Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Crisis policial: ¿más coches y nueva uniformidad?

La pandemia y algunos fenómenos sociales, botellones a la cabeza, han puesto de manifiesto es que lo que está en crisis es del modelo policial como tal, en toda su complejidad

Un momento de la manifestación celebrada este sábado en Barcelona. / JOAN SÁNCHEZ
Un momento de la manifestación celebrada este sábado en Barcelona. / JOAN SÁNCHEZ

El pluralismo sindical es un hecho, es decir que por cada rama de actividad profesional hay tantas organizaciones como maneras de velar por los intereses de sus afiliados. Y si dejamos aparte el ritual unitario del 1 de mayo , la unidad sindical en sentido estricto no es muy frecuente. Por ello, cuando hay unidad sindical ante un hecho significativo, se nota, y en el caso que nos ocupa, la hay. Todas las organizaciones sindicales de todas las fuerzas policiales que hay en Cataluña mostraron hace poco una indignación unánime, acompañada de una convocatoria unitaria de manifestación —2.000 agentes, según la Guardia Urbana— por el modo como a su parecer les ignora y les ofende el Parlament de Cataluña, empezando por el propio Govern.

En una sesión de control al Govern a primeros de mes, el PSC presenta una moción de apoyo cerrado a Mossos y Policías Locales ¿qué menos?, se acaba la sesión y ningún grupo parlamentario de la mayoría, encabezada por el Govern es capaz de apoyar esta propuesta (u otra equivalente). Después, todo han sido matices, y con varios días de retraso el conseller de Interior se descuelga con una oferta…¡irresistible! Les compraremos cuatrocientos coches más, uniformes nuevos y habrá una nueva convocatoria de plazas.

Hemos visto demasiadas veces que los policías aguantan de todo ante manifestantes que saben que nos les pasará nada

Lo que la pandemia y algunos fenómenos sociales, botellones a la cabeza, han puesto de manifiesto es que lo que está en crisis es del modelo policial como tal, en toda su complejidad. En Madrid, de modo razonable, ante un botellón de más de treinta mil personas de comportamiento del todo imprevisible, los mandos policiales renunciaron no hace mucho a intervenir; aquí tres cuartos de lo mismo. Hemos visto a un puñado de agentes tener que acabar huyendo a la carrera ante un grupo muy numeroso de energúmenos que les tiran de todo. Hemos visto demasiadas veces que los policías han de aguantar de todo (físicamente incluso) ante manifestantes que van a la gresca, porque saben que no les pasará nada, y si aquellos (los policías) cursan denuncias, el Govern no las tramita (sic!) porque así son las exigencias de la CUP, un selecto grupo de revolucionarios de sobremesa que en las últimas elecciones sacó el 6,6% de los votos.

En Francia, desde las manifestaciones de los chalecos amarillos hasta las actuales contra todo control sanitario, hay pintadas que dicen “¡policía, suicídate!”, y también allí los sindicatos policiales han dicho basta. Un político francés me dijo una vez que un gobierno no puede permitirse una policía indisciplinada, y a cambio la policía (para que sus miembros puedan ser sancionados cuando proceda) ha de sentirse respaldada, y no solo por el Gobierno, sino por la totalidad de las fuerzas parlamentarias, y ya puestos, por la mayoría de la sociedad. Cada vez que pasa algo grave (y Torra decía a los CDR “Apreteu, apreteu!”), en sede parlamentaria todo serán florituras de salón, incluyendo también a su manera a la oposición en su aburrido pim pam pum contra el Govern. Mientras, habría que ir pensando en una policía con una estructura, funciones y formación a la altura de un futuro muy complicado. Para empezar, sería indispensable extraer este tema de los ridículos y pobres enfrentamientos entre políticos y sus corifeos mediáticos: es de sentido común.

La policía ha de sentirse respaldada, y no solo por el Gobierno, sino por todas las fuerzas parlamentarias

Pero en segundo lugar, la reflexión de fondo ha de ser sobre la creciente inadaptación o desajuste entre los modelos policiales actuales, y las aceleradas mutaciones de los problemas que han de gestionar. En Italia el otro día el primer ministro Draghi y el secretario general de la CGIL (el primer sindicato del país) salieron juntos a la puerta de la sede sindical para denunciar el asalto fascista de que fue objeto. Los fascistas, de extremísima derecha y nada pacíficos, marchaban cantando Bella Ciao (¡sic! (en Barcelona y en Madrid ha pasado ya un par de veces). O los convocantes anuncian que se manifestarán para denunciar la Agenda 2030 y en realidad montan una manifestación homófoba y también fascista.

¿Cómo reflexionar sobre los cambios estructurales necesarios en el modelo policial? Desde luego yo no empezaría por una “comisión de investigación” parlamentaria… ¡Ah! Disculpen, esas mismas fuerzas de la mayoría y del Govern, que negaron su apoyo a los Mossos, han anunciado hace pocos días la puesta en marcha de una “comisión investigación” parlamentaria para “fiscalizar la mala praxis policial”, encabezada por la diputada Sabater, de la CUP. ¿En serio? Si va de mala praxis, estos grupos de la actual mayoría debería empezar por analizarse a sí mismos. Antes se llamaba “examen de conciencia”.

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