opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El derecho al ocio educativo

Tras constatar el éxito de la experiencia en verano sabemos que es posible hacer compatible el ocio con las medidas higiénicas y sanitarias que la pandemia exige

Colonias de la Fundació Pere Tarrés este verano en Barcelona.
Colonias de la Fundació Pere Tarrés este verano en Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI

Por qué ahora no puedo jugar con mis amigas de P3?”, se preguntaba Keisy (7 años); “¿Por qué el esplai está cerrado si, como en la escuela, aprendemos muchas cosas?”, comentaba Vanesa (7 años); “Casi todos los parques son para niños pequeños, ¿Por qué no hacen parques para los jóvenes?”, cuestionaba Aina (11 años). Todas estas preguntas y muchas más ponen de relieve la opinión de los niños y jóvenes en el día en que celebramos el 31 aniversario de la aprobación de la Convención de los Derechos de la Infancia por parte de las Naciones Unidas. Una fecha significativa porque es el artículo 31 el que nos habla del derecho al juego y al ocio. Un derecho que desde hace semanas se ha visto muy afectado en Cataluña con el cierre de la mayoría de servicios y actividades que conforman el ocio educativo como las extraescolares o los centros de esplai y, de rebote, otras actividades como las colonias escolares o en familia.

Por suerte, ayer la Generalitat anunció un Plan de desescalada que parece que permitirá —si los indicadores siguen mejorando— la progresiva vuelta a la presencialidad de las actividades de ocio educativo. Pero al margen de los altibajos de las medidas que se vayan anunciando, hoy, 20 de noviembre, queremos recordar que el juego y el tiempo libre son un Derecho de la Infancia con mayúsculas.

Dice el pedagogo Francesco Tonucci que los aprendizajes más importantes de la vida se adquieren jugando. Es más, considera que el juego debería tener el mismo reconocimiento que el trabajo de los adultos. Añado que el ocio, además, aporta bienestar físico y emocional y eso, en un momento tan extraordinario como el actual, no se puede obviar de ninguna manera. Son más necesarios que nunca los espacios de calor, aquellos que acarician y refuerzan el cuidado y el vínculo afectivo. Espacios para oxigenarse, para correr y saltar, para reír y crear, para disfrutar y dejar a parte las angustias y los miedos. Porque los niños y niñas también tienen miedos y malestar.

Por todo ello decimos que los espacios de ocio son un bien esencial en la vida de los niños y las niñas. Naturalmente su seguridad y protección va por delante, eso nadie lo cuestiona, pero tras constatar el éxito de la experiencia en verano sabemos que sí es posible hacer compatible el ocio con las medidas higiénicas y sanitarias que la pandemia exige.

Por otra parte, ahora que empezamos a vislumbrar las terribles consecuencias sanitarias, sociales y económicas que nos deja esta pandemia, hay que recordar que la educación en el tiempo libre siempre ha sido y será un aliado contra las desigualdades de oportunidades entre niños y jóvenes. Afrontamos nuevos retos y desafíos que no se solucionan limitando (y cerrando) el acceso a los recursos que precisamente pueden ser parte de la solución. Si algo es incuestionable es que las entidades educativas de ocio hacemos comunidad y somos motor de ciudadanía activa y comprometida.

Hoy, en el día universal de los Derechos del Niño, reivindicamos el derecho al ocio en la vida de los niños y jóvenes. Las monitoras y los monitores estamos a la altura y velamos por todas las medidas de seguridad y protocolos y trabajamos para que los niños y niñas puedan disfrutar de su infancia y que su voz sea escuchada.

Carles Xifra es director de Innovación y contenidos de Fundesplai.


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