opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Tots, totes, totis...

Nos encontramos con el desprecio absoluto a siglos de lucha feminista ridiculizada desde nuestras instituciones y a través de una neolengua “inclusiva y diversa” que no respeta la gramática ni la ortografía

Tuit de la consejera de Igualdad y Feminismos, Tània Verge, a propósito del uso de 'totis'.
Tuit de la consejera de Igualdad y Feminismos, Tània Verge, a propósito del uso de 'totis'.

La llengua catalana és viva”, leemos en un tuit eufórico de hace unos días en la cuenta del Departamento de Igualdad y Feminismos de la Generalitat de Catalunya. En esa misma cuenta leíamos poco después, ya en boca de la recién nombrada consejera Tània Verge, la explicación del uso del lenguaje inclusivo desde esa Consejería: “Les llengües són vives i són dels parlants. L’ús del totis ha permès visualitzar com, en llengua catalana, s’utilitza el gènere inclusiu”, y añadía: “L’ús del #totis és un acte d’amor per la llengua catalana”.

¡Amor! “¡El uso del totis es amor!”, tuve que leerlo dos veces para entender a lo que hacía referencia y no pude evitar pensar en “feminismos”, “totis”, ¿la variante del “todas” castellana?, “personas que menstrúan”, “matria”, “personas gestantes”, “vosotras”... y concluir que cada vez más estamos delante de la burla lingüística disfrazada de progreso. Nos encontramos con el desprecio absoluto a siglos de lucha feminista, ridiculizada diariamente desde nuestras instituciones y a través de una neolengua “inclusiva y diversa” que no respeta la gramática ni la ortografía.

Cuando recordamos que para no destrozar el catalán se puede usar “tothom”, que es inclusivo, nadie da explicaciones

“Feminismos” dicen y olvidan no solo que solo existe un feminismo, sino también que cuando se trata de condenar las agresiones que sufrimos las feministas ¿muchas? en las manifestaciones del #26J, de las que nos tuvieron que proteger los antidisturbios frente a los “inclusivos” portadores de camisetas en las que se leía “Kill the TERF”, solo escuchamos mutis por el foro.

Totis”, pero cuando recordamos que para no destrozar el catalán se podría usar “tothom”, que es claramente inclusivo, nadie da explicaciones.

“Personas que menstrúan” y “personas gestantes” para evitar mencionar a las únicas personas que pueden menstruar y gestar, o sea, a las mujeres, pero cuando recordamos que llevamos casi 30 asesinadas por violencia machista en lo que va de año vemos cómo tiran balones fuera.

En definitiva, parece que en aras de lo políticamente correcto ahora le ha tocado el turno a la lengua y, como viene siendo emblema de estos tiempos, quien se oponga es facha, TERF o cualquier apelativo filofascista que os venga a la cabeza. Pues bien, es que a mi juicio —y lo digo como filóloga— no todo vale con la lengua. Centrémonos en el catalán de nuestra consejera que tiene —imposible discutirlo— géneros gramaticales, pero como vivimos en medio de una empanada ideológica de nuevo se confunde sexo y género (construcción social) y género gramatical con identidad de género sentida... Consecuencia: atentemos contra la lengua.

Se me ocurre, en un intento de comprender la inclusión de la que habla Tània Verge, que a lo mejor es que ha leído, o convivido, en alguna sociedad con una lengua que no tiene género gramatical y enseguida pienso en el turco, un idioma que no tiene género. Y no, no parece que la sociedad turca sea más igualitaria que la nuestra por el simple hecho de no tener un lenguaje marcado. ¿Verdad?

Evitemos invenciones de lenguaje inclusivo porque podemos acabar siendo del género tonto / tonta / tonti

Y entonces, vuelta a la gramática, pienso que a lo mejor, como en las escuelas, han creado un sublenguaje propio de un grupito, y me los imagino como cuando éramos niños y nos inventábamos un idioma para que nuestros padres no nos entendieran. Porque, lo que no puede negarse, es que en las calles, en las casas, en los centros de trabajo “Todes oprimen a todes. Totis oprimeixen a totis”. O sea, utilizando el lenguaje inclusivo, se consigue justo el efecto contrario: quedan diluidos el agresor y la víctima. Dicho de otra manera, se igualan opresor y oprimido. Y ¿a que no sabéis a quién perjudica ese lenguaje? ¡Exacto! A las mujeres. Así, desde un supuesto “feminismo” las que acabamos perjudicadas somos las mujeres. Un nuevo truco de prestidigitación que oculta, tras la neolengua, las verdaderas necesidades. Está claro que es más barato que las políticas inventen palabras que que desarrollen políticas sociales y feministas. Y está claro también que visibilizar esos colectivos con palabras no mejora la vida de esos colectivos.

En definitiva, como dijo hace poco la prestigiosa filóloga catalana Carme Junyent en Twitter: “Tinc un dubte: Si ‘tots’ ja som tots, qui són ‘totes’”? Pues “totes” se debería utilizar, como sensatamente aclara ella más adelante, cuando el desdoblamiento sirve para señalar la existencia de mujeres cuando su existencia en ese contexto no es frecuente. Caso contrario, si los desdoblamientos se hacen sistemáticamente, pierden su función de señalamiento. No quiero ni pensar lo que dirá de totis.

Evitemos pues invenciones de lenguaje inclusivo, no solo porque no nos ayuda a las mujeres, sino porque podemos acabar siendo del género tonto / tonta / tonti o tonte.

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