La velocidad de transmisión del virus se contiene en Cataluña pero persiste la presión asistencial

Más de 1.500 personas permanecen hospitalizadas, 386 de ellas en cuidados intensivos

Decenas de personas cruzan el paso de peatones en el centro de Barcelona
Decenas de personas cruzan el paso de peatones en el centro de BarcelonaAlbert Garcia

Vuelve la calma tensa a Cataluña. Después de varias semanas con la curva epidémica en descenso tras superar el pico de la segunda ola, la comunidad había entrado en una espiral ascendente en los últimos días: la velocidad de transmisión del virus (la Rt, que mide a cuántas personas contagia, de media, un positivo) viraba el timón y empezaba a subir hasta rozar el 1, el umbral que marcan las autoridades sanitarias para mantener a raya la pandemia. Este incremento, de hecho, provocó un freno en el plan de desescalada del Govern, que preveía iniciar ayer una nueva fase de reapertura con más aforo en la restauración, el comercio y la cultura. En los últimos tres días, sin embargo, la velocidad de expansión del virus está contenida y se sitúa este martes en 0,98. El Ejecutivo catalán dijo ayer que la situación epidémica está “estabilizada”, pero contiene el aliento hasta conocer, en los próximos días, el impacto que tendrá en la curva la reapertura de la restauración iniciada hace dos semanas.

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“Tenemos una situación asistencial con bastante presión. No podemos tener mucho margen de actuación si sube el número de casos como subió al inicio de esta segunda ola”, admitió ayer el coordinador de la Unidad de Seguimiento de la covid-19, Jacobo Mendioroz. Después de una ligera subida en la cifra de ingresos ayer, este martes ha vuelto a bajar. Pero la presión asistencial persiste y la ocupación sigue siendo muy elevada: hay 1.574 personas hospitalizadas, 16 menos que ayer. En las unidades de cuidados intensivos permanecen 386 enfermos críticos.

Aunque el Govern insiste en que la situación está estable ahora mismo, la curva epidémica sigue en niveles muy elevados. La incidencia acumulada en 14 días se encuentra en 214 casos por 100.000 habitantes, todavía muy lejos del umbral que marca la comunidad científica para salir de la zona de riesgo epidémico (menos de 50 casos por 100.000 habitantes). De hecho, el riesgo de rebrote, el indicador que usa la Generalitat para medir el crecimiento potencial de la epidemia en la comunidad, está en 196, una cifra que no se alcanzaba desde finales de septiembre, pero que todavía supone un riesgo de rebrote “muy alto”.

Con el escenario actual, el Govern mantiene su rechazo a flexibilizar las restricciones sociales. Solo durante las fiestas de Navidad relajará el toque de queda y la permisividad con los encuentros sociales, independientemente de la situación epidemiológica. Pero más allá de eso, el Ejecutivo catalán se opone a relajar las medidas, como piden algunos sectores culturales o comerciales. Los responsables del Liceu de Barcelona, por ejemplo, son de los más combativos en este sentido e incluso han anulado funciones de La Traviata asegurando que con un aforo reducido de 500 personas, la actividad cultural del teatro es inviable económicamente. Las patronales de los centros comerciales también han denunciado el agravio comparativo que supone permitir abrir todos los establecimientos comerciales excepto los que están dentro de los centros comerciales. El secretario general del Departamento de Salud, Marc Ramentol, sorteó ayer las presiones y fió cualquier cambio a la evolución de los indicadores epidemiológicos en los próximos días.

Cataluña ha pasado el fin de semana del Puente de la Constitución con un confinamiento perimetral que impedía salir del municipio de residencia. Pero muchas personas adelantaron el inicio del puente al pasado jueves para sortear la prohibición —las salidas de Barcelona subieron un 5% con respecto al jueves anterior—. Además, con el frenazo en el plan de desescalada, esta semana se mantienen las mismas restricciones de aforo en las tiendas y los bares, lo que ha provocado colas y aglomeraciones en las zonas comerciales del centro de Barcelona. El Govern ha insistido en la necesidad de evitar las interacciones sociales y reducir la movilidad, que previsiblemente crecerá en cuanto empiecen los festivos navideños. El Ejecutivo catalán teme una tercera ola a partir de enero.

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Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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