El independentismo afronta la campaña del 14-F en su momento de mayor división

Las encuestas pronostican la victoria de Esquerra, pero Junts exprime el ‘factor Puigdemont’ para intentar el vuelco electoral

Laura Borràs (centro), durante el acto de presentación de los cabezas de lista del partido para las elecciones catalanas del 14F, el pasado martes,
Laura Borràs (centro), durante el acto de presentación de los cabezas de lista del partido para las elecciones catalanas del 14F, el pasado martes,Enric Fontcuberta (EFE)

El independentismo catalán concurre a las elecciones autonómicas previstas para el 14 de febrero en su momento de máxima división a causa de las diferencias estratégicas mostradas de manera reiterada desde la proclamación fallida de la independencia en 2017. ERC aparece en todas las encuestas como el partido ganador, pero Junts per Catalunya está dispuesto a jugar todas las cartas necesarias para seguir siendo la opción mayoritaria, incluidas las descalificaciones públicas a la apuesta negociadora del partido de Oriol Junqueras.

ERC ganó las dos últimas elecciones generales en Cataluña y fue la fuerza más votada en las municipales en Barcelona, aunque Ada Colau retuvo la alcaldía. La asignatura pendiente de los republicanos sigue siendo la Generalitat y ahora están convencidos de que lo lograrán. De ser así, queda por ver si reeditarán el pacto independentista con Junts, como ya han anunciado, o el tripartito con Catalunya en Comú-Podem y el PSC, algo que niega ERC a diario y que desde Junts se utiliza como argumento para descalificarlos.

El resultado se presenta más incierto que nunca, con menos margen que hace tres años para Junts, que entonces prometió el regreso de Carles Puigdemont en nombre del “legitimismo”. El expresidente sigue huido de la justicia en Bélgica mientras que Junqueras pasará su cuarta Navidad en la cárcel, pero la carta Puigdemont sigue siendo muy preciada por una parte del electorado independentista que suscribe la apuesta de “confrontación inteligente” del expresident. De ahí el golpe de efecto de este miércoles al anunciarse que Puigdemont será el cabeza de lista al Parlament a sabiendas de que no regresará a España —sería inmediatamente detenido— ni tomará posesión de su escaño porque es eurodiputado y no renunciará.

A los republicanos se les está haciendo muy larga la cuenta atrás electoral y temen que el tiempo juegue en su contra, como indica el último sondeo del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, que les otorga 35 escaños frente a los entre 30 y 32 escaños de Junts. Hace poco más de un mes la encuesta preveía 36 o 37 parlamentarios para ERC y de 28 a 30 para la lista de Puigdemont.

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El politólogo Lluís Orriols entiende que la lucha por la hegemonía independentista no se despejará el 14 de febrero. “Esquerra intenta desde 2017 un proyecto a largo plazo, post-procés, mientras que Junts solo pretende sobrevivir y juega al golpe de efecto, como el anuncio de Puigdemont”, asegura. La promesa de regresar —incumplida— que hizo el expresident en la campaña electoral de hace tres años tuvo una carga emocional muy fuerte en el electorado de ERC, añade Orriols, “pero ahora se ha desvanecido y será difícil mantenerlo”.

Seguramente eso explica que Junts no deje pasar la ocasión de cargar contra ERC por apoyar los Presupuestos Generales del Estado o adoptar cualquier otra medida para facilitar la gobernabilidad de España. Con todo, en Cataluña siguen siendo socios en el Govern y se han conjurado para llegar juntos hasta las elecciones, aunque durante la pandemia han aflorado públicamente las diferencias entre ambos, hasta el punto de que los miembros del Govern de ERC se levantaron de una reunión en la que se estaban discutiendo las medidas por aprobar.

Junqueras es la voz menos moderada de los republicanos y no deja pasar entrevista desde la cárcel de Lledoners para cargar contra la estrategia de Junts. “Se equivocan de adversario”, repite una y otra vez el presidente de ERC, condenado a 13 años de cárcel por sedición y malversación de fondos.

En medio de este enfrentamiento entre las dos fuerzas mayoritarias está por ver el resultado que logra la CUP y a cuál de las dos perjudica más. La última encuesta del CEO otorga a los anticapitalistas entre ocho y nueve escaños, el doble de los que tienen. La elección de una cabeza de lista, Dolors Sabater, con un perfil que linda con los comunes, puede elevar sus expectativas.

Y la otra incógnita es el resultado que logrará el PDeCAT, liderado por la exconsejera Àngels Chacón y que es la lista que apoya con la boca pequeña Artur Mas. El CEO le otorga un escaño en el mejor de los casos.

Carles Fernández, consultor de comunicación y jefe de prensa de vicepresidencia con el Gobierno de Mas, insiste en que “el independentismo no es monolítico” y cree que “la radicalización perderá fuelle a favor de opciones más transversales”. Su vaticinio es que el 15 de febrero el secesionismo seguirá rondando el 50%.


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