El plan urbanístico de Gràcia impone vegetación para compensar el cemento

La modificación incorpora una ordenanza con una tasa ambiental por la que todas las obras deberá incorporar verde o pavimento sostenible

Azoteas del barrio de Gràcia de Barcelona.
Azoteas del barrio de Gràcia de Barcelona.Carles Ribas (EL PAÍS)

El nuevo plan urbanístico del barrio de Gràcia de Barcelona, aprobado inicialmente en febrero pasado y que está previsto que llegue al pleno municipal a finales de año, incluye una ordenanza ambiental singular e inédita en la ciudad. La norma busca compensar cualquier intervención urbanística con mejoras ambientales: obliga introducir vegetación o emplear materiales más sostenibles en la pavimentación de las calles (limita el uso el asfalto impermeable y caluroso e impone materiales más porosos que retengan la humedad).

La futura ordenanza fija un “índice de devolución ecológica del espacio urbano (IDEEU)” que será de aplicación en cualquier obra: en una calle, plaza, parque, nuevo edificio o patio y que exige introducir vegetación o pavimentos sostenibles. Tanto si el promotor es un particular o empresario, como si es la administración pública.

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La filosofía de la futura norma municipal es retornar o compensar a la ciudad con medidas de calidad ambiental cada vez que se realiza una nueva urbanización. A más cemento, más verde, sería la síntesis del espíritu de la ordenanza.

Cuando se pavimente una calle, por ejemplo, no recurrir solo al asfalto y utilizar materiales que retengan la humedad o permitan que crezca vegetación; o que cualquier nuevo edificio deba tener plantas en la mitad de la superficie de la azotea (cubierta verde).

La ordenanza ambiental que fija el “índice de devolución ecológica del espacio urbano” se inspira en una norma parecida que ya existe en la ciudad alemana de Berlín: el BAF (Biotope area factor). Otras urbes que han fijado normas parecidas son Lille, en Francia; o Padua, en Italia. Lo cuenta Ignasi Grau, ingeniero agrónomo y consultor ambiental en el equipo redactor de la modificación urbanística.

“Hasta ahora la visión del retorno ambiental se centraba en los espacios libres, los parques. Se compartimentaban los usos y el verde se relegaba a parques o plazas. Pero lo necesario es sacar el máximo partido de todas las realidades urbanas, porque toda la ciudad puede contribuir a la mejora ambiental”, explica Grau.

En el caso del IDEEU, el índice oscila entre 0 y 1. Cero sería el asfalto y 1 el equivalente a un bosque. Y se calcula, en cada obra en la vía pública o edificio, con una complicada fórmula matemática que puntúa la calidad ambiental del pavimento (el suelo, el valor que más pesa, con un 50% de la puntuación total), de la biomasa (el vuelo, con un 40%) y la biodiversidad (un 10%).

En el caso de las calles, el plan de Gràcia las divide en cuatro tipos (red básica del tráfico, conexiones locales, ejes comerciales, y ejes residenciales). Y la ordenanza establece qué exigencia ambiental debe tener cada una. El IDEEU es inferior en las calles de la red básica (0,18) y muy superior en las residenciales (0,33).

En los parques y plazas es donde la exigencia del índice es más elevada (entre un 0,36 y un 0,68). En nuevas paredes medianeras es del 0,23 (deberán tener tratamiento como jardines verticales), en los interiores de manzana de 0,38 y en las azoteas 0,40. Las cubiertas verdes podrán adoptar varias formas: vegetación intensiva, huertos, aljibes con recubrimiento vegetal o sistemas generadores de energía.

Una tasa replicable

El consultor responsable de la redacción de la ordenanza señala que el IDEEU es una herramienta de planeamiento que “propone ingredientes para mejorar la calidad ambiental”. Pero con flexibilidad: “Ni todas las plazas tienen que ser verdes, ni todas las calles asfaltadas”. “Puede haber una plaza dura porque tiene mucha presión de gente, pero en cambio puede ser muy verde una calle residencial”, dice y añade: “O una calle puede tener el centro asfaltado y que este pavimento esté rodeado de verde por los lados”. “Otro valor de la metodología es que es replicable, exportable”, defiende Grau.

El urbanista que ha capitaneado la redacción de la modificación del Plan General Metropolitano (MPGM) de Gràcia, Sebastià Jornet, define la ordenanza como “un medidor ambiental, el termómetro ambiental de cualquier construcción o calle: la exigencia ambiental que le haces a la ciudad para que contribuya a su propia sostenibilidad”.

“El casco urbano más tupido y con menos verde”

La teniente de alcalde de Ecología, Urbanismo y Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona, Janet Sanz, señala, en defensa de la futura ordenanza ambiental, que el barrio de Gràcia es el séptimo casco urbano más tupido de todos los de Cataluña (tras Ciutat Vella y los de Tarragona, Lleida, Girona, Manresa y Tortosa). “Es el que tiene menos verde”, sentencia.

“La densidad de la trama impacta en su calidad ambiental, necesita más regeneración que otros lugares, por eso es estratégico aprovechar cualquier intervención para aumentar pavimentos más sostenibles o más verde”, argumenta la edil. Sanz defiende también “la corresponsabilidad pública y privada, que todo el mundo deberá hacerlo: todas las licencias de obras deberán cumplir con un compromiso de aumentar el verde y la sostenibilidad”.

La MPGM de Gràcia ha levantado ampollas en el barrio porque planea derribar viviendas y negocios en activo para construir zonas verdes. Unas expropiaciones que están en revisión.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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