Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un gobierno roto

Además de una desavenencia grave sobre un asunto político esencial de los respectivos programas, el debate puso claramente de manifiesto la falta de confianza entre Junts y ERC

Pere Aragones, en la sesión plenaria en el Parlament de Catalunya.

Foto: Gianluca Battista
Pere Aragones, en la sesión plenaria en el Parlament de Catalunya. Foto: Gianluca BattistaGianluca Battista

La sesión parlamentaria del martes que el presidente de la Generalitat Pere Aragonès comenzó a las 11.30 de la mañana como un debate sobre la orientación de su Gobierno de coalición terminó cerca de las 23.00 de la noche con los dos socios, Esquerra y Junts per Cat, con las espadas en alto el uno contra el otro. El gobierno catalán estaba roto, a la espera de ver cuál de los dos aliados descarga el golpe mortal.

El debate había escenificado un claro desacuerdo. Es este: Junts exige a Esquerra que meta al Gobierno de la Generalitat en un organismo político de dirección estratégica del movimiento independentista, con el objetivo de instaurar la república catalana. Esquerra rechaza esta pretensión. Aragonès proclamó solemnemente, en su última intervención en el debate, que no hará lo que le reclaman sus socios. Aunque no lo citó, aseguró que no va a repetir una apuesta como la de 2017, que llevó a la intervención de la Generalitat por el Gobierno de España. Y animó a Junts a actuar en consecuencia. Si creen que eso les obliga a dejar el gobierno, allá ellos.

A juzgar por lo dicho por el portavoz de Junts, Albert Batet, su partido está instalado en la creencia de que al movimiento independentista solo le falta que sus dirigentes se decidan a dar el paso para que la independencia sea un hecho. Una vuelta al unilateralismo practicado en 2017. De ahí que se negara a apoyar en el debate la propuesta lanzada por Aragonès para negociar con el Gobierno de España las condiciones para celebrar un referéndum pactado. La fórmula aportada por Aragonès sigue en líneas generales la adoptada en Canadá ante las demandas de Quebec. El marco para la negociación es la Mesa para el Diálogo.

Además de una desavenencia grave, puesto que se produce en un asunto político esencial de los respectivos programas políticos, el debate puso claramente de manifiesto otro aspecto relevante en toda crisis gubernamental, la falta de confianza. Batet lo dijo sin tapujos. ¿Por qué debemos confiar en ustedes, si no han cumplido lo comprometido al principio de la legislatura?

Cuando se llega a este punto, las cosas empiezan a ponerse serias. Batet retó a Aragonès a presentar una moción de confianza en el Parlament. Aragonès se negó en redondo. En ese momento quedó claro que había llegado la hora de pensar en alternativas. El común empeño soberanista ha mantenido la alianza de ERC y Junts durante la última década, pero la permanente disputa entre ambos para lograr la hegemonía en el movimiento independentista ha provocado un enorme desgaste, que ahora les empuja a romper.

El desarrollo del debate parlamentario había permitido vislumbrar, por otra parte, que quizá son posibles otras fórmulas de gobierno, u otras mayorías parlamentarias. La actitud del líder de la oposición, el socialista Salvador Illa, y de la portavoz de En Comú Podem, Jéssica Albiach, y su predisposición a negociar asuntos tan importantes como los presupuestos de la Generalitat para 2023 induce a pensar que quizá sería viable un gobierno de ERC en minoría. Al fin y al cabo esta es la situación en que se halla el gobierno de Pedro Sánchez, al que es justamente Esquerra Republicana la que le aporta los diputados necesarios para alcanzar la mayoría parlamentaria.

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