La laguna de la discordia de El Prat: un pulmón verde enclaustrado entre aviones y el mar

Expertos defienden el valor ambiental de La Ricarda, a escasos 20 minutos del centro Barcelona y que cobija aves protegidas pese a su elevada contaminación acústica

La laguna de La Ricarda, situada en la zona propuesta para la ampliación del aeropuerto de El Prat, en junio.
La laguna de La Ricarda, situada en la zona propuesta para la ampliación del aeropuerto de El Prat, en junio.MASSIMILIANO MINOCRI (EL PAÍS)

La laguna de La Ricarda se ha convertido en el paraje de la discordia que ha paralizado la multimillonaria inversión del Gobierno para la ampliación del aeropuerto de Barcelona-El Prat. Situada cerca del mar y del Puerto de Barcelona, en terrenos del municipio de El Prat de Llobregat, su ubicación provoca que constantemente sea sobrevolado por los aviones que despegan y aterrizan en el aeródromo. Es inaccesible al público, ya que pertenece a los descendientes del histórico empresario textil Manuel Bertrand. Pese a ello, los expertos destacan el valor de este pequeño humedal por la enorme biodiversidad que concentra. El catedrático en biología y director del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), Joan Pino, subraya su “servicio ambiental” a las especies: la laguna y su entorno dan cobijo a aves protegidas como flamencos o gaviotas corsas que cada año migran desde África a un paraje con el sello de la Red Natura 2000, la máxima protección ambiental que otorga la Unión Europea.

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“La laguna de La Ricarda es insustituible”

“Es un lugar insustituible y su afectación [por el alargamiento de la tercera pista, que invadiría en torno a 50 hectáreas] no se podría compensar”, dice Pino. Aena, empresa controlada por el Estado, ofreció a cambio de ocupar parte de la laguna compensar con 280 nuevas hectáreas de protección al sur del aeropuerto. Pero a Pino no le convence la idea y defiende que, aunque se hiciese, ese terreno no podría sustituir nunca el espacio natural de pinares y humedales habitado por 43 especies incluidas en la directiva de aves protegidas, además de orquídeas (hasta 23 tipos diferentes), peces y reptiles. “No es solo un estanque de patos”, afirma el biólogo.

Un flamenco blanco a escasos metros del aeropuerto.
Un flamenco blanco a escasos metros del aeropuerto.Juan Barbosa

El profesor emérito y catedrático en Ecología de la Universidad de Barcelona Narcís Prat, incide en la idea de que el lugar “es insustituible” desde un punto de vista científico. Este experto destaca el equilibrio del agua dulce ―de la lluvia― y la salada que entra desde el mar de este paraje a escasos 15 minutos en coche de Barcelona, formado en los humedales de la desembocadura del río Llobregat. Se trata del principal río que termina en la conurbación de Barcelona y su salida al mar ya fue desviada por otra ampliación, la del Puerto de Barcelona en 2004. Antes de las elecciones autonómicas, el anterior Govern se comprometió a llevar agua a los humedales y acelerar el plan especial de protección del delta, pendiente desde 1994 y reclamado por entidades y municipios para declarar mejor los usos en un espacio verde rodeado por el área con mayor densidad poblacional de Cataluña.

Sea como sea, La Ricarda no ha sido, hasta ahora, un humedal reconocido por la mayoría de los catalanes (aparte de ser inaccesible, en extensión es incomparable a otros parajes como Els Aiguamolls de l’Empordà, en Girona), y la realidad es que la laguna ha sido descubierta por muchos barceloneses en los últimos meses tras saltar a las portadas de los periódicos por la polémica ampliación. El movimiento ecologista ha visto también en ella un símbolo para demostrar la sobrexplotación urbanística que a su juicio se está produciendo por la construcción de un nuevo barrio en Gavà (Barcelona), municipio cercanos al aeropuerto. Muchas de las protestas de los últimos meses de entidades locales y conservacionistas han sido convocadas de hecho bajo manifiestos que aglutinaban todas “las agresiones” en la zona.

La denuncia de la extensión del hormigón es más amplía en una paraje históricamente afectado por la contaminación de la industria textil, y que llegó a convertirse en un río muerto en sus últimos tramos. Con todo, en los últimos años ha mejorado enormemente la calidad de sus aguas y la playa de El Prat de Llobregat, cuyo arenal se extiende desde la desembocadura del río unos tres kilómetros frente a juncales y pinares, ha pasado de estar prácticamente vacía en los ochenta a llenarse de bañistas ahora los fines de semana.

Con todo, los parajes salvajes han visto perder, de nuevo, muchas hectáreas: 300 en zonas húmedas, según Depana, la organización que presentó el informe por el que el 19 de febrero la Comisión Europea abrió un procedimiento sobre lo que considera dejadez ambiental. Precisamente uno de los principales argumentos del movimiento conservacionista es que se trata de volver a ampliar el aeropuerto cuando la Comisión todavía estudia si las compensaciones de 2008 fueron correctas en un territorio donde en pocos kilómetros convergen dos universos aparentemente antagónicos. Y que dejan sorprendentes imágenes, como la de un flamenco alimentándose a escasos metros de la verja que separa un humedal del segundo aeropuerto con más tráfico de España.

La laguna entierra el hacha de guerra entre agricultores y ecologistas

La protección de la laguna de La Ricarda frente a la ampliación de El Prat ha logrado que enemigos aparentemente irreconciliables entierren el hacha de guerra. El sector ecologista y el agrícola, en constante pulsión a lo largo del territorio por su posiciones antagónicas sobre políticas ambientales como la reintroducción de especies protegidas, se han puesto de acuerdo para conformar un frente común contra la ampliación. El delta de Llobregat es también conocido como el “huerto de Barcelona” por ser históricamente un lugar de cultivo en la zona. Pero durante las últimos décadas, la actividad primaria ha ido en regresión en la zona. En 2005, ante el progresivo crecimiento urbanístico por la extensión de la Barcelona metropolitana, la Diputación de Barcelona creó un parque agrario para clasificar cerca de 3.000 hectáreas. El pasado abril, agricultores de la zona y fuentes del mayoritario sindicato Unió de Pagesos mostraban su preocupación a este diario porque la ampliación por La Ricarda acabara afectando de manera indirecta a los terrenos agrícolas. El sector era consciente de que Aena tendría que compensar las hectáreas ocupadas en el espacio natural, y que probablemente entre ellas habría hectáreas agrícolas. En mayo, Aena hizo público que ofrecía proteger 280 nuevas de hectáreas, la mayoría de ellas dentro del parque agrario. El anuncio aceleró la unión entre entidades como Ecologistas en Acción y Unió de Pagesos para pactar una estrategia común y convocar protestas conjuntas.

 


Sobre la firma

Carlos Garfella

Es redactor de la delegación de Barcelona desde 2016. Cubre temas ambientales, con un especial interés en el Mediterráneo y los Pirineos. Es graduado en Derecho por la Universidad de las Islas Baleares, Máster en Periodismo de EL PAÍS y actualmente cursa la carrera de Filosofía por la UNED. Ha colaborado para otros medios como IB3 y Ctxt.

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