SWAB llega con más colores y galerías que nunca

La feria de arte contemporáneo de Barcelona celebra su 14ª edición más concurrida y figurativa

'Ready for it', pieza de Alejandro Monge que puede verse en la feria de arte contemporáneo SWAB.
'Ready for it', pieza de Alejandro Monge que puede verse en la feria de arte contemporáneo SWAB.

Se estrenó rodeada por la desconfianza del sector y tuvo que luchar por superarla y consolidarse en un panorama saturado de ferias. Celebró su décimo aniversario el 1 de octubre de 2017 y aguantó el año del Covid trasladándose a Internet. La feria de arte contemporáneo SWAB alcanza su 14ª edición en Barcelona con el mayor numero de galerías de su historia, 80, de las que 15 son de la capital catalana, 10 del resto de España y 75 procedentes de 28 países, lo cual en estos tiempos ya es un logro de por sí.

Está siendo un éxito también el programa, que reúne medio centenar de coleccionistas invitados, algunos de primerísima fila, como el búlgaro Stephan Stoyanov (que adquirió una pieza de Sofie Svejdová en Karpuchina Gallery de Praga) o una coleccionista de Miami, asombrada por los precios, que a los 15 minutos había comprado ya dos obras de Cave y prometía volver al día siguiente.

Alejandra Castro, la filántropa chilena afincada en Dubái, se hizo para su proyecto MIA de arte de mujeres con una pieza con capas de tul superpuestas de Teresa Giarcovich de la galería argentina Piedras, que hace dos años fue reconocida como la mejor galería de la prestigiosa Liste de Basilea. El propietario argentino Santiago Gasquet se ha encargado del comisariado de Emerging, una sección formada por 12 galerías de menos de cinco años.

“Este año apostamos por un formato híbrido. La venta en línea funcionó muy bien el año pasado y en este ha empezado fuerte desde el primer día”, asegura Joaquín Díez-Cascón, fundador y director de SWAB. En esta edición se ha aliado con la plataforma sueca Artland, que ofrece la posibilidad de contemplar las obras de la mejor de las maneras posibles si es que no se puede estar físicamente frente a ellas: en un espacio 3D navegable a 360º; y también adquirirlas sin necesidad de descargar programas o instalar aplicaciones. El éxito de la venta en línea está siendo tal que, tras el cierre hoy domingo de la feria física en el Pabellón Italiano de Montjuïc, la versión virtual se mantendrá activa hasta el día 24.

Precios asequibles

“SWAB refleja fielmente el arte del momento, manteniendo su objetivo primigenio: reunir galerías internacionales emergentes con una gran proyección y fomentar el nuevo coleccionismo a partir de precios que sean bastante accesibles”, continúa Díez-Cascón, que sitúa el abanico de precios entre el euro de las rebanadas de pan de la barcelonesa Joana Capella y los 43.000 euros de un ensamblaje sobre lienzo de la argentina afincada en Nueva York Liliana Porter, que se vende en Espacio Mínimo, una de las grandes galerías madrileñas que participa por primera vez en SWAB.

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De Madrid ha venido también Max Estrella, con un puesto de fotografías del Concierto para el bioceno, realizado el año pasado en el Teatro del Liceo por Eugenio Ampudia, una de las cuales ha sido adquirida por la colección OlorVisual.

Todos los coleccionistas catalanes, por su parte, han acudido a la cita. Así, la fundación DKV ha comprado una pintura de Vicent Machi en la valenciana Vangar; Sorigué, una pieza de la chilena Isidora Villarino, y Vila Casas, una pintura matérica de Mercedes Mangrané en Anna Mas. La galería ADN, fiel a la convocatoria desde su primera edición, vendió una pieza de Alain Carrasco nada más abrir y Senda, que vuelve después de una larga ausencia, recibió el premio a la mejor artista joven con Carla Cascales.

Saberes arcaicos

“Las obras ponen de manifiesto el renacer de la ilusión. De los matices del blanco y negro pasamos a una explosión de color y a la reivindicación de materiales cotidianos, papel, lienzo, piedra y mucho tejido. Regresan las manualidades, la artesanía y los saberes arcaicos”, explica Díez-Cascón, que para su colección personal comprará dibujo, la disciplina más presente en SWAB junto con la pintura.

El renovado interés por la figuración y la formalización de la pieza no está reñido con la aproximación conceptual: las obras hablan de sostenibilidad, emergencia ecológica, conflictos sociales y discriminación, buscan autenticidad y recuperar la relación con el entorno próximo y también con el planeta. El color triunfa, pero lejos de ser una deriva neo-pop, parece más bien un revulsivo de la época oscura que queremos dejar atrás.

La fotografía aguanta; el vídeo decae

Los tiempos están cambiando y el coleccionismo también parece buscar sosiego y apostar por obras menos arriesgadas y más sencillas de disfrutar. Junto a la pintura, la gran triunfadora de esta edición, la fotografía mantiene una presencia notable, pero vídeos e instalaciones han desaparecido, con la excepción de las sugerentes proyecciones sobre piedra caliza de Diego Lama en la galería Paseo Punta del Este de Lima y el montaje minimalista de Violeta Mayoral y Diego Paonessa, que crean figuras con grafito mediante impulsos electromagnéticos, en etHall de L’Hospitalet. Las obras sobre papel, que desde hace unos años cobran cada vez más adeptos, se exhiben tanto en la sección general como en el apartado específico On Paper, comisariado por Carolina Díez-Cascón, donde sobresale la búsqueda de espontaneidad e inmediatez, así como la reivindicación de la importancia del gesto del artista.

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