos, antes de salir de casa y calzarse la mascarilla. Es la nueva normalidad y este es el lenguaje que nos deja el coronavirus.

¿Quién acuñó esa expresión? “Creo, por ejemplo, que la expresión nueva normalidad (una contradicción en los términos) ha influido para que mucha gente se crea que ya había pasado todo. Contribuyó al relajamiento general. La idea de que entrábamos en un nuevo estadio nos hizo creer que habíamos salido del otro. Habría sido mejor llamarlo fase cuatro”, explica el periodista Álex Grijelmo. La nueva normalidad llegó en marzo y desde entonces toda ha sido extremadamente anormal.

El actor Bruno Oro define así las palabras de moda: Estado de alarma: “como un ataque de ansiedad global” / Toque de queda: “para los que no hemos vivido una guerra, lo más parecido a eso”. / PCR: “las siglas de puta caca rabiosa… o algo más que una intromisión nasal”. Y reclama una nueva vacuna, la “EPAMQNA que son las siglas de este puto año de mierda que no acaba”. El catalán triunfa en las redes sociales reflexionando con humor sobre lo que nos sucede, después de ser obligado a suspender su obra de teatro en el Romea, con Clara Segura. “No tengo trabajo hasta abril. Así que me toca reinventarme”. El nuevo lenguaje que se maneja con la pandemia es uno de sus temas: “Es muy limitado, metáfora de nuestra existencia, que es perimetral. Pocas palabras, que las repiten hasta la saciedad, te crean un efecto obsesivo y paranoico en el cerebro hasta que al final tienes ganas de huir. La globalización de verdad ha llegado con la covid. Esas palabras son las mismas en todo mundo”, explica Oro.

El lenguaje es eminentemente bélico. “Nos evoca una guerra, sin duda. Las primeras semanas de la confinación inicial tuvieron como portavoces oficiales a jefes de la Guardia Civil y de la Policía, habituados a usar un léxico militar; y quizás eso influyó en todos los demás. Unos y otros nos hablaban de bajas, de enemigo poderoso, de la moral de la tropa, de economía de guerra, de los soldados que luchan contra el virus en los hospitales y que son héroes… La propia denominación del estado de alarma tiene un origen militar (”al arma"). A mí no me gustan esas metáforas, pero es comprensible que surjan a bote pronto en un lenguaje expresivo. De hecho, ya se decía a menudo que alguien lucha contra un cáncer, que lo ha vencido o que ha perdido la batalla contra la enfermedad… La metáfora del combate surge casi sin darnos cuenta", escribe Grijelmo.

La RAE contaba en abril que pandemia, cuarentena, confinar, resiliencia, epidemia, virus, triaje o cuidar fueran las palabras más buscadas ese mes. También se buscaron otras no presentes en el diccionario pero relacionadas con la actualidad como coronavirus, ERTE, videollamada, nasobuco y cuarentenar.

Seguramente la más repetida estas últimas semanas es toque de queda. Guillermo Altares escribió en EL PAÍS que la expresión nació en la Edad Media relacionada más con la protección de las ciudades frente a desastres naturales que para imponer el orden en las calles. Las expresiones española —toque de queda— y francesa —Couvre feu, “cubre fuego”, que los ingleses tradujeron fonéticamente del francés antiguo como Curfew— cuentan la misma historia desde dos ángulos diferentes. En España, la última vez que se impuso un toque de queda fue de forma ilegal: el general Milans Bosch lo decretó en Valencia mientras sacaba los tanques durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

“No es que no existieran antes, pero su uso se ha multiplicado. Con la divulgación empiezan usos “desviados” y festivos, por ejemplo, usar coronavirus para hablar de la monarquía”, afirma el lingüista José Antonio Millán. “Podía haberse hablado de la pandemia como una inundación, con crecidas, islas, diques, etc. Pero la metáfora bélica crea un estado de excepción mental: en la guerra, todo está permitido”. La realidad es que la lista de palabras pandémicas es enorme. Le pregunto a la persona que lleva desde el primer día enchufada al directo informativo de la pandemia, Jessica Mouzo, primero gallega y después periodista, cuál es su palabra favorita. No tarda ni un segundo en responder al WhatsApp mientras espera la enésima rueda de prensa de la Generalitat sobre la covid (que, por supuesto, empieza tarde para variar). Su palabra favorita es pangolín, “una preciosidad fonéticamente” y una posible fuente del coronavirus.

Sobre la firma

Ana Pantaleoni

Redactora jefa de EL PAÍS en Barcelona y responsable de la edición en catalán del diario. Ha escrito sobre salud, gastronomía, moda y tecnología y trabajó durante una década en el suplemento tecnológico Ciberpaís. Licenciada en Humanidades, máster de EL PAÍS, PDD en la escuela de negocios Iese y profesora de periodismo en la Pompeu Fabra.

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