La estrategia independentista: cuanto mejor, peor

Cataluña es esa nación que se crece en lo negativo y si pasa algo positivo tiene que negarlo u ocultarlo, porque hace mucho que su discurso político solo tiene un componente: el victimismo

Desde la izquierda, Jordi Turull, Jordi Cuixart, Joaquim Forn, Jordi Sànchez, Josep Rull, Raül Romeva y el exvicepresidente Oriol Junqueras, a su salida de la prisión de Lledoners.
Desde la izquierda, Jordi Turull, Jordi Cuixart, Joaquim Forn, Jordi Sànchez, Josep Rull, Raül Romeva y el exvicepresidente Oriol Junqueras, a su salida de la prisión de Lledoners.Massimiliano Minocri

Cuando a finales de los noventa en una entrevista le preguntaron al periodista Manolo Vázquez Montalbán: “¿Contra Franco vivíamos mejor?”, haciendo referencia a su conocida sentencia. Este explicó que en su momento había escrito esa frase con un interrogante porque le pareció que ese era el criterio de cierta izquierda conservadora, pero para él la respuesta estaba clara: no.

Más información
Sánchez y Aragonès abren una vía de diálogo al margen de la mesa

Ahora, en la España del 2021, recuerdo esa frase y sonrío. ¡Cuántas veces había escuchado yo esa oración en determinados contextos! Y sonrío por varios motivos. La primera sonrisa está acompañada de una expresión amarga, porque, casi con toda seguridad, solo los nacidos después del setenta conocerán al periodista del que hablo y recordarán la frase en cuestión y es una lástima; la segunda porque el espíritu de la frase, como el de los falsos izquierdosos de entonces, sigue vivo en la Cataluña de este procés inexistente que trata de seguir nutriéndose de la queja para evitar asumir que ha fracasado.

¿Qué hacer ahora que no hay presos? Inventarse un número indefinido de represaliados

Lo he visto claro cuando hace unos días veíamos una grabación hecha desde la puerta de la cárcel de Lledoners a unos cuantos de los presos del procés. Allí, poco antes de salir a saludar, los líderes procesistes veían de fondo a sus seguidores esperando para hacerles la ola cuando los tuvieran cerca y entonces, todavía desde dentro de la cárcel, escuchábamos cómo entre ellos trataban de ponerse de acuerdo sobre qué cara poner. Jordi Sánchez: “¿Qué, con expresión de alegría o no?”. Jordi Cuixart: “Sí, hombre, sí, Es una victoria”. Junqueras: “No, no, que entonces parece que nos alegramos de que haya muchos represaliados”.

Ganó, como no podía ser de otro modo, esta última propuesta.

Y esa es la triste realidad, en Cataluña, esa nación que se crece en lo negativo y si pasa algo positivo tiene que negarlo u ocultarlo, porque hace mucho que su discurso político solo tiene un componente: el victimismo. Víctimas del centralismo, de la represión, de los jueces...

¿Qué hacer ahora que no hay presos? Inventarse un número indefinido de represaliados que nadie es capaz de demostrar, porque no existen más que en la mente de los dirigentes de Òmnium que llenaron un acto con 2800 sillas… Vacías.

Un nacionalismo como el catalán siempre será desleal a sus promesas y a sus votantes

¿Qué hacer ahora que les han dado un indulto que no se les había ocurrido pensar ni en sus mejores sueños? Poner cara de acelga, porque España los ha dejado libres sin merecérselo y disimular su satisfacción, para poder seguir siendo víctimas.

Cualquier cosa menos alegrarse, porque eso impedirá la queja y quizás, entonces, tengan que dedicarse a darles explicaciones a los catalanes sobre sus recortes en sanidad o en educación o el uso del dinero público.

Está claro que Cataluña es una nación que solo se nutre de lo negativo y de rentabilizar el plañido. No sé si el hecho de celebrar una derrota, como fue la caída de Cataluña el 11 de setiembre frente a los borbones tiene algo que ver en el imaginario colectivo, pero lo cierto es que no dan margen a la alegría, porque la realidad es que no están por la labor de rebajar la tensión. Así pues, en cuanto puedan se cargarán la mesa de negociación... para continuar llorando.

¿Cómo si no quejarse de lo que hace el Gobierno de España si se negocia? Tienen que seguir engañando a sus votantes y aplazando, sine die, la construcción de una república no solo que no llegará nunca, sino que ni ellos mismos creen ya en ella (todos tenemos en mente las frases que se sucedieron en los juicios). Pero su añoranza servirá para mantener viva la tragedia, la opresión y… para seguir quejándose.

A mi juicio, lo sé, soy pesimista, los indultos no van a ser solución de nada, porque entre otras cosas evidencian que Pedro Sánchez ha hecho más por los políticos presos que todos los políticos huidos y sus “voceadores”, y no se lo van a perdonar. Pero al menos, esos indultos evidenciarán que un nacionalismo como el catalán siempre será desleal a sus promesas y a sus votantes y que su fin es acabar disuelto.

Sin embargo, mientras se precipita la asunción colectiva de la nada, recordad que Jordi Turull está indultado y los de Aturem el Parlament condenados... Qué cosas... Lo rápido que olvidan los que tanto se quejan de los errores del pasado que tanto el Govern como el Parlament se personaron en contra de esos jóvenes y que esas condenas han sido las que han marcado las bases de lo que han sido luego las sentencias del procés. No soy muy amiga del karma pero…

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS