Una visita presidencial sin helicópteros en el cielo

La presencia de Sánchez no alteró la vida de la capital catalana al contrario de lo que sucedió en diciembre de 2018

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izquierda), y el líder del PSC, Salvador Illa, charlan en una cafetería cercana a la sede de los socialistas catalanes en Barcelona.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izquierda), y el líder del PSC, Salvador Illa, charlan en una cafetería cercana a la sede de los socialistas catalanes en Barcelona.Toni Albir (EFE)

”Las imágenes también son importantes”, contestó Pedro Sánchez este miércoles, en el Palau de la Generalitat, cuando le preguntaron en la rueda de prensa sobre los acuerdos concretos de la primera reunión de la mesa de diálogo. El encuentro con el líder catalán, Pere Aragonès, fue sobre todo una apuesta por escenificar el compromiso de los dos por el diálogo pese a la distancia abismal entre las posiciones políticas. Incluso casi corriendo el peligro de que se pueda pensar que el medio para intentar resolver el conflicto político en Cataluña se ha convertido en el fin. De ahí que se cuidara cada detalle de la puesta en escena, también para dejar claro que la tensión de tiempos no tan pasados ya se ha superado.

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Y la tensión en Barcelona, la de la calle, tiene sonido propio. El ruido de los helicópteros, bien sea de los Mossos d’Esquadra o de la Policía Nacional, fue la banda sonora del 1 de octubre de 2017, cuando se celebró el referéndum declarado ilegal por la justicia, o de las protestas en contra de la sentencia del juicio al procés que incendiaron por días la plaza Urquinaona. Giros de hélices de vuelo gallináceo y un haz de luz con el que las autoridades intentaban disolver a los manifestantes. Este miércoles, a diferencia de otras visitas de Sánchez, a la capital catalana, nada extraordinario sobrevolaba la ciudad.

En diciembre de 2018, cuando el Gobierno quiso celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona, la ciudad tuvo que blindarse. Hubo 11 detenidos (y 28 agentes de los Mossos heridos) en un operativo no solo en la capital catalana, con cortes también en la AP-7. Este miércoles, el operativo de la policía catalana se limitó a cortar los alrededores de la plaza de Sant Jaume, en el centro de la ciudad, y a la preceptiva revisión de las tapas de las cloacas circundantes.

El rechazo en la calle a la visita de Sánchez fue testimonial. La CUP, bajo el lema Ni pactos, ni renuncias, solo logró reunir a medio centenar de personas en una manifestación en contra de la mesa de diálogo. Poca cosa en la capital de las diadas. Tanto así que algún turista aprovechaba la poca circulación de viandantes en el centro para sacar una imagen limpia de la calle del Bisbe y el falso puente gótico que une al Palau de la Generalitat con la residencia privada (inutilizada) del president catalán.

Dentro de la sede del Ejecutivo catalán hubo un poco más de nervios. El Palau quería cumplir con el protocolo pero sin exagerar en los honores. Que quedara claro que allí se iba a trabajar. Sánchez fue recibido con lo propio de una visita de alto rango: pasó revista a la guardia de honor en el patio de carruajes; saludó a la bandera de los Mossos (similar a la senyera) y lo esperaba al salir del coche el major de la policía catalana, Josep Lluís Trapero. Tras el paseo por la galería gótica, finalmente Aragonès le invitó a entrar en su despacho.

De momento, solo la imagen de la Virgen de la Mare de Déu de Montserrat que adorna la llamada Sala dels Diputats sabe de qué hablaron durante casi dos horas, regadas solo por café y agua. El guion de sus comparecencias fue casi copiado: la negociación será larga, las posiciones están muy alejadas, no se vislumbra un punto medio. Un mensaje que dejaba tranquila a cada parroquia.

El mayor temor era que no existiera la foto de los dos presidentes sentados en la mesa, presidiendo sus delegaciones, pero la imagen llegó después de las presiones de la parte catalana. El diálogo está blindado y el límite, de momento, parecen ser las próximas elecciones generales y la moción de confianza que Aragonès pactó con la CUP dos años después de tomar posesión. Ambos hitos coinciden en 2022.

El encuentro entre ambos presidentes terminó con Aragonès mostrándole a Sánchez el tapiz de flores que adorna otra de las salas más importantes del Palau, el Saló Sant Jordi. El arreglo fue hecho a mano por la Federación Catalana de Alfombristas de Arte Efímero, invirtiendo 400 horas de trabajo y miles de flores para engalanar el recinto en la tradicional jornada de puertas abiertas por el día nacional de Cataluña, el pasado sábado. Ambos compartieron la reflexión de que para trabajos laboriosos, ese. De allí, el presidente se fue al barrio del Poble Nou, a un acto de partido en la sede del PSC. Eso sí, con escala para tomarse un café con el nuevo hombre fuerte de los socialistas catalanes, Salvador Illa. La nueva normalidad.

Sobre la firma

Camilo S. Baquero

Reportero de la sección de Nacional, con la política catalana en el punto de mira. Antes de aterrizar en Barcelona había trabajado en diario El Tiempo (Bogotá). Estudió Comunicación Social - Periodismo en la Universidad de Antioquia y es exalumno de la Escuela UAM-EL PAÍS.

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