Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Esquerra, la eterna bisagra

Los republicanos pueden tener la llave de dos posibles gobiernos: independentista o de izquierdas. Las dudas sobre su política de alianzas expanden el nerviosismo

Pere Aragonès, en la segunda jornada del pleno del Parlament, este jueves.
Pere Aragonès, en la segunda jornada del pleno del Parlament, este jueves.Enric Fontcuberta (EFE)

Entre las viejas costumbres que se han perdido en Cataluña en los últimos 10 años figura una antaño muy apreciada, la de ordenar los resultados de los sondeos electorales en base al eje derecha-izquierda. Se echaba una ojeada al semicírculo con los quesitos de colores de tamaño proporcional a la previsión para cada partido y enseguida se captaba si los que sobrepasaban la mitad eran los de la derecha o los de la izquierda. Ahora no es así, ahora los gráficos se hacen sobre el eje independentista-no independentista. Lo de antes parece que no cuente.

No es así, claro está. El otro eje sigue importando. En el sondeo de octubre del CEO sobre intención de voto lo que salta a la vista es una mayoría independentista formada por tres partidos (ERC, JxCat y CUP). La suma de los tres da una horquilla de 72 a 75 escaños, superior a la mayoría absoluta, que está en 68. Continuidad asegurada, pues. Pero si los datos del sondeo se ordenan como se hacía antes de la subida de la fiebre independentista, es decir, en el eje izquierda-derecha, lo que el sondeo indica es una clara inclinación del electorado hacia la izquierda. La suma de las cuatro fuerzas políticas que se reclaman de la izquierda (ERC, PSC, Comunes y CUP) muestra una horquilla de 73 a 77 escaños. Lo que, por otra parte, vienen indicando otros sondeos desde hace más de un año.

No es fácil imaginar cómo podría cuajar una mayoría parlamentaria formada por estas izquierdas. Una mayoría que incluyera a los socialistas y a la CUP, por ejemplo, parece imposible, pues se trata de la misma CUP que en el Congreso de los Diputados descalifica un día sí y otro también al Gobierno de coalición del PSOE y Podemos presidido por Pedro Sánchez y a la frágil mayoría multipartidaria que lo invistió. La dificultad crece si a estas dos fuerzas hay que sumarles ERC y los Comunes de Ada Colau, los dos partidos que en 2019 fueron incapaces de negociar una mayoría en el Ayuntamiento de Barcelona.

La perspectiva de que las elecciones del 14 de febrero alumbren un Parlament con dos posibles mayorías diferentes es lo que provoca el nerviosismo que se ha apoderado de Junts per Catalunya. Esquerra Republicana se perfila como decisiva para inclinar la balanza poselectoral hacia una u otra opción a la hora de formar el nuevo gobierno. Será con mayoría independentista o con mayoría de izquierdas. Las dos a la vez no pueden ser. Si las matemáticas electorales son las que apuntan los sondeos, Oriol Junqueras y los suyos tendrán la llave de dos posibles gobiernos y deberán decidir qué puerta abren.

No sería la primera vez que esto sucede. Una situación de este tipo ya se dio en 2003, cuando las elecciones al Parlament dieron la posibilidad de formar una mayoría de izquierdas con 72 escaños, formada por PSC, ERC e ICV, y otra nacionalista, con 69 escaños, formada por CiU y ERC. La llave, que entonces estaba en manos de Josep-Lluís Carod-Rovira, abrió la puerta al Gobierno de Pasqual Maragall. Es la misma llave que ahora parece estar a punto de caer en manos de Oriol Junqueras.

Pero este no es el único antecedente histórico de ERC como partido bisagra. Las elecciones al Parlament de 1980, las primeras tras la dictadura, dieron también una posible mayoría de izquierdas, integrada por el PSC, el PSUC y ERC, y otra de centroderecha, con CiU, UCD y ERC. Dirigidos por Heribert Barrera, los republicanos escogieron entonces sumarse a la mayoría de derechas. Así empezaron los 23 años de pujolismo.

Por si todo esto fuera poco, Esquerra, la eterna bisagra, es también el partido que en junio de 2019 hizo caer al primer gobierno de Pedro Sánchez, a quien había apoyado en la moción de censura contra el conservador Mariano Rajoy, al negarle sus votos en el Congreso para aprobar los Presupuestos Generales de España. Pero es el mismo partido que poco después, en diciembre del mismo año, apoyó por segunda vez la investidura de Sánchez, en esa ocasión en alianza con Podemos.

El nerviosismo de Junts per Catalunya se extiende entre los socialistas y los Comunes, porque aquí todo el mundo sabe sumar y restar, pero de lo que nadie está seguro es de saber qué decidirá Esquerra Republicana cuando tenga la llave del gobierno en la mano. Junqueras escribió hace unos meses: “Continuaremos, por lo tanto, con la política de alianzas de los últimos años” (Tornarem a vèncer, página 69). Es decir, la misma que lleva toda la legislatura a la greña.

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