Los hoteles de la Costa Brava prevén prolongar al otoño la buena temporada de verano

Las comarcas del Baix y el Alt Empordà viven un agosto con las habitaciones completas y los precios disparados

Turistas por el Camino Ronda de la Playa de El Portitxol en l’Escala, con el Hostal Spa Empúries al fondo.
Turistas por el Camino Ronda de la Playa de El Portitxol en l’Escala, con el Hostal Spa Empúries al fondo.©Toni Ferragut (EL PAÍS)

Los hoteles de la Costa Brava, especialmente los de las localidades del Baix y el Alt Empordà, pondrán fin a la temporada este otoño con unas ocupaciones parecidas a las que tenían antes de la pandemia. Es casi como poner un broche de oro después de un verano que el sector, y también el de la restauración, califican de locura. Para este mes de septiembre las reservas hoteleras medias se calculan en un 70% y las perspectivas para octubre tampoco son malas. Todo eso pasa después de un agosto con ocupaciones de un 92% y con precios más altos que nunca. “Hasta pagar 450 euros por la noche del 14 de agosto en un hotel de Calella de Palafrugell”, reconoce Martí Sabrià, experto en turismo de esa zona y ex gerente del Grupo Costa Brava Centre.

Precios disparados y llenos hasta la bandera han sido una constante en la restauración de la Costa Brava. Turismo nacional y francés, mayoritariamente, han sido la clave para llenar el tipo de hoteles más frecuentes en la conocida como Costa Brava Centre: establecimientos más bien pequeños, tranquilos y con una cuidada oferta gastronómica. “Se ha notado que muchas personas que solían viajar al extranjero, este año, por las complicaciones de la pandemia, no lo han hecho y se han quedado en España y Cataluña y no les ha importado gastar bastante”, añade. El turismo nacional ha representado para las localidades del Empordà hasta el 60% de sus visitantes, un 26% procedían de Francia y el resto de diferentes países europeos, entre ellos Holanda, Suiza y Alemania.

De cara al cierre de la temporada, el turismo británico que antes de la pandemia podía acaparar hasta el 25% de las reservas de setiembre y octubre, no es esperado este año. Como tampoco se ha visto demasiado este verano: “Es un turismo que no suele improvisar, que le gusta planificar y reserva las vacaciones hasta con un año de antelación”, comenta. Y buena parte de este verano ha sido complicado, además, por la obligación de guardar cuarentena a su regreso si pasaban las vacaciones en España por sus normas anti covid.

La ausencia de viajes de tour operadores se ha notado en el turismo británico y en el ruso. En Lloret, los británicos eran la tercera nacionalidad —después de de la española y la francesa— y representaban un 8% de los visitantes, mientras que un 5% eran rusos. “Pero en los dos casos son estancias de hasta tres semanas, por eso son grupos muy importantes que este año no han venido”, explica la gerente de Turisme de Lloret, Elisabeth Keegan.

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Lloret cuenta con 120 hoteles de los que este verano han abierto unos 80. Una muy importante oferta hotelera —en total tiene 30.000 plazas solo en hoteles— que depende del turismo internacional que este año se ha limitado, más bien, al de proximidad. Con una ocupación del 50% en julio que subió hasta el 90% en agosto. ”Hay preocupación por los meses del otoño porque solían ser de eventos deportivos y viajes organizados. Algunos sí se harán, pero no todos y se está buscando la manera de estar abiertos el máximo tiempo posible”, apunta Enric Dotras, presidente del gremio de Hostelería de LLoret. La cuestión es que la tipología de grandes hoteles, con mucho personal, es más difícil de aguantar que los establecimientos medianos y pequeños que a menudo explotan familias con pocos empleados.

De ahí que la perspectiva del otoño sea muy distinta para los hoteleros del Baix y Alt Empordà — y también del interior de Girona— que la ven con optimismo frente a los de Lloret, con muchos hoteles que igual se ven abocados a cerrar antes del fin de temporada. Eso cuando septiembre y octubre habían sido unos buenos meses antes de la pandemia: en septiembre de 2019, tuvieron 150.000 viajeros y 121.000 en octubre. “Tradicionalmente, los hoteles empezaban a cerrar a partir del Pilar y eso es lo que este año se intenta alargar, pero hay muchos huecos en los calendarios”, matiza Dotras. La inmensa parte de los hoteles de Lloret hacen la temporada de febrero a noviembre y solo poco más de una decena están abiertos todo el año.

En contra de un otoño de persianas que se cierran en Lloret y en otras localidades de la costa, el sector hotelero de Barcelona tiene buenas perspectivas por el regreso del otro tipo de visitantes, el que viaja por negocios y congresos. Una actividad que concentra su actividad a partir del otoño y hasta la primavera y que está haciendo reservas a partir de este mes coincidiendo, en parte, con la reactivación de los eventos de la Fira de Barcelona. Si hasta ahora han reabierto el 60% de los algo más de 400 hoteles que tiene la ciudad, el sector calcula que antes de que acabe el año, si no ocurre nada imprevisto, abrirán un 25% más.

El turismo de viajes organizados mira a 2022

La infraestructura de las agencias de viajes en la Costa Brava se ha puesto tímidamente en marcha este año. El ritmo lo han marcado principalmente las rutas internacionales y frecuencias aéreas. “Este verano ha representado el 45% de los vuelos de 2019 y con 30% de ocupación”, explica Jordi Martí, responsable de las Agencias de Viajes de Lloret. Y la tónica es bastante parecida para el otoño, con algunos grupos que vienen a través de tour operadores que este año han trabajado un 20% respecto a 2019. Las restricciones, limitaciones y diferentes normativas por el covid han impactado sobre todo en el turismo internacional que viaja en avión: “La verdad es que ya trabajamos de cara a 2022 y tenemos la esperanza de que vaya bien”.



Sobre la firma

Blanca Cia

Redactora de la edición de EL PAÍS de Cataluña, en la que ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en diferentes secciones, entre ellas información judicial, local, cultural y política. Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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