Las obras de la mayor peatonalización en el centro de Barcelona arrancan entre dudas de vecinos y comerciantes

La principal apuesta de movilidad verde de Ada Colau se inicia a contra reloj nueve meses antes de las elecciones municipales

Obras de la Supermanzana del Eixample barcelonés, en la intersección de Consell de Cent con Calàbria, este martes.
Obras de la Supermanzana del Eixample barcelonés, en la intersección de Consell de Cent con Calàbria, este martes.Massimiliano Minocri

El Eixample barcelonés se llenó este martes de técnicos con petos amarillos, taladros y camiones en los chaflanes. Las obras del proyecto más importante en movilidad (junto a la reforma de la Via Laietana) en los siete años de Ada Colau como alcaldesa, la supermanzana del Eixample, se han iniciado en los cuatro ejes verdes de las calles de Consell de Cent, Girona, Rocafort y Comte Borrell. Las intervenciones para vaciar de coches las concurridas calles y la creación de cuatro nuevas plazas arrancan contra reloj antes de las elecciones municipales del próximo 28 de mayo. La previsión es que estén terminadas solo un mes antes de la llamada a las urnas, con lo que el Consistorio evitaría así el posible desgaste electoral de acudir a elecciones con el distrito central de la ciudad patas arriba. La incerteza entre vecinos y comerciantes se impuso en el primer día de obras.

En ocho meses está previsto que se ganen 58.000 metros más para los peatones en este gran distrito central de la ciudad ideado por el urbanista Ildefons Cerdà y que a vista de pájaro hace inconfundible a la ciudad. El Ayuntamiento lo apuesta todo con la superilla del icónico, pero también denso y contaminante, Eixample (a diario circulan por él 350.000 coches). El Consistorio ve en este proyecto el mejor ejemplo de modelo transformador de ciudad verde y sostenible en un contexto de emergencia climática que se contrapone al de otras ciudades como Madrid, más benevolente con los coches.

Pancartas con quejas por la subida de precios en un edificio del Eixample.
Pancartas con quejas por la subida de precios en un edificio del Eixample. Massimiliano Minocri

El proyecto, sin embargo, se inicia con dudas entre vecinos y comerciantes y también con la incerteza en los tribunales: la Fiscalía abrió una investigación el pasado febrero a raíz de una denuncia de la plataforma Salvem Barcelona, aunque el juzgado del Contencioso-administrativo 16 de Barcelona rechazó la petición de adoptar medidas cautelares que permitieran la paralización del inicio de las obras, algo que habría supuesto un gran varapalo al Gobierno municipal ante una campaña electoral que se prevé muy reñida entre Comunes, PSC (socio de Gobierno de Colau) y ERC.

La consolidación de Barcelona como una ciudad más acogedora para los peatones y arbolada es una de las principales apuestas de la alcaldesa y el modelo transformador de ciudad que quiere que se mantenga en el futuro, repita o no tercer mandato. También lo ve como uno de los proyectos que cambiarán la ciudad en un momento de emergencia climática y por el que se recordará, siempre que funcione, a su Gobierno. El cerco a los coches se extiende. Primero fueron supermanzanas en cascos antiguos, como Gràcia u Horta. Luego, ya con Barcelona en comú en la alcaldía, la superilla del Poblenou, en trama cuadriculada como la del Eixample. El gran salto llegó con el entorno de Sant Antoni, aplaudida por los comerciantes de la zona.

Las obras, con un presupuesto de 52 millones, se han iniciado oficialmente ayer, aunque en Consell de Cent, hasta ahora una de las arterias principales para desplazarse en coche por el Eixample y esquivar la Gran Via cuando esta se colapsa de coches, ya se empezaron a realizar actuaciones días antes de que el Gobierno central declarara el confinamiento por la covid, en marzo de 2020. Se dejó un solo carril para aparcar (con zona azul), otro de circulación, y el resto se lo repartieron el carril bici segregado y la acera ensanchada.

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La teniente de Ecología y Urbanismo, Janet Sanz, celebró ayer a pie de obras su inicio. “Suponen un antes y un después en la manera de hacer ciudad, de transformar nuestras calles”, dijo Sanz, que defendió que la actuación también supone preparar la zona como “refugio climático”. Entre las actuaciones se prevé sustituir el asfalto por panot granito como pavimento. También aumentar el número de árboles: el verde pasará de ocupar el 1% al 12% de la vía. Desde finales de agosto, los vehículos que accedan a estas calles no podrán hacer todo el recorrido seguido. Las calles se trabajarán por mitades de manera que no se ocupará simultáneamente los dos lados de la vía y quedará garantizado el acceso a cualquier tramo de calle, a porterías, aparcamientos y vados para vecinos, servicios, bicis y emergencias.

Peligro de gentrificación

El vocal de Urbanismo de la Asociación de vecinos Esquerra del Eixample, Xavier Riu, presente en la convocatoria de prensa, reivindicó que hace más de 20 años que los vecinos reclaman zonas donde hacer comunidad: “Por fin hay un Ayuntamiento que se atreve a hacerlo realidad”. El presidente de la Asociación de vecinos Dreta del Eixample, Jaume Artigas, señaló que la supermanzana es una “victoria del movimiento vecinal”. Con todo, la realidad es que muchos de los vecinos y comerciantes consultados a pie de obra este martes no estaban tan convencidos. Sobre todo, reinaba la incertidumbre. “No estoy en contra de las supermanzanas. Me parecen necesarias. Pero esta en concreto no me gusta porque generará atascos en las calles adyacentes, descansaremos menos y se llenará de suciedad porque la gente hará más vida en la calle y habrá botellones”, explicaba Maite Simon, vecina del número 108 de la calle Rocafort.

Joan Carreras, propietario de la tienda muebles AC Mobles Abite, con más de 60 años en el 133 de Rocafort, una calle muy conocida donde comprar muebles, dice: “La verdad es que nos han escuchado mucho [desde el Ayuntamiento]. Ahora bien, me da miedo, sobre todo estos ocho meses de obras. Nos pueden hacer mucho daño. También que la calle se convierta en peatonal. Temo que los clientes se vayan a Ikea...”, dice Carreras, que ha participado en reuniones técnicas con el Consistorio como representante de los comercios. “En ellas hemos conseguido sacar cosas, como se que se den más plazas para carga y descarga”, añade.

Cerca de la tienda de muebles, en el bar La font de cervesa, su propietaria lo resume así: “De momento mal, aunque en ocho meses puede estar bien para los bares”. En el mismo negocio, Marc Sabater, transportista y vecino del barrio, explica que ya ha perdido en torno a 10 pedidos diarios en la zona y que la subida de precio de los parkings en los últimos meses le ha forzado a dejar el suyo. También teme que el barrio acabe gentrificado y alerta de que los que viven de alquiler, como él, pueden acabar expulsados. “Corremos el riesgo de que el barrio se reconvierta para gente con mucho dinero”, sentencia. En un edificio situado en la intersección de Consell de Cent con Calàbria, algunos vecinos han colgado pancartas por la subida de sus alquileres. En una de ellas se le: “supermanzana, en peligro”.

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Sobre la firma

Carlos Garfella

Es redactor de la delegación de Barcelona desde 2016. Cubre temas ambientales, con un especial interés en el Mediterráneo y los Pirineos. Es graduado en Derecho por la Universidad de las Islas Baleares, Máster en Periodismo de EL PAÍS y actualmente cursa la carrera de Filosofía por la UNED. Ha colaborado para otros medios como IB3 y Ctxt.

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