El fin de los peajes solo da más tráfico a la C-33

El Servicio Catalán del Tráfico no detecta un incremento significativo de la circulación en la AP-7, la AP-2 y la C-32 en los primeros días sin barreras

Un conductor pasa por la caseta del peaje de La Roca, una vez convertido en gratuito.
Un conductor pasa por la caseta del peaje de La Roca, una vez convertido en gratuito.Albert Garcia (EL PAÍS)

El Servicio Catalán de Tráfico (SCT) no ha detectado un aumento significativo del tráfico en las autopistas AP-7 (Salou-La Jonquera), AP-2 (Lleida-El Vendrell) y C-32 (Montgat-Blanes), que dejaron de ser de peaje para convertirse en gratuitas el pasado miércoles. Sí se ha notado un repunte de la circulación en la C-33 (Barcelona-Montmeló), que ha absorbido en los primeros días de la liberación de barreras un 30% de los vehículos de la vía paralela C-17, sobre todo el viernes, cuando se produjo un accidente y parte del tráfico se desvió casi como un automatismo.

En todo caso, la circulación por el conjunto de todas esas vías en el entorno metropolitano de Barcelona continuó (entre el miércoles y el viernes) un 7% por debajo de las que habían mantenido en 2019. Sí fueron mayores los tráficos respecto a una semana antes, pero puede ser efecto también del paulatino regreso al trabajo. No se compara con el año pasado por el impacto del coronavirus, que redujo la movilidad hasta mínimos.

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“Nos tenemos que dar unos días. La próxima semana [en referencia a la que empieza mañana] será interesante de seguir porque ya se normalizarán los ritmos y las movilidades laborales”, indica Ramon Lamiel, director del SCT, quien había pedido en la víspera de la gratuidad de los peajes un margen de 20 días para poder analizar cómo responden los conductores al nuevo mapa de carretera que supone el levantamiento de barreras.

Colapsos en Barcelona

Ante las primeras estadísticas de tráfico, Lamiel se aventura a vaticinar que quizás las retenciones que se producían en los peajes se concentren a partir de ahora a las puertas de Barcelona, ya que los peajes podían jugar un papel de contención.

El caso de la C-33 es paradigmático de lo que pretende conseguir el SCT con el levantamiento de peajes: que cuando haya un problema en una carretera el tráfico pueda desviarse a otras vías, de forma que estas funcionen como una malla capaz de intercambiar flujos de vehículos. Así sucedió el viernes, cuando se produjo un accidente en la C-17 en Parets del Vallès y la C-33 se convirtió en una vía alternativa.

Los operadores de transporte público no prevén, al menos en la corta distancia, un trasvase sustancial de sus usuarios a las carreteras, ahora que se reducen uno de los costes de usar el vehículo privado.

Sobre la firma

Dani Cordero

Dani Cordero es redactor de economía en EL PAÍS, responsable del área de industria y automoción. Licenciado en Periodismo por la Universitat Ramon Llull, ha trabajado para distintos medios de comunicación como Expansión, El Mundo y Ara, entre otros, siempre desde Barcelona.

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