Los partidos catalanes hacen cálculos ante el riesgo de repetir elecciones

El plazo acaba el 26 de mayo y la situación cambia de un día para otro; a veces, incluso, en cuestión de horas

Ernest Maragall, líder de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, y Marta Vilalta, portavoz de ERC, se saludan en Montjuïc.
Ernest Maragall, líder de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, y Marta Vilalta, portavoz de ERC, se saludan en Montjuïc.Toni Albir (EFE)

Los partidos catalanes calientan motores por si la próxima semana Esquerra Republicana y Junts per Catalunya no son capaces de pactar la investidura de Pere Aragonès como presidente de la Generalitat y todo aboca a nuevas elecciones. Estas serían las quintas desde 2010. El plazo acaba el 26 de mayo y la situación cambia de un día para otro; a veces, incluso, en cuestión de horas. Si el lunes ERC aseguraba que no había marcha atrás en la decisión de formar un gobierno en solitario, el miércoles ya veía posible revertir una decisión que presentó como irrevocable. En este estado de volubilidad, todo puede suceder.

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Los sectores más fieles de las formaciones independentistas sostienen que, en unas nuevas elecciones, se castigaría la infidelidad ajena, especialmente la del potencial e histórico socio. Es un desiderátum, la confusión de los deseos con la realidad. Desde el socialismo catalán, algunos ven una ventana de oportunidad en unos nuevos comicios para reafirmar al Partit dels Socialistes (PSC) como primera fuerza política gracias a los antiguos votantes de Ciudadanos, que en las últimas elecciones pasó de 36 a seis parlamentarios. Los populares creen que el factor Díaz Ayuso puede contribuir a mejorar su situación, lo cual no es difícil pues ahora solo cuentan con tres de los 135 diputados. Desde Vox existe el convencimiento de que mejorarán su posición ante el caos del independentismo. Los comunes de Ada Colau y los anticapitalistas de la CUP están también en vigilia y prestos al combate electoral, aunque nada cambiaría demasiado para ellos. Las encuestas publicitadas este sábado por El Periódico y La Vanguardia mantienen la hegemonía de ERC dentro del independentismo, mientras que los socialistas consolidarían, con tendencia a subir, su primera posición y el PP mejoraría ligeramente. Vox, CUP y En Comú Podem se quedarían más o menos igual.

Pocos cambios en el endiablado tablero político catalán que, si no se quiere ver condenado a nuevas elecciones, debe apresurarse en las negociaciones de la próxima semana. Desde Esquerra se asegura que el órdago del Gobierno en solitario lanzado por Aragonès fue acertado, pues ha obligado a JuntsxCat a mover ficha. “Los de Puigdemont creían que íbamos a esperar hasta el último día, pero nos hemos anticipado a sus movimientos”, aseguran fuentes de los republicanos. Según el relato político de los de Oriol Junqueras, “los de Junts querían agotar plazos y ahora han tenido que responder”. La jugada táctica, añaden, le ha salido mal a Jordi Sànchez, secretario general de JxCat. Sànchez propuso ceder diputados de JxCat para investir a Aragonès, aunque luego fue obligado a cambiar sus declaraciones por sus compañeros de partido y a asegurar que se había interpretado mal lo que había dicho y todo el mundo había entendido. Todo un clásico en las rectificaciones políticas de 180 grados.

ERC cree que el pacto es cuestión de días, aunque no teme las elecciones, pues su votante “es el menos fundamentalista del espectro secesionista y le gusta muy poco el pacto de legislatura con JxCat”, aseguran desde el partido, que se ve reforzado por lo que vaticinan las recientes encuestas.

ERC cree que el pacto es cuestión de días, aunque no teme las elecciones
ERC cree que el pacto es cuestión de días, aunque no teme las elecciones

Quizás el puzle más complejo sea el que tiene JxCat, donde tres sectores que se erigen en exégetas de Puigdemont compiten por imponer sus puntos de vista. “Los cargos del Govern quieren seguir en él; Elsa Artadi [vicepresidenta in péctore] también lo desea, aunque no muestra en público sus preferencias; al igual que el hombre de Puigdemont en las negociaciones con Esquerra, Josep Rius”, afirman fuentes posconvergentes. “Solo el grupo de incondicionales integrado por el expresident Quim Torra, el exdiputado Josep Costa y el miembro del equipo negociador Francesc de Dalmases están dispuestos a la repetición electoral”.

La pluralidad dentro de Junts es tal que ni el propio Puigdemont puede controlar al 100% a un partido que ha desafiado a su secretario general, Jordi Sànchez, preso en la cárcel de Lledoners. La gran mayoría de JxCat está en contra de ceder sin contrapartidas los votos para investir a Aragonès. Esta semana, los representantes del sector institucional del partido —los que tienen cargo en el Gobierno catalán— se reunieron para cerrar filas y exigir una nueva convocatoria electoral que les permitiría mantenerse en el cargo cuando menos hasta otoño, si no es posible pactar un Ejecutivo con Esquerra.

Distancia del PSC

Los contactos entre los negociadores de ambas formaciones han continuado estos días de tensión. Aragonès y Puigdemont mantienen comunicación, si bien Esquerra ha reiterado que no se va a repetir la situación de un presidente vicario (como en el caso de Torra), que no va a aceptar tutelas del Consejo por la República y que va a continuar con su propia política —en contra de la practicada por JxCat— de apoyo puntual a las iniciativas legislativas del Gobierno de Pedro Sánchez.

El entusiasmo contenido expresado por la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, ante la eventual ruptura de Esquerra con JxCat contrasta con la distancia que exhibe el PSC de Salvador Illa con los republicanos. Es más fluida la comunicación de ERC con el Ejecutivo de Pedro Sánchez que con los socialistas catalanes, con los que no ha habido ningún contacto formal. Desde el Gobierno central incluso se barajó que los socialistas catalanes —históricamente moneda de cambio de pactos— permitieran la investidura de Aragonès, lo que el PSC rechazó de plano. Los de Illa insisten en que son la fuerza más votada, aunque deberían mover ficha para evitar caer en la irrelevancia, tal como le sucedió a Ciudadanos, la primera fuerza política de la anterior legislatura.


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