¿Qué hace una joven desnuda en el museo Marès?

Galerías de Arte de Cataluña instala tres obras de arte moderno y contemporáneo entre las piezas reunidas por el coleccionista

La fotografía de Marta Fàbregas de la joven filipina que puede verse en la exposición 'Invitados y anfitriones' de la Sala Femenina del Museo Marès de Barcelona.
La fotografía de Marta Fàbregas de la joven filipina que puede verse en la exposición 'Invitados y anfitriones' de la Sala Femenina del Museo Marès de Barcelona.Joan Sanchez

No hay nada como poner un elemento disonante, que rompe la unidad de un lugar, para disparar todos los sentidos del que lo ve que intenta comprender qué está pasando y qué hace allí. Es lo que han hecho los responsables del Museo Frederic Marès y de las Galerías de Arte de Cataluña (GAC) al introducir en las salas del museo que atesora las obras y piezas que en 1944 dio Marès a Barcelona, dos pinturas y una fotografía que, de entrada, el visitante no espera encontrar. El resultado es la exposición Convidados y anfitriones (hasta el 20 de junio) en las que estas tres piezas intrusas, provenientes de tres galerías de arte, entablan un inesperado diálogo con las obras que las acogen y todas acaban teniendo una nueva lectura.

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Una de las salas más íntimas del museo Marès es la llamada Sala Femenina en la que se han reunido varias colecciones relacionadas con el universo de la mujer, sobre todo de la burguesa del siglo XIX, en la que pueden verse vestidos, bolsos, abanicos, adornos y complementos de todo tipo. En medio de este universo íntimo llama la atención la imagen de una joven semidesnuda que mira a los ojos del visitante. Se trata de una apayao filipina, quizá contemporánea a las mujeres burguesas que vistieron estos elementos, aunque separadas a miles de kilómetros de distancia una de otras.

La imagen es una de las realizadas por Marta Fàbregas proveniente de la galería barcelonesa Pigment Gallery y forma parte de la serie Colonizadas en las que la artista busca viejas fotografías de finales del siglo XIX y comienzos del XX de todo el mundo en las que las mujeres han sufrido algún tipo de represión. Y luego las manipula y amplía creando unos collages que generan una nueva imagen, que en este caso se ha apoderado de todas las miradas en esta sala.

La pintura de Santiago Rusiñol 'Enric Clarasó en su taller', procedente de la galeria Gothsland de Barcelona, junto al busto del emperador, en el museo Marès de Barcelona.
La pintura de Santiago Rusiñol 'Enric Clarasó en su taller', procedente de la galeria Gothsland de Barcelona, junto al busto del emperador, en el museo Marès de Barcelona.Joan Sanchez

La provocadora joven es la tercera de las imágenes seleccionadas por la comisaria de la muestra, la periodista y crítica de arte Montse Frisach, que ha aceptado el reto de conseguir que las nuevas piezas dialoguen e interroguen, durante tres meses, a las que llevan años llenado estas salas. Para llevar a cabo la selección Frisac ha trabajado con el fondo de las 40 galerías que forman parte de la GAC y visitado a conciencia las salas del museo. La comisaria ha escogido estas tres por cumplir tres objetivos: “Que fuesen buenas piezas, que mostrasen una diversidad de estilos y de épocas y que tuvieran variedad territorial”, explica.

La primera obra que se encuentra el visitante del museo es una obra de Santiago Rusiñol, Enric Clarasó en su taller, procedente de la galería Gothsland en la que se ve a este escultor modelando una de sus esculturas en el que fue el primer Cau Ferrat, situado en el número 38, actual 24, de la calle Muntaner, según ha podido determinar el galerista Gabriel Pinós. Esta enorme pintura dialoga con esculturas del mundo antiguo, entre las que destaca un retrato de Augusto del siglo I procedente de Tarraco, el único encontrado de este emperador en Cataluña. Marès y Rusiñol, dos grandes coleccionistas catalanes, se unen en este primer encuentro.

'El Ángel' de Gregorio Iglesias, de la galería Espai Cavallers de Lleida, acompaña a la escultura renacentista 'San Miguel venciendo al demonio' en el Museo Marès.
'El Ángel' de Gregorio Iglesias, de la galería Espai Cavallers de Lleida, acompaña a la escultura renacentista 'San Miguel venciendo al demonio' en el Museo Marès. Joan Sanchez

La segunda de las obras invitada es una pintura de Gregorio Iglesias, El Ángel, que dialoga con la enorme escultura San Miguel venciendo al demonio en la que el bien vence al dragón del Apocalipsis, creada a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, en un momento en el que también se puede interpretar como el triunfo de la iglesia católica contra la herejía protestante. El ángel de la pintura de Iglesias, procedente de la galería Espai Cavallers de Lleida, es mucho más compasivo y menos violento e, incluso, acompaña a las almas que se encuentran entre la vida y la muerte. El trabajo de Frisach ha conseguido que por primera vez una obra de Iglesias entre en un museo catalán, ya que solo se habían visto en exposiciones de fundaciones como la Vila Casas y la Sorigué.

Convidados y anfitriones se complementa con tres debates por parte de expertos de diferentes disciplinas, así como con un ciclo de tres lecturas de artistas contemporáneos sobre la colección del museo a cargo del escultor Tom Carr, la ceramista Madola —alias de Maria Àngels Domingo— y la pintora Alicia Marsans. Como clausura, se celebrará un debate con anticuarios, coleccionistas y galeristas, moderado por Artur Ramon.

Sobre la firma

José Ángel Montañés

Redactor de Cultura de EL PAÍS en Cataluña, donde hace el seguimiento de los temas de Arte y Patrimonio. Es licenciado en Prehistoria e Historia Antigua y diplomado en Restauración de Bienes Culturales y autor de libros como 'El niño secreto de los Dalí', publicado en 2020.

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