El difícil encaje de los molinos de viento en Barcelona

El Consorcio del parque de Collserola asegura que el incipiente proyecto de levantar aerogeneradores tendría un impacto ecológico negativo

La torre de telecomunicaciones de Collserola tiene una altura de 288 metros, 100 más de los que tendrían los aerogeneradores propuestos.
La torre de telecomunicaciones de Collserola tiene una altura de 288 metros, 100 más de los que tendrían los aerogeneradores propuestos.Alex Onciu

Instalar molinos de viento en el Parque de Collserola de Barcelona no es posible. Así de tajante se expresa Joan Vilamú, jefe de Medio natural y Territorio del consorcio rector de esta zona verde protegida. La propuesta para ubicar dos aerogeneradores en los límites de Barcelona, y que ha recibido el apoyo de la alcaldesa, Ada Colau, no es posible porque lo impide el decreto ley que regula la implantación de energías renovables. Vilamú añade que también lo impide el nuevo plan especial de protección del parque, aprobado el pasado abril por la Generalitat.

Viure de l’Aire, la asociación promotora de la iniciativa, admite en su informe de prospección que existen estos obstáculos legales, aunque subraya la posibilidad de ampararse en un apartado del decreto ley que establece que “mediante estudios y análisis específicos, que han de reflejarse en un plan territorial sectorial, puede modificarse y precisar el criterio” para introducir otros usos en el parque. Vilamú recuerda que todavía no hay ningún plan territorial que regule estas excepciones. El plan territorial catalán para los centros de generación de energías renovables debe ser acordado en los próximos seis meses bajo los auspicios del Govern. “Este plan”, reza la ley, “debe determinar la producción de energía de cada comarca en función de su demanda y teniendo en cuenta criterios de solidaridad intercomarcal para conseguir los objetivos a nivel global”. Cataluña, como el resto de España, debe cumplir con los compromisos europeos de despliegue de energías renovables.

Colau apadrinó el proyecto de Viure de l’Aire la semana pasada desde Glasgow (Reino Unido), donde se celebra la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La alcaldesa incidió en que la importancia del proyecto radica, más que en su limitada capacidad de generar electricidad, en que sería “un mensaje testimonial de corresponsabilidad de Barcelona”. En Cataluña existe una elevada oposición popular a los parques eólicos por su impacto en el paisaje, pero también porque hay comarcas que consideran que la distribución de los campos de aerogeneradores no está equilibrada.

Viure de l’Aire manifiesta en su documentación que su plan busca “cambiar el paisaje de la ciudad” para “hacer visible la transición energética”. Los dos aerogeneradores que quieren levantar tendrían 170 metros de altura —la torre de telecomunicaciones de Collserola mide 288 metros— y una potencia cada uno de 6 megavatios, lo que equivaldría a generar suficiente electricidad anual para 8.800 hogares. El objetivo es abrir el proyecto a los barceloneses, tanto a particulares como a pequeñas empresas o entidades, que podrán adquirir participaciones —todavía está por determinar la forma legal de la futura empresa, cooperativa o comunidad de bienes—.

La sierra de Collserola es pobre en velocidad del viento comparado con otras localizaciones de Cataluña, confirma Cristian Fàbrega, profesor de la Facultad de Física de la Universidad de Barcelona, por lo que “la rentabilidad es posible pero sería mínima”. “Tiene más sentido que sea un proyecto participativo para concienciar a la ciudadanía”, dice Fàbrega. Y es así como se presenta Viure de l’Aire en su página de internet: “Es cierto que el recurso eólico del área de Barcelona es limitado, lo que hace que no sea atractivo para proyectos comerciales. Los estudios preliminares indican que es suficiente para un proyecto participativo en el que la prioridad no son los beneficios económicos sino un retorno en impacto social”.

La propuesta de Viure de l’Aire cumpliría de momento con importantes condiciones del recientemente aprobado decreto ley de aceleración del despliegue de energías renovables. Este decreto, que actualiza el anterior de 2019, prioriza los pequeños parques eólicos que tienen el apoyo de las comunidades locales y que incentivan la participación ciudadana. No solo el Ayuntamiento gobernado por los comunes y el PSC da apoyo a los dos aerogeneradores, sino que también están a favor Esquerra Republicana (ERC) y Junts, los dos principales partidos de la oposición municipal —y socios en el Gobierno de la Generalitat. “Es un proyecto que marca el camino, que tiene un simbolismo como el que tuvo la gran placa fotovoltaica del Fórum de las Culturas en 2004″, opina Max Zañartu, concejal de ERC. Aunque este apoyo podría quedar en nada, admite Pep Puig, impulsor de Viure de l’Aire, si los molinos se acabaran levantando en la demarcación de Cerdanyola del Vallès y la de Montcada i Reixac: las dos localizaciones idóneas en las que quieren realizar pruebas de fuerza del viento están justo en los límites de estos dos municipios con Barcelona. En este caso, el Consistorio barcelonés tendría poco que decir.

Impacto en la fauna

Vilamú advierte que los terrenos señalados como los más convenientes para instalar los molinos se encuentran a menos de un kilómetro de distancia de centros habitados, que es la distancia de seguridad establecida en el decreto ley, además de que se trata de una importante zona de migración de aves. Vilamú añade otro factor: una de las ubicaciones cuenta con una protección especial por su importancia para la nidificación de aves rapaces. El responsable de Medio Natural y Territorio del Consorcio igualmente considera que los dos aerogeneradores irían en contra del artículo 21 del Plan Especial de protección de Collserola. Este punto exige que “cualquier actuación de edificación o de implantación de actividad o de usos debe realizarse de manera que se minimice su impacto negativo sobre el paisaje y, en general, se ha de evitar la localización de cualquier edificio o instalación en los puntos de elevada visibilidad”.

“En este país predomina una visión de los parques naturales más del siglo XIX que del siglo XXI”, valora Puig, “En la actual situación de emergencia climática tenemos que ser más abiertos”. El socio fundador de Viure de l’Aire y Cristian Fàbrega coinciden en que sería positivo incorporar en Cataluña las recientes recomendaciones de la Comisión Europea para adecuar la energía eólica a los espacios ecológicos protegidos en la Red Natura 2000 de la Unión Europea. “Está demostrado que se puede realizar un aprovechamiento específico en espacios protegidos manteniendo su integridad ecológica”, afirma Puig.

Climent Molins, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), también se muestra favorable a integrar los dos molinos en Collserola: “En Europa hay molinos incluso en zonas con menos viento. Ponerlos en Barcelona es un mensaje de que nos lo creemos. Además, en 20 años, una vez amortizados, los puedes desmontar y no queda nada”. Molins, uno de los más destacados expertos en España en aerogeneradores flotantes, cree que sería un mensaje incluso más potente instalarlos en el mar, pero la tecnología de plataformas flotantes —la necesaria para la elevada profundidad del Mediterráneo— todavía es incipiente y el coste sería como mínimo del doble que en tierra. “Barcelona no es una zona con una velocidad media del viento alta. Los molinos en Collserola tendrían un 40% del viento que tienen los aerogeneradores a 20 kilómetros en el mar. Pero en la situación actual es necesaria una acción afirmativa así”, dice Molins. Fàbrega asegura que una prueba piloto de molinos flotantes en el litoral barcelonés solo sería posible con la implicación de la administración pública porque es una apuesta económicamente ruinosa.

Sobre la firma

Cristian Segura

Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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