Picasso, copista de Velázquez

Barcelona expone 19 cuadernos con 1.300 dibujos del malagueño y algunas de las obras que lo inspiraron en su etapa de juventud

'Retrato de Felipe IV anciano", pintado por Velázquez hacia 1653 y, a la derecha, la copia que hizo Picasso, con 16 años, en 1897.
'Retrato de Felipe IV anciano", pintado por Velázquez hacia 1653 y, a la derecha, la copia que hizo Picasso, con 16 años, en 1897.JUAN BARBOSA (EL PAÍS)

Picasso lo guardaba todo: recibos de la compra de pigmentos, pinceles y comida; billetes de tren o de tartana; cuentas de restaurantes y posadas, además de facturas y recibos de todo tipo que han permitido a sus estudiosos saber dónde estaba o que hizo en un día concreto. ¿Cómo no iba a conservar entonces los cuadernos en los que tomó apuntes y bocetos desde que comenzó a pintar, apenas un niño, hasta su época de madurez? En 1907 llegó a escribir “Je suis le cahier” (Yo soy el cuaderno), en uno de los siete carnés con dibujos previos que hizo para Les Demoiselles d’Avignon, mostrando la importancia que concedía a ese laboratorio de ideas que fueron sus cuadernos. Se conocen casi 200 realizados entre 1894 y 1970 de los que no se desprendió nunca, ya que los consideraba como algo íntimo y secreto.

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El Museo Picasso de Barcelona conserva 19 de los que 17 proceden de la donación realizada por el artista en 1970 a la ciudad de Barcelona pertenecientes al periodo de infancia y juventud. Los otros dos son adquisiciones posteriores: el Carnet català, en 2000, y el Carnet de La tauromaquia, en 2018. Todos suman 1.300 dibujos.

Para conmemorar los 50 años de esta donación de casi 2.000 obras: 236 pinturas, 1.149 dibujos, cuatro libros de texto con dibujos marginales, dos grabados, 47 obras de otros pintores y los 17 carnés; el Museo Picasso expone (hasta el 4 de abril) todos sus cuadernos. Y lo hace junto a algunos de los trabajos finales que se nutrieron de estos dibujos y enfrentándolos con obras que Picasso reprodujo en ellos. Como los retratos de Felipe IV y el bufón Calabacillas de Velázquez, de los que tomó nota e, incluso, copió durante las visitas que realizó al Museo del Prado en 1897, con apenas 16 años, en los meses en los que estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. “Las dos obras juntas ganan, la de Picasso es más oscura porque la copió antes de la restauración que se le hizo a la de Velázquez hace 20 años”, comenta el director del museo, Emmanuel Guigon, contento de celebrar “el acto de generosidad que tuvo Picasso regalando en 1970 sus obras a los barceloneses”.

Una de las imágenes del cuaderno de Picasso pintado en Paris en 1900, en la exposición que se ha inaugurado con 19 carnés del pintor en su museo de Barcelona.
Una de las imágenes del cuaderno de Picasso pintado en Paris en 1900, en la exposición que se ha inaugurado con 19 carnés del pintor en su museo de Barcelona.JUAN BARBOSA (EL PAÍS)

Picasso, no solo copió y se inspiró en Velázquez durante su estancia en Madrid. “Es curioso que solo pidió permiso para copiar el retrato de Felipe IV, pero no hizo apuntes de este pintor en sus cuadernos, y sí de Goya y sus Caprichos y La tauromaquia”, según la comisaria de la muestra y conservadora de pintura, escultura y cerámica del museo Malén Gual.

Los cuadernos de Picasso presentan diversas medidas y formatos, pero en todos se puede comprobar el modo en el que trabajaba. “Son dibujos tratados con precisión y detalle a pesar de la inmediatez, que proyectan la energía y la espontaneidad que caracterizan toda su obra y desprenden una constelación de temas: retratos, paisajes, temas religiosos e históricos, copias y estudios anatómicos, sobre todo de manos; quizá siguiendo el consejo de su padre de que ‘en la mano se ve la mano del pintor’. Son una especie de diario íntimo en el que Picasso investiga y experimenta para solucionar problemas durante el proceso creativo”, explica Gual, junto a los cuadernos de 1895 y 1895, de su etapa de alumno de La Llotja de Barcelona, expuestos en una sala presidida por dos enormes yesos de la Venus de Milo y la Venus de Médicis, que por esos años estaban en esas aulas.

Los cuadernos se exponen abiertos por una de sus páginas en vitrinas, pero al lado, en una Tablet van pasando una a una. “Se necesitan tres horas para verlos todos”, explica Gual. Cuando la pandemia lo permita se podrán pasar de forma manual a ampliar la imagen para ver los detalles.

El Cuaderno de Gósol, conocido como 'carnet català' pintado por Picasso entre mayo y julio de 1906.
El Cuaderno de Gósol, conocido como 'carnet català' pintado por Picasso entre mayo y julio de 1906.JUAN BARBOSA (EL PAÍS)

Tras los cuadernos realizados en 1898 en Horta de Sant Joan (Tarragona), también pueden verse los dibujos que hizo en la mítica taberna de Els Quatre Gats en 1900, además de escenas urbanas, que recoge la influencia de París, tras su primer viaje a la capital francesa. “Es un delicioso reportaje del movimiento, colorido y diversidad de la calle que denota la facilidad de Picasso de captar el momento”, prosigue Gual.

El llamado Carnet català, realizado en Gósol (Lleida), de 1906, con retratos de su compañera Fernande Olivier, inspirados, como se puede ver en la talla románica de la Virgen de Gósol, prestada por el MNAC, es la penúltima parada de la exposición que se cierra con el cuaderno que Picasso regaló en 1957 al editor Gustau Gili, con escenas y textos de La Tauromaquia de Pepe Illo, relacionado con el libro que se publicó en 1959 del mismo título.

Sobre la firma

José Ángel Montañés

Redactor de Cultura de EL PAÍS en Cataluña, donde hace el seguimiento de los temas de Arte y Patrimonio. Es licenciado en Prehistoria e Historia Antigua y diplomado en Restauración de Bienes Culturales y autor de libros como 'El niño secreto de los Dalí', publicado en 2020.

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