El urbanismo feminista llega al polígono

Barcelona mejorará el espacio urbano de zonas industriales para hacerlas más amables y facilitar la vida cotidiana

Desde la izquierda, Jennifer Jimenez, Ana Paricio y Lourdes Punter en la calle Caracas del barrio del Bon Pastor de Barcelona.
Desde la izquierda, Jennifer Jimenez, Ana Paricio y Lourdes Punter en la calle Caracas del barrio del Bon Pastor de Barcelona.Albert Garcia (EL PAÍS)

Que las ciudades no están pensadas para el trajín diario de mujeres, niños y mayores lo sabíamos. De ahí el llamado urbanismo feminista, que reclama que el espacio público sea amable para la vida cotidiana: empujar carritos de bebé, de la compra, moverse si se tiene una discapacidad, sentarse, que las farolas no iluminen solo la calzada…

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Todo esto, que las ciudades occidentales comienzan a hacer, es ciencia ficción en los polígonos industriales. Calles periféricas, mal comunicadas en transporte público, coches en las aceras, nadie caminando... y de noche ni te cuento. Todo ello acaba provocando que las mujeres se desplacen en coche para evitar el trayecto hasta el metro o el bus, que queden en la parada para caminar juntas o que no se vea a nadie en la calle porque lo único que se puede hacer es apoyarse en la pared.

En Barcelona, el Ayuntamiento creó una guía de urbanismo de género que, asegura, aplica en los nuevos proyectos o reurbanizaciones. Y ahora la idea es extenderlo a los polígonos, comenzando por los del Besòs, donde solo hay un 30% de mujeres, explicaron la semana pasada la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, y la concejal de Feminismos, Laura Pérez. El proyecto lleva el explícito (y polémico entre las interpeladas) título Poligoneras, justicia de género en los polígonos del Besòs.

”Aunque un polígono sea un polígono, el espacio se puede mejorar”

De la mano de técnicos de Barcelona Regional y del Plan de Barrios se han hecho talleres, observaciones y 12 “marchas exploratorias” (en toda la ciudad, con 270 mujeres, organizadas por el Col·lectiu Punt 6 y Equal Saree), dos de ellas con vecinas o trabajadoras de Bon Pastor, Torrent d’Estadella, Montsolís y Verneda. El resultado ha constatado falta de vida cotidiana, fachadas a una escala no humana, edificios sin uso, falta de diversidad de usos, pocos pasos de peatones, apenas accesibilidad, falta de zonas verdes, paradas de bus de poca calidad y solares vacíos.

Desde Barcelona Regional, la psicóloga urbana Ana Paricio explica que se ha utilizado la metodología del Manual de Urbanismo de la Vida Cotidiana. Se observan cinco indicadores: cómo son las fachadas (usos de los edificios, si tienen ventanas, si hay comercio…), las calles (pasos de peatones, pavimento, accesibilidad, buses o metro), los elementos urbanos (iluminación, bancos, sombra, paradas de bus, baños públicos), el entorno (puentes, porches, ruido, limpieza, sensación de seguridad o inseguridad) y qué personas se mueven por el espacio (edades, tareas de cuidados, discapacitados, orígenes).

“En la calle de Caracas el suelo era de tierra. Ir al metro daba miedo”

“Evaluamos si el espacio físico facilita el desarrollo de la vida cotidiana porque, aunque un polígono sea un polígono, el espacio se puede mejorar desde una mirada transversal: crear espacios de estancia para comer a mediodía, mejorar las aceras, la accesibilidad, la conexión con los barrios que están cerca, procurar que se instale actividad en los bajos, sombra en tramos largos de paso…”, explica Paricio.

En las marchas participó Lourdes Punter, vecina del Bon Pastor. “En la calle de Caracas era imposible ir con sillitas, el suelo era de tierra, el camino a la parada de metro de La Verneda da miedo… en las marchas me di cuenta de lo poco que se piensa en lo cotidiano y la poca voz que tenemos las mujeres”, relata. Y explica que los vecinos de Bon Pastor van a la biblioteca o al centro cívico de Baró de Viver y los de Baró de Viver, al médico o a los cajeros de Bon Pastor.

Punter y Jennifer Jiménez, también vecina y amiga, aplauden las mejoras hechas en la calle de Caracas, aunque explican que han aguantado el chaparrón de críticas porque hay un carril menos de circulación. “Ya no hay tierra ni socavones en las aceras, la iluminación ha mejorado y han puesto más paradas; antes solo había una y a la gente le daba miedo”. Pero lanzan un reproche: “Es una pena que con el paro que tenemos no haya faena para la gente del barrio en estos polígonos”. Y piden “que las mejoras no se queden aquí”.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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