Opinión
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A Esquerra le llega la hora de las rebajas

Al negociar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, los independentistas, que siempre despreciaron los pactos de los autonomistas, entrarán en la dinámica que tanto criticaban

Pere Aragonès y Pedro Sánchez durante su reunión en La Moncloa el pasado 29 de junio.
Pere Aragonès y Pedro Sánchez durante su reunión en La Moncloa el pasado 29 de junio.EUROPA PRESS/R.Rubio.POOL / Europa Press

Las ideas de república y ruptura que en los últimos diez años han defendido Esquerra Republicana y la CUP en Cataluña provienen de posiciones y criterios políticos que resultaron muy minoritarios y marginales durante el periodo de la Transición. No son una novedad, al contrario, son ideas y posiciones que quedaron arrumbadas a la salida de la dictadura franquista por la hegemonía y el protagonismo político que en aquellos años alcanzaron el PSUC, el PSC y Convergència Democràtica. Estos tres partidos encontraron en la UCD de Adolfo Suárez el interlocutor que necesitaban. Esquerra Republicana, en cambio, no participó en el consenso constitucional. Defendió el sistema republicano federal frente a la monarquía parlamentaria. Formó parte del grupo de partidos muy minoritarios que se opuso a la Constitución de 1978. Numerosos miembros de las CUP hablan también del Régimen del 78 como algo ajeno, no solo por su edad sino por la tradición política de la que beben. Han surgido de la cultura de los grupos y partidos izquierdistas y pancatalanistas de los últimos años de la dictadura y los primeros del régimen actual.

Aquellos que siempre han ocupado la segunda fila van a ser esta vez los titulares de la operación

República catalana como propuesta y ruptura política como método, la fórmula que tanto han manejado los dirigentes de ERC y la CUP en estos últimos años, y a la que ahora se ha sumado también Junts, se había confrontado ya en la segunda mitad de los años setenta con la política de negociación y pacto, pero fue esta la que se impuso. Fue un choque entre maximalismo y posibilismo. Uno de los aspectos más interesantes de la actual coyuntura política es, precisamente, que los partidarios de la república y de la ruptura han tenido desde 2012 la oportunidad de llevar a la práctica su propuesta de entonces, apenas actualizada. Han obtenido el penoso y previsible resultado de sobras conocido. Ahora, asumida la derrota, se disponen a seguir la vía de la negociación y el pacto.

Esto es un cambio muy importante. Estos partidos han participado en el sistema constitucional y estatutario como huéspedes a la fuerza durante 30 años, pero siempre en posiciones secundarias. Eso no les ha impedido, sin embargo, jugar un papel decisivo cuando han podido. ERC ha disfrutado varias veces de una privilegiada posición de bisagra parlamentaria, lo que le ha permitido decantar el Gobierno catalán hacia la derecha en 1980 y hacia la izquierda en 2003.

El balance es que ERC ha sido socio del Gobierno de la Generalitat durante 14 de los 41 años de régimen autonómico. Entre 1980 y 1987 con Jordi Pujol, y entre 2003 y 2010 con Pasqual Maragall y José Montilla. Siempre como partido subalterno. El independentismo ha participado en la política autonómica, pero manteniendo al mismo tiempo ante su parroquia la idea de que otra cosa sería si en vez de autónoma Cataluña fuera independiente. Y que otra cosa sería si en vez de secundarios, los independentistas fueran los partidos dirigentes. Dicho de otro modo: que si en vez de negociar con autonomistas como los de Convergència y el PSC, los gobiernos de España hubieran tenido que negociar con los independentistas, todo sería diferente.

Esta es la gran novedad actual. Terminó la fase en la que Esquerra Republicana puede atribuir a Convergència o al PSC los resultados de una negociación con el Gobierno central sobre el autogobierno catalán. A la inversa, es también la primera vez en la presente etapa democrática que un Gobierno de España se sienta a negociar con el independentismo catalán sobre el asunto nuclear de su ideario, según no cesan de repetir los portavoces de ERC y la CUP: sobre referéndum de autodeterminación y amnistía. O sea, el programa de los rupturistas.

Lo más interesante será ver cómo se las apaña ERC cuando quede claro que no va a haber referéndum

En una primera mirada puede parecer que lo interesante es ver cómo va a terminar esa negociación. Pero no es exactamente así. Lo más interesante será ver cómo se las apaña Esquerra Republicana cuando quede claro que la relación de fuerzas no ha cambiado y que ahora, como en 1978 y en 2017, no va a haber referéndum de autodeterminación. Estamos en vísperas de una negociación en la que aquellos que siempre han ocupado la segunda fila y siempre han considerado insuficiente lo que Cataluña obtenía del Estado español, van a ser esta vez los titulares de la operación. Y también será interesante ver cómo la CUP e incluso Junts hacen con ERC lo que ERC ha hecho durante décadas con los políticos de Convergència y del PSC: acusarles de pactar por un plato de lentejas.

En realidad, esta dialéctica ya ha empezado. El sábado, Lluís Llach emitió un tuit con este mensaje a los negociadores: “¿Dos años de diálogo sin preparar la independencia? Con muchos de nosotros, que no cuenten para eso”.


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