“Nos ha tocado estar aquí pero no deberíamos. Hay una incompetencia brutal”

Los activistas climáticos de la agrupación ‘End Fossil’ pernoctan su quinta noche consecutiva en la Universidad de Barcelona hasta acordar cambios en el plan docente y eliminar los vínculos del centro con industrias contaminantes

Asamblea del movimiento ecologista juvenil 'EndFossil Barcelona' ocupando el claustro de la UB el 3 de noviembre.
Asamblea del movimiento ecologista juvenil 'EndFossil Barcelona' ocupando el claustro de la UB el 3 de noviembre.EndFossil Barcelona

Una docena de jóvenes trabajan a unos 15 grados en un espacio improvisado con sus portátiles, cuadernos y teléfonos sentados en sillas plegables en el claustro del edificio histórico de la Universidad de Barcelona (UB). Podrían estar en la biblioteca haciendo un trabajo en grupo, pero están organizando actividades de todo tipo rodeados de tiendas de campaña, pancartas y tablones para organizar tareas como reuniones, presupuestos y campañas. Llevan cinco días ocupando pacíficamente la universidad del centro de Barcelona en señal de protesta y no tienen previsto abandonar hasta que el equipo del rector aplique varias medidas para combatir la crisis climática desde la UB.

Este grupo protagoniza la primera acción del movimiento juvenil internacional ‘End Fossil’ en la capital catalana desde el pasado miércoles. Desde su creación en mayo, esta entidad ocupa campus universitarios de forma pacífica para mostrar su rechazo a la utilización de combustibles fósiles. Hay perfiles diversos en los universitarios que participan, desde novatos hasta veteranos que han militado en organizaciones ecologistas como Fridays for Future o Extinction Rebellion. Una de sus portavoces, Sara Santana, de 21 años, ha militado en movimientos juveniles por el clima pero es la primera vez que hace una ocupación como esta. Acude a la UB desde la UPF, donde estudia periodismo, y pensaba que se iba a terminar pronto: “El segundo día el equipo de negociación del rector nos dio un ultimátum: o firmáis esto u os váis”. Llevan cinco días, incluyendo el fin de semana, y este lunes a primera hora vuelven a reunirse para pedir dos demandas principales.

La primera es introducir una asignatura de educación ecosocial. Aunque la UB prevé una asignatura sobre sostenibilidad para el próximo curso, Santana insiste en que se necesita un “equipo comprometido de profesores, con el perfil adecuado y enfocado en la crisis climática”. Para la segunda, desvincular a la UB con bancos y empresas vinculadas con la industria de combustibles fósiles, en este caso el Banco Santander y Repsol, EndFossil cree que la universidad tiene margen de actuación. Pau, otro compañero de Santana de 28 años, sostiene que la cátedra que mantiene el centro con la empresa energética supone una “forma de inmovilismo”. “La universidad puede liderar la lucha contra el cambio climático desde la investigación. Esta cátedra la bloquea y el rectorado tiene competencias para cambiarlo”, añade el estudiante de psicología.

Este veterano recuerda que empezó a implicarse en el activismo climático hace varios años después de acudir a varias manifestaciones y de leer algunos artículos del académico Jorge Riechmann. “Cada uno hace su trayectoria, y a veces es difícil mantenerse. Ves que algunos se quedan en el camino porque se van quemando”. El activista resalta la dimensión social del proyecto: “Los cuidados son muy importantes. No puedes criticar a alguien si de repente falla alguna vez y no viene. Somos seres humanos, necesitamos espacios de educación pero también actividades para desconectar”.

Leo, de 23 años, comparte la actitud comprensiva de su compañero: “La gente tiene poco tiempