teatro

Oriol Broggi: “Entenderse superando la barrera de la lengua es muy humanista, muy democrático”

El director de La Perla 29 dirige a Clara Segura y al italiano Enrico Ianniello en la coral ‘Filomena Marturano’, tercera obra de Eduardo de Filippo que se pone en pie en la Biblioteca

Oriol Broggi durante un ensayo de 'Filomena Marturano'.
Oriol Broggi durante un ensayo de 'Filomena Marturano'.Carles Ribas / EL PAÍS

Sentado en la grada, pendiente del portátil y atento a cuanto ocurre en el embaldosado suelo (¡no hay tierra!) del teatro de la Biblioteca de Catalunya, Oriol Broggi corrige un gesto, sugiere una entonación y, por fin, da por concluido el ensayo. Quedan casi 20 días para el estreno de Filumena Marturano, el 16 de junio (en cartel hasta el 31 de julio), y todo está a punto. El director de La Perla 29 vuelve a Nápoles a través de Eduardo de Filippo, de quien ya puso en pie Natale in casa Cupiello (2010, 2011 y 2013) y Questi fantasmi (2012). Además, Broggi fue ayudante de Sergi Belbel en Dissabte, diumenge i dilluns, en el TNC (2002).

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“Cuando a los niños les gusta un juego, una película o una canción, la repiten una y otra vez”, explica Broggi, tras el ensayo. “Pues el teatro es, un poco, un juego de niños y cuando nos gusta algo nos gusta repetir. Yo le he hecho con Molière, con Moauwad, con Shakespeare... Y el teatro de De Filippo es muy juguetón pero tiene mucha seriedad en el juego: por un lado es muy serio y por otro, muy teatral: sus gestos exagerados, las amenazas (‘¡Me largo de casa!’ ‘¡Pues vete!’), las pasiones... A mí el teatro italiano me sirve para explicar mi manera de ver una familia y una relación humana”. Filumena Marturano, que Vittorio de Sica llevó al cine con Sofia Loren y Marcello Mastroianni (Matrimonio a la italiana) cuenta la historia de una mujer (Clara Segura) mantenida durante 25 años por Don Domenico Soriano (Enrico Ianniello) que decide fingir una enfermedad para, en el (presunto) lecho de muerte, pedirle matrimonio. El cura que le venía a dar la extremaunción se encargará de ello. Filume’, al casarse, se levantará de la cama fresca como una rosa.

“Los personajes de De Filippo son de posguerra, del neorrealismo italiano, que en tiempos de miseria se espabilan”, explica Broggi. “Y esta picaresca necesita de una cierta teatralidad que nos la hace muy cercana. Por eso al final de cada acto, en esta obra tenemos a gente mirando: el portero, los vecinos, el abogado, familiares, un cura… Siempre que hay un drama familiar en el que se tiran los platos a la cabeza, los vecinos están ahí”. De ahí viene la idea de colocar a los espectadores prácticamente dentro del comedor, como si cada uno fuera un curioso más en la casa. “Así, una tragedia, el drama que están viviendo, pasa a ser una comedia”, dice el director.

Este montaje estaba previsto estrenarlo hace un año y empezar a ensayar justo cuando se decretó el estado de alarma. “No llegamos a ensayar”, recuerda Broggi. “Más adelante, con las sucesivas olas de la pandemia, ya no pudimos ni arrancarla. Nueve personajes suponían demasiados riesgos... Ahora la cosa con la vacuna parece que va mejor”. Algún intérprete ha caído del reparto por compromisos inevitables, pero la mayoría se ha mantenido. Enrico Ianniello viene de la compañía Teatri uniti (la de Toni Servillo) y vive a caballo entre Nápoles y Barcelona, por lo tanto habla castellano y se defiende, incluso, en catalán. Clara Segura, por descontado, vuelve a hacer de italiana, como en 28 i mig o en Una giornata particolare. “Sí, mucha gente ve a Sofia Loren en Clara Segura, pero la verdad es que la película (Matrimonio a la italiana) la hemos visto poco”, aclara Broggi.

