Jordi Puigneró, el vicepresidente ausente

Los proyectos del número 2 del Govern, que ejerció la semana pasada de ‘president’ en funciones, quedan desbaratadas por la pugna entre Esquerra y Junts

Jordi Puigneró (izquierda), junto al presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, y la consejera de Presidencia, Laura Vilagrà.
Jordi Puigneró (izquierda), junto al presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, y la consejera de Presidencia, Laura Vilagrà.Enric Fontcuberta (EFE)

Jordi Puigneró ha ejercido esta semana pasada funciones de president de la Generalitat, un cargo que asumió en calidad de suplente, al estar Pere Aragonès de vacaciones en el extranjero. Perjudicado por las tensiones que mantienen Esquerra y Junts per Catalunya en materia de infraestructuras y penalizado por su rol secundario en su propio partido, Puigneró no se despega de una etiqueta que lo encasilla como un vicepresidente con escasa presencia. Iniciativas que venían avaladas con su nombre y apellido han merecido desmentidos del propio Govern, y han dejado en entredicho su jerarquía en el Ejecutivo.

La ampliación del aeropuerto de Barcelona-El Prat o las obras del Cuarto Cinturón eran grandes apuestas que llevaban su impulso, hasta que Aragonès y Esquerra activaron el freno de mano. Tampoco ha convertido en realidad los recurrentes anuncios acerca de una supuesta estrategia para arrebatarle a la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, los mandos de los trenes de Rodalies, y se ha visto salpicado por el desbarajuste crónico en la autopista AP-7, desde que se levantaron los peajes. Su cartera engloba las competencias de Territorio y Políticas Digitales, pero al no poder atribuirse méritos en infraestructuras ni inaugurar grandes obras de hormigón, se refugia en los asuntos tecnológicos para reivindicarse. “Cataluña es un referente tecnológico mundial”, repite. Este sábado visitó las obras del despliegue de fibra óptica en la Vall de Cardós (Lleida) donde donde afirmó que esa inversión sirve para que las empresas hagan actividades tecnológicas más allá del “rafting y la nieve” además de acusar a los ministros del PSC (Raquel Sánchez y Miquel Iceta) de tener abandonado al Pirineo.

Aragonès le reconoce su implicación en AINA, un proyecto digital basado en la tecnología de datos y la Inteligencia Artificial para que las máquinas y los ordenadores puedan operar en catalán. “Es un proyecto trascendental y transformador”, valoró el president en su último discurso antes del descanso veraniego. Menos felicitaciones le ha reportado últimamente a Puigneró su plan para lanzar nanosatélites catalanes al espacio. La puesta en órbita de una segunda unidad de estas piezas espaciales estaba programada para este año, pero el despegue estaba contratado en Kazajistán y la invasión rusa de Ucrania obligó a alterar la agenda.

Pese a su dominio de las nuevas tecnologías, es ingeniero informático, Puigneró no ejerce de influencer dentro del Ejecutivo. Antaño, figuras como Oriol Junqueras, Josep-Lluís Carod-Rovira, Joana Ortega o el propio Aragonès se reivindicaron como actores con peso en la hoja de ruta del Govern, mientras que Neus Munté pudo reforzar su papel combinando la vicepresidencia con las tareas de portavoz. La huella de Puigneró en la Generalitat, en cambio, se ha ido difuminando, al tiempo que también le tiembla la silla dentro de su partido, Junts per Catalunya, pese a ser un allegado del fundador, Carles Puigdemont. El liderazgo de Laura Borràs en la formación apenas admite el contrapeso de Jordi Turull.

Puigneró, que en su día descartó competir en unas primarias con Borràs, vio como a la hora de confeccionar el orden de la lista para las elecciones del 14-F las bases lo colocaban por detrás de Joan Canadell, Elsa Artadi y Jaume Alonso-Cuevillas. En el partido, resuenan los siseos que critican el poco rédito que saca el vicepresidente de su puesto. Era la teórica pieza fuerte de Junts en el Ejecutivo, pero su evanescencia se compara con la relevancia que han arañado Jaume Giró o Josep Maria Argimon, consejeros de Economía y Salud, respectivamente.

El mes pasado, al abrirse juicio oral contra Laura Borràs por fraccionar contratos, se organizó un acto en el Ateneu Barcelonès para apoyar a la que entonces era presidenta del Parlament. Puigneró no acudió al homenaje y colgó en las redes sociales un mensaje para Borràs. Disculpó su ausencia alegando que estaba de “excursión” y acompañó el texto con una foto suya en el monte.

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El president Pere Aragonès cerró el curso político con una comparecencia donde agradeció la labor de todos sus consejeros y alabó la “cohesión” del Ejecutivo. Sus palabras chocan con las tensiones constantes que han escenificado Junts y Esquerra. Proyectos de Puigneró han embarrancado azuzados por esas disputas. El caso más llamativo es el de la ampliación del aeropuerto de Barcelona-El Prat, que llevaba aparejada una inversión de 1.700 millones de euros por parte de Aena y que Esquerra bloqueó en el último momento alegando un coste medioambiental inaceptable. Caso parecido sucede con el tramo del Vallès del Cuarto Cinturón. La conexión entre Sabadell, Terrassa y Castellar por la B-40 pone de acuerdo a consejería de Territorio y al Ministerio de Transportes, pero disgusta a ERC. El partido señala que la obra es un ejemplo de “modelos de movilidad caducos” y habla de patrones de gestión de la obra pública propios de la sociovergencia.

Desde el entorno del vicepresident se pone de relieve que sus esfuerzos en materia de movilidad están puestos en Rodalies. Sin embargo, pese a los desafíos lanzados al Gobierno, Puigneró tampoco puede apuntarse logros de calado que hayan repercutido en ganar competencias para mejorar la achacosa red de trenes de cercanías. El papel institucional del vicepresidente se ha visto erosionado por el repudio de Junts a la Mesa de Diálogo. Las conversaciones con el Gobierno las ha capitaneado Laura Vilagrà. “Hay quien la llama vicepresidenta”, revela un alto cargo de Esquerra en el Govern.

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