La Guardia Urbana controlará los accesos a los actos de la Mercè

La policía local de Barcelona ha desalojado a 270.000 personas de botellones este verano

Botellón en el parque de la Espanya Industrial durante la fiesta mayor del barrio de Sants de Barcelona, en agosto pasado.
Botellón en el parque de la Espanya Industrial durante la fiesta mayor del barrio de Sants de Barcelona, en agosto pasado.Joan Sanchez (EL PAÍS)

La Guardia Urbana de Barcelona controlará los accesos a los actos y escenarios nocturnos de la fiesta mayor, La Mercè, para intentar evitar que se produzcan botellones masivos. Aunque los espectáculos y conciertos requieran cita previa y terminen a las 00.30 horas, la presión sobre el espacio público no desaparece con el ocio nocturno cerrado. Los responsables del área de Seguridad del Consistorio admiten su preocupación por las aglomeraciones de algunas noches de las pasadas fiestas de los barrios de Gràcia y Sants; y aunque consideran que los dispositivos para disolverlas funcionaron bien, quieren evitar que se repitan.

Por ello, tras un verano complicado —con restricciones horarias, toque de queda algunas semanas y el ocio nocturno cerrado— y con la quinta ola de coronavirus remitiendo, la policía está analizando dispositivos para una veintena de escenarios y valora incluso la posibilidad de vallarlos, explicaron este martes el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, y el Intendente Mayor de la Guardia Urbana, Pedro Velázquez.

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El intendente relató que el dispositivo se compartirá y coordinará con los Mossos d’Esquadra y se analizarán “los espacios donde habrá fiestas para determinar como se controlan”. En este sentido, Velázquez detalló que se plantean varias opciones: controlar los accesos, vigilar el perímetro o incluso crear dos cordones. Otras opciones, indicó, son “un mayor control previo”; “decomiso de elementos que pueden ser utilizados” y en el último extremo, “identificación si se detectan conductas graves o las dinámicas derivan en algo más que el consumo de alcohol”.

El responsable de la Guardia Urbana señaló que durante el verano pasado los agentes han desalojado a 270.000 personas de botellones que han oscilado entre las 50 personas y hasta 3.000 (el caso del parque de la Espanya Industrial, hace tres semanas). Las actuaciones, coincidieron Velázquez y Batlle, fueron “de enorme complejidad, que tienen que ser muy afinadas y el uso de la violencia muy limitado”. “Ha habido problemas de incivismo, de convivencia, pero no incidentes especialmente graves, ni enfrentamientos entre ciudadanos ni entre estos y las fuerzas del orden”, subrayó el responsable político de la seguridad en la ciudad.

En el capítulo de las multas, en junio, julio y agosto, se han tramitado casi 11.500, de las cuales 7.612 denuncias fueron por cuestiones de convivencia y consumo de alcohol en la calle (prohibido por la ordenanza de civismo) y 3.800 por cuestiones sanitarias, vinculadas a las medidas contra el coronavirus, como no cumplir distancias o no respetar las distancias de seguridad.

Los dispositivos policiales estivales han comportado una presencia media, en fin de semana, de 238 agentes, de los que la mitad formaban parte del funcionamiento ordinario del cuerpo y el resto eran de refuerzo, haciendo horas extra.

Mesa de debate sobre la actividad nocturna

Batlle también apeló otra vez a la “responsabilidad individual” de las personas que participan en estas concentraciones. Y recordó que los botellones no son un fenómeno exclusivo de Barcelona. “Hemos visto imágenes de otros lugares, pero el hecho de que ocurra aquí tiene mayor trascendencia que en tras ciudades. Apelamos a la autoestima, la mayoría de vecinos respetan a su ciudad y las reglas”, confió el concejal.

El teniente de alcalde reveló que la próxima semana se presentará una medida del Gobierno de la alcaldesa Ada Colau para crear una mesa de debate para el “abordaje integral de la actividad nocturna en la ciudad”. La idea es sentar a debatir a todos los agentes municipales y ciudadanos implicados: servicios municipales, limpieza, distritos, Guardia Urbana, servicios sociales, grupos municipales, entidades vecinales, ciudadanas y agentes económicos (comercio, restauración, ocio y hostelería). El Consistorio también trasladará la creación de una mesa más amplia a la Generalitat.

El intendente mayor añadió que durante el complejo verano (por el aumento de la movilidad, la llegada de visitantes y oscilación normativa), la siniestralidad en la ciudad ha incrementado un 24% (con gran presencia de patinetes eléctricos en los accidentes). Y el mayor movimiento también ha provocado un aumento de la delincuencia, “aunque lejos de los datos de 2019”, antes de la pandemia.

Velázquez describió el perfil de los participantes en los botellones, un “fenómeno que no es propio de Barcelona al no haber una alternativa clara de ocio”. “Jóvenes no asociados a ninguna ideología que quieren pasarlo bien. Hombres y mujeres por igual. De Barcelona y también de fuera, sobre todo turistas europeos, hemos tenido las mismas cifras de visitantes franceses que en 2019. En toda la ciudad. Y que en algún caso muy puntual han derivado en enfrentamientos con la policía”, enumeró.

Batlle confió en que el dispositivo especial de la Mercè se está trabajando con el Instituto de Cultura, igual que durante el verano se han coordinado con las comisiones de fiesta de los barrios, a quien agradeció su actitud. Más allá de la fiesta, la Guardia Urbana tendrá también un ojo en los espacios tradicionales donde durante este verano ha habido concentraciones de gente bebiendo en la calle: playas, plazas céntricas y de los barrios, o enclaves como el paseo de Lluís Companys o el Born.

Batlle insistió en pedir que se flexibilicen las restricciones al ocio nocturno. “Necesitamos espacios de descompresión del espacio público” repitió una vez más. Y celebró que a partir del próximo fin de semana el metro vuelva a abrir toda la noche.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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