El teatro de De Filippo es muy juguetón pero tiene mucha seriedad en el juego

La traducción (de Xavier Valls Guinovart) es respetuosa y está ligeramente adaptada: “Hay gags que en la actualidad no tienen gracia y tampoco puedes quitarlos porque forman parte de la tradición teatral”, explica el director. “Entonces lo cambias ligeramente. Con Shakespeare también se hace, para evitar pasajes que ya no se entienden o pueden incluso molestar. Pero De Filippo no es ofensivo ni antipático. Algunas escenas las aceleras, otras las quieres alargar, todo ligando la obra al espacio y a nuestra manera de ver ahora el mundo”.

Detrás del tercer De Filippo de Oriol Broggi está la relación Nápoles-Barcelona. “Son ciudades primas hermanas”, proclama el catalán, convencido de que la dominación catalana del sur de Italia durante más de dos siglos ha dejado un poso importante y fecundo. “Las ciudades mediterráneas tienen mucho en común, pero Barcelona y Nápoles, especialmente. Sí es cierto que desde los Juegos del 92 Barcelona ha querido modernizarse, hacerse más europea y Nápoles, por varias circunstancias, no ha salido de este nido, pero tienen mucho en común, y con el teatro de De Filippo lo podemos entender bien”.

Oriol Broggi en un ensayo, bajo la atenta mirada de varios de los actores.
Oriol Broggi en un ensayo, bajo la atenta mirada de varios de los actores.Carles Ribas / EL PAÍS

Ambas ciudades comparten tradiciones que hay que conocer bien para… cambiarlas: “No puedes tirar adelante si no tienes claro lo que quieres cambiar de las tradiciones. Si no hay un dialogo con los problemas existentes, no se va a ningún sitio. En teatro, igual: si no tienes un diálogo con la tradición, no entiendes por qué ni cómo estás haciendo las cosas y no sabes lo que quieres. A veces tienes claro que quieres hacer algo diferente, pero no sabes diferente a qué. Entonces te puedes encontrar que no sea tan distinto. Necesitas conocer el pasado para poder proponer”.

Luego está el idioma. De Filippo juega con el italiano estándar y el napolitano, que se entiende más bien poco. “Nosotros tenemos a un italiano que habla castellano, entiende y habla un poco de catalán”, subraya Broggi, en referencia a Ianniello. Ahí cabe todo: si De Filippo juega con el italiano como la lengua elevada y el napolitano como la de la calle, en Filumena Marturano hay personajes que se dirigen al distinguido Don Domenico en castellano (“un ‘castellanu’ muy marcado por fuertes acentos: Eduard [Muntada] es de Tremp, Marissa [Josa] del Vallès…”) y entre ellos hablan catalán. Cuando el señor Soriano se pone nervioso, le sale el italiano. “Esto nos proporciona un juego de equívocos muy pueril y divertido. Sin olvidar que entenderse superando la barrera de la lengua es algo muy humanista, muy democrático”, sostiene Broggi.

Proyectos 2021-22: Hamlet, Dostoievski, Goldoni

Filumena Marturano estará de gira por Cataluña en otoño. “Fuera de Cataluña últimamente es más difícil: si no hay autores conocidos del público, no suelen programarnos”, revela el director de La Perla 29, que sí a pasado con éxito por Madrid, por ejemplo, con Bodas de sangre, Luces de Bohemia, Antígona, el Cyrano o incluso Questi fantasmi, de De Filippo. “Es una sensación muy subjetiva, pero yo percibo que allí se cierran más a nuestro teatro que al revés”. Con vistas a la temporada que viene, Broggi tiene en mente un Hamlet, un monólgo de Dostoievski que hará Andreu Benito y una obra de Carlo Goldoni.

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