Unos polizones en los Premios Gaudí

‘Les dues nits d’ahir’, el proyecto de fin de grado de cuatro estudiantes de la UPF, se cuela entre las cuatro candidatas a mejor película en catalán

Los protagonistas, en una escena de la película.
Los protagonistas, en una escena de la película.

Entre los cuatro títulos que este domingo se disputarán el Premio Gaudí a la mejor película en catalán en la gala que organiza la Academia del Cine Catalán, La vampira de Barcelona (de Lluís Danés), L’ofrena (de Ventura Durall), La dona il·legal (de Ramon Térmens) y Les dues nits d’ahir (de Gerard Vidal y Pau Cruanyes), esta última podría ser algo así como un polizón. O un órdago. O una extraña. Es diferente, rompedora, casi documental y descarada. Pero lo más sorprendente es que se trata del proyecto de final de grado de cuatro compañeros de la Pompeu Fabra, Gerard Vidal y Pau Cruanyes, que la codirigen, e Ignasi Àvila y Eudald Valdi (que firman el guion con los dos anteriores). “Hay otros casos parecidos, como Júlia Ist</CF>, Yo la busco u Ojos negros, que también salieron de la UPF”, especifica Gerard Vidal. La película, estrenada el viernes pasado, se ha situado entre las 20 más vistas en España, se llevó la biznaga de plata a la mejor dirección y al mejor actor en el Festival de Málaga y el premio del jurado al mejor largometraje de ficción en el Festival de Lleida.

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Cuenta la historia, en formato road movie, de dos chicos y una chica que emprenden un viaje en coche para echar al mar las cenizas de un amigo muerto, después de colarse en su casa y robarlas. Colapsada de primerísimos planos, llena de imprevistos de viaje y de desfases acordes con los 20 años de los personajes, la película pone sobre la mesa un tema trascendente: “La pérdida y la aceptación de esta pérdida”, dice Vidal. Es una ficción pero tan cercana que podría parecer basada en hechos reales. Sin embargo, no lo está: “Está basada en sentimientos reales”, aclara Cruanyes. Él mejor que nadie puede expresar esos sentimientos: “Antes de cumplir los 18 años un amigo del instituto murió de manera inesperada”, explica el director. “Eso es algo que a los amigos se nos queda dentro y no dejamos de arrastrarlo”.

“Èric, Ona y Marcel, los protagonistas, están en esos momentos en los que no sienten el dolor que, obviamente, llegará”, explica Cruanyes. “No saben lo que se les viene encima. Buscan evasivas para no hablar del tema. No quieren que haya pasado. Para ellos esa muerte no es real. Lo que pasa en realidad es que estamos educados para afrontar la muerte de nuestros abuelos, no la de nuestros amigos”, razona el también guionista. A pesar de bucear de forma cruda, a menudo, en estos sentimientos, la película está llena de momentos de humor. “Los que hay en cualquier vivencia, por muy dura que sea”, dice Cruanyes.

Los directores fueron conscientes desde el principio que no iba a ser un proceso de producción al uso. “No es de aquellos en los que hay un guion, un rodaje y te olvidas”, explica Vidal, autor, también, de la banda sonora. “Teníamos una escaleta abierta a improvisaciones y a reescrituras y muchos ensayos en los que los actores también dirían la suya”. Por eso la elección de los protagonistas era clave. “Hicimos castings a tríos porque teníamos claro que los protas serían tres”. Enseguida dieron con Judit Cortina, con quien Vidal había coincidido en Els malnascuts, el laboratorio de creación joven de la Sala Beckett, con Arnau Comas (que también pasó por una edición de ese laboratorio) y Oriol Llobet. “Algunas escenas estaban abiertas a la improvisación de los actores y funcionaron de maravilla”, reconoce Vidal. Muchas imágenes de fiesta, de borrachera, de vida dentro de un coche (por lo menos, era un coche familiar) se rodaron casi como un documental: si había fiesta, había alcohol y si había alcohol... “era normal que alguien vomitara”, dice Vidal.

“La película está basada en sentimientos reales”, dice Cruanyes

El rodaje se realizó en tres etapas entre 2018 y 2019. “La tuvimos lista el día antes del estado de alarma, el 13 de marzo de 2020, en el festival de Málaga”, recuerda Cruanyes. Convertir el proyecto en una película no ha sido fácil. Recaudaron unos 9.000 euros con un verkami y cada uno puso lo que pudo. Alcanzaron unos 12.000 euros. Benecé apostó por ellos: “Leí el guion, me gustó y nos tiramos a la piscina”, comenta Xavier Atance, director de esta productora. “Creo que es obligación de cualquier productor apostar por el talento de las nuevas generaciones”. Benecé aportó material y experiencia: “Pero el contenido y la apuesta era de ellos, por supuesto”. “Creo que las limitaciones han hecho que la peli sea auténtica, sincera, fresca”, dice Vidal. Con esa frescura asistirán el domingo a la gala los cuatro autores: “Sobrepasados, orgullosos, flipando. Llegar hasta aquí es una pasada”, admite Cruanyes.

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