Las ganas de pedalear pueden con la valla

Centenares de ciclistas entran en el parque fluvial del Besòs antes de las 10 de la mañana, cuando todavía está cerrado

Un grupo de ciclistas saltan la valla de acceso al parque fluvial del Besòs para entrar a pedalear antes de su apertura
Un grupo de ciclistas saltan la valla de acceso al parque fluvial del Besòs para entrar a pedalear antes de su aperturaJoan Sanchez (EL PAÍS)

En la parte superior de la imagen, un cartel luminoso indica que el horario del parque es de 10.00 a 18.00. En la parte inferior, grupos de ciclistas saltan una de la veintena de vallas que dan acceso al parque fluvial del Besòs. Es fin de semana, las ocho y pico de la mañana, hace rato que es de día, y las ganas de pedalear río arriba pueden con el horario oficial. “Se piensan que vendremos a hacer deporte a la hora del vermú”, bromean los ciclistas cuando se les pregunta por el horario. Pedalean sobre bicis de ciudad, de montaña, de carretera. La cuestión es mover el esqueleto.

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El horario del parque no es una novedad, solo en verano abre las vallas a las ocho de la mañana. Lo que es una novedad es la pandemia de coronavirus, el confinamiento municipal de la segunda ola y las ganas de salir a quemar piernas todos los fines de semana. De hecho, el parque, rodeado de barrios densamente poblados, fue de los primeros que abrieron tras el estado de alarma decretado la primavera pasada.

El parque fluvial del Besòs es un estupendo espacio antes de la desembocadura del río, que discurre entre los términos municipales de Barcelona, por un lado; y de Montcada i Reixac, Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià, por el otro. La zona acondicionada tiene más de cuatro hectáreas a lo largo de cinco kilómetros. Las puertas más concurridas son las del lado norte. Además de ciclistas, desde buena mañana también hay corredores, caminantes y vecinos que pasean sus mascotas, que pueden correr por los parterres de césped. A mediodía, a menudo acude al césped un peculiar grupo de jóvenes que juegan —aunque sus escobas no vuelan— al quidditch, el deporte que practican los protagonistas de las historias de Harry Potter.

El conjunto el parque discurre a lo largo de los últimos nueve kilómetros del cauce del río y tiene 115 hectáreas de superficie. La zona de uso público es más reducida: comienza en el puente de la Pota Nord de Santa Coloma y acaba en el del Ferrocarril de Sant Adrià, cinco kilómetros de cauce y 22 hectáreas a las que se accede por rampas o escaleras.

La gestión del parque corresponde a la Diputación de Barcelona, a través del área de parques y espacios naturales. Fuentes del organismo supramunicipal señalan que el horario siempre ha sido el mismo y recuerdan que, aunque tenga la denominación de parque, es un enclave especial, porque está en el lecho del río y flanqueado por muros de cuatro metros. “No es un parque normal”, insisten.

En realidad, precisan las mismas fuentes, es dominio público hidráulico y titularidad de la Agencia Catalana del Agua, y lo gestiona desde el año 2000 la Diputación a través de un convenio que fija un uso público muy controlado, en cuestiones como el horario o las condiciones de seguridad. Por ejemplo, es un parque donde no hay mobiliario urbano, porque el río puede crecer, que no está abierto cuando es de noche, y donde sí hay un sistema de alerta hidrológica para desalojarlo si es necesario. Quienes saltan la valla deben saber, además, que fuera del horario no tienen cobertura del seguro de responsabilidad civil.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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