Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La vigencia del 15-M en su décimo aniversario

El movimiento es una gran impugnación de lo que hay y un gran desafío poder conseguir aquello a lo que se aspira. El intento de hacer real una gran utopía escrita en el presente y a lo largo de la historia

Una de las asamblea de los acampados en la plaza de Catalunya de Barcelona, en mayo de 2011.
Una de las asamblea de los acampados en la plaza de Catalunya de Barcelona, en mayo de 2011.JOAN SÁNCHEZ

¿Tiene algún interés hablar del 15-M a sus 10 años? Habrá quien considerará que es algo del pasado que ya no tiene ninguna relevancia para el presente. Habrá quien no le quería dar ninguna importancia en 2011 y tampoco ahora. Habrá quien no sabrá de qué estamos hablando. Una movilización que se asoció a personas jóvenes encuentra que quien es joven en 2021 puede tener muy pocos recuerdos de lo ocurrido hace 10 años y lo que ha venido después no lo vincula con el 15-M…

Pero el 15-M continúa teniendo diferentes vigencias. La vigencia de quien continúa pensando lo mismo que pensaba hace 10 años y que continúa trabajando por una “democracia real ya”, uno de los eslóganes que entonces se veía en tantas pancartas. Quien continúa pensado que no podemos ser mercancía en manos de empresarios y político. Quien continúa pensado que necesitamos hacer política de otra manera, con gran atención a lo ético…

Algo que dificulta el interés por valorarlo es su identificación con proyectos que entraron en la política institucional

Cuando se cumplía un año una consulta periodística me planteaba: “Ya no queda nada, ¿verdad? Ya no están en las plazas”. No, no estaban en las plazas. Pero la continuidad del 15-M se podía encontrar en otros lugares, en otras prácticas, en ideas que estaban circulando de los márgenes al centro. Por ejemplo, la gran mayoría de la población compartía malestares, reivindicaciones y propuestas como las de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). El gran interés por el 15-M decayó rápidamente después de los primeros meses, de los resultados electorales. En las elecciones de 2014, diferentes proyectos políticos surgidos del impulso del 15-M llegaron a gobernar diferentes ciudades. Barcelona en Comú resistió tras las elecciones de 2019. Y Unidas Podemos llegaba al Gobierno español. En cada convocatoria electoral hay quien continúa apelando al 15-M, buscando identificarse con lo positivo que puede significar. Lo hacía, por ejemplo, ERC en las municipales del 2019 o el PSOE en estas elecciones a la Comunidad de Madrid. No importa que el 15-M surgiera como respuesta, entre otras cosas, a las políticas del Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

Más allá de lo que piensen unas personas u otras, necesitamos analizar lo que fue y, especialmente, lo que continúa siendo. Más allá de que se esté a favor, en contra, o resulte indiferente, el 15-M continúa vigente. Puede ser analizado como una ola, de más de una década, que ha generado cambios significativos en nuestra sociedad. Los acontecimientos que siguieron a las manifestaciones del domingo 15 de mayo de 2011 y las acampadas surgidas en esos días impulsaron una ola de movilización que todavía hoy está presente. Analizado con perspectiva histórica, aquello a lo que denominamos 15-M puede ser visto como un periodo de movilización, práctica política y de cambio con el objetivo de la democratización. No es una novedad histórica. Es la manera en la que han avanzado ideas y transformaciones sociales. Hablamos, por ejemplo, de las diferentes olas del feminismo a lo largo de la historia. Y de una nueva, la actual, que enlaza con el 15-M.

Tal vez uno de los factores que dificulta el interés por analizar y valorarlo es su identificación con proyectos que han optado por entrar en la política institucional. Pero el problema principal para dedicar atención y valorar el 15-M, como a tantos otros proyectos y personas a lo largo de la historia, es que propone un cambio de base de nuestra sociedad a partir de una concepción de la democracia exigente en las condiciones materiales de vida y los derechos que harán posible la vida democrática que hoy no existe todavía. El 15-M es una gran impugnación de lo que hay y un gran desafío poder conseguir aquello a lo que se aspira. Puede ser visto como el intento de hacer real una gran utopía que se ha ido escribiendo en el presente y a lo largo de la historia.

El 15-M es como una ola, de más de una década, que ha generado cambios significativos sociales

El británico William Morris (1834-1896), pensador y creador de utopías, escribió: “Reflexionaba yo sobre todas estas cosas, y cómo los seres humanos luchan y pierden la batalla, y cómo aquello por lo que luchaban acontece a pesar de su derrota, y cómo cuando llega resulta no ser aquello que ellos pretendían, y otras personas han de luchar por aquello que pretendían bajo otro nombre”.

Esta también es parte de la historia del 15-M. La PAH, por ejemplo, no ha conseguido todavía aquello por lo que nació, continúa luchando por ello… Pero, ¿y todo lo conseguido en estos años? Incluso, como dijo Morris, consiguiendo logros que no pretendían.

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