Tercera noche de La Mercè en Barcelona: un macrobotellón de más de un kilómetro en las playas

La concentración, en la que no se ha visto policía uniformada, se salda con 30 detenidos y 39 heridos

Botellón en la playa de la Mar Bella de Barcelona, en la tercera noche de La Mercè. En vídeo, imágenes de los asistentes.FOTO: JOAN SANCHEZ | VÍDEO: EFE

Miles de jóvenes llegados de todos los barrios de Barcelona y de poblaciones de su entorno se han vuelto a concentrar la madrugada de este domingo, la tercera de las fiestas de La Mercè, en un macrobotellón, que se ha saldado con 30 detenidos y 39 heridos. Esta vez, el blindaje policial de la plaza de España (donde la madrugada del sábado se concentraron 40.000 chavales y la noche acabó con graves altercados) ha desplazado la fiesta a las playas de la ciudad. La consigna en redes sociales era “Bogatell”, pero la fiesta se desparramaba por esta y otras tres playas: más de un kilómetro de largo de concentración multidudinaria. Si en el escenario de la segunda noche de fiesta hubo mucha policía, con decenas de furgonetas de Mossos d’Esquadra, en el litoral no se han visto uniformados: ni policía autonómica, ni Guardia Urbana. Ambulancias, pocas. Y peleas también menos.

Los concentrados en las playas son muy jóvenes, en torno a los 18: beben, charlan, cantan y bailan al sonido de altavoces de todo tamaño. La inmensa mayoría de buen rollo. Algunos aspiran el gas de la risa (óxido nitroso, la droga de moda) que pasan de pequeñas bombonas a globos de plástico. Sorprende la ausencia de policía. Sobre todo porque hay un grupo de una veintena de chavales vestidos de negro que caminan muy rápido y en grupo y roban bombonas del gas de moda y móviles. Alguno lleva botellas rotas en la mano y su actuación deriva en peleas. Todo muy rápido y con alguna botella de cristal volando. Hasta las dos de la madrugada no ha parado de llegar gente; y la concentración ha comenzado a vaciarse a las cuatro horas.

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El director de los Mossos, Pere Ferrer, ha afirmado este domingo que “los delincuentes” que han cometido actos vandálicos o robos en los botellones son “oportunistas”, pero representan “una minoría”. El objetivo del dispositivo policial de este fin de semana, según Ferrer, no es tanto evitar los botellones ―“aunque se producen y hay que hacer lo posible para evitarlos”, pero “la solución no será seguramente solo policial”― como evitar que se produzcan delitos, ha defendido. Ante las críticas de falta de policía, Ferrer ha explicado que en el operativo de este sábado por la noche se desplegaron agentes uniformados pero también de paisano, que fueron ayudados por drones que ofrecieron“buena información cualitativa”.

En las últimas noches en Barcelona se ha producido una tormenta perfecta: la fatiga pandémica de los jóvenes después de cinco olas de pandemia, el hecho de que de facto el ocio nocturno siga cerrado (solo pueden abrir las discotecas que tienen terraza, una decena en toda la ciudad), el puente de tres días; y el hecho de que muchos chavales de la ciudad salgan por primera vez por La Mercè. Todo ello regado con horas y horas de alcohol y la actitud agresiva de algunos. Mascarillas, cero. Distancias, tampoco.

Entre los presentes, chavales de barrios próximos, como el Clot, que aseguran que solo se han asomado a mirar. Y de barrios con realidades socioeconómicas tan distintas como Les Corts y Baró de Viver. De este mini barrio pegado al Besòs es Adri, 19 años. “Mira que soy liante, y que cuando hacen algo a un colega me meto en la pelea. Pero aquí venimos de fiesta, no a liarla. Ayer estuve en plaza España y de verdad que no lo entiendo, y mira que soy de barrio marginado, que ni a la policía vemos en el barrio”. Abraza a otros colegas de barrios cercanos que van llegando al botellón: unos han intentado ir la discoteca a Sant Cugat y no les han dejado entrar: “Y mira que nos hemos puesto camisa”. Otros aparecen a las 4.30. Han estado de fiesta en Lloret. “A las tres han cerrado y nos hemos vuelto, no había nada”.

También hay chavales de la vecina Badalona (17 años, el sábado estuvieron en plaza de España y les quedaron ganas de repetir), Vilanova i la Geltrú (son ocho, de “casi 18 años”, han visto la convocatoria en Instagram y han llegado en tren y antes de las seis no podrán regresar) o Pallejà. De este municipio son Joel y sus amigos. 22 años. Vieron la fiesta en la tele y han cogido el coche hasta la capital: “Aquí hay de todo, y puñaladas, como en el polígono Las Matas”, se ríen. Y muestran “billetes falsos de 10 euros, los vende el chino del polígono”. Los de Caldes de Malavella tendrán que esperar a las 7.00, cuando sale el primer bus.

Algunos han venido caminando desde la blindada plaza de España, cruzando la ciudad. A medio camino estaban pensando si van a la playa Mario de 19 años, de Sant Adrià, y sus amigos Maria y Derek, de Cornellà. Llevan bolsas con vodka y zumo de mandarina y saben que si van a plaza España la policía se quedará con las botellas, aunque sean de plástico. Pasado el Puerto Olímpico, en el paseo marítimo y las playas de la Barceloneta también hay gente, pero mucha menos: unos pasean y otros están en pequeños grupos en la playa. El perfil es de gente más mayor y muchos vienen de las cuatro discotecas que tienen terraza y son de las únicas de la ciudad que pueden abrir hasta las tres de la madrugada, solo en el exterior.

Sobre la firma

Clara Blanchar

Centrada en la información sobre Barcelona, la política municipal, la ciudad y sus conflictos son su materia prima. Especializada en temas de urbanismo, movilidad, movimientos sociales y vivienda, ha trabajado en las secciones de economía, política y deportes. Es licenciada por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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