OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El desconcierto catalanista

Tras la fallida revuelta de 2017, el resultado conseguido por los nacionalistas es el contrario al de la salvación y la plenitud prometidas

El expresidente la Generalitat, Jordi Pujol.
El expresidente la Generalitat, Jordi Pujol.Albert Garcia

El atribulado ir y venir de las últimas semanas de los partidos catalanistas acerca de cómo afrontar el fin de la inmersión lingüística en catalán en las escuelas indica que andan buscando algo, pero no lo encuentran. El frenesí negociador se debe a que ha llegado el día en que, impuesto por los jueces, se materializa lo que Rudolf Ortega definía el domingo en este diario como “el final del paradigma” que ha regido durante casi 40 años en la política lingüística aplicada por los gobiernos de la Generalitat. Y lo que se muestra en el escenario político es un enorme desconcierto, una fenomenal desorientación.

No es para sorprenderse, habida cuenta de que venimos directamente de otras zozobras, de las que esta imposición política por vía judicial es una más. Entre los naufragios de los últimos años se cuentan hechos tan relevantes como que Cataluña se gobierne desde 2010 por un Estatuto que no es el que votaron los ciudadanos. Y, posteriormente, una revuelta encabezada en 2017 por el propio presidente de la Generalitat de aquel momento, Carles Puigdemont, que se saldó con su destitución por el Gobierno central, la cárcel y/o el exilio de los protagonistas del intento y una larga estela de persecuciones judiciales que todavía dura.

Un veterano político catalanista, Raimon Obiols, uno de los fundadores del PSC, ha descrito recientemente así la situación actual de Cataluña, tras la larga experiencia de gobiernos nacionalistas y su revuelta independentista: “Hoy tenemos un país dislocado, agrietado, y podríamos llegar a una Cataluña definitivamente escindida por razones de lengua, cultura y emociones; partida en comunidades etnolingüísticas separadas por sentimientos impermeables de identidad”.

Obiols fue el líder de la oposición parlamentaria a los gobiernos de Jordi Pujol desde 1984 hasta 1995 y ha dedicado una parte de su último libro, El temps esquerp, a analizar la génesis del estallido de 2017. Las décadas de dominio del pujolismo en Cataluña se basan, explica Obiols, en que logró aplicar lo que uno de los dirigentes de Convergència, David Madí, calificaba en 2007 como la receta del éxito, el equivalente en política de la fórmula química secreta de la Coca Cola. Es esta: “Catalunya = Pujol = CiU = catalanismo = Generalitat = prestigio de gestión = todos los catalanes”.

El presunto secreto es una versión adaptada de la vieja y conocida fórmula de todos los nacionalismos, el “nosotros” contra “ellos” difundida en el caso de Pujol con una reiterada advertencia de que se trata de una lucha por la supervivencia de la nación como tal. Es una vía maniquea, que lleva inexorablemente a la exclusión de una parte de la sociedad, a la que se considera enemiga. Y es una idea agónica de la existencia de Cataluña que a la postre ha sido asumida por sus seguidores. Tras la fallida revuelta de 2017, Obiols apunta que al final, sin embargo, el resultado conseguido por los nacionalistas es el contrario al de la salvación y la plenitud prometidas. La situación que describe Obiols responde a una ecuación muy distinta a la que entusiasmaba a Madí. Es esta: ”Cataluña = divisiones políticas a ultranza = grietas sociales y culturales = disputas partidistas sobre las lenguas = autogobierno debilitado”. Y desconcierto, mucho desconcierto.

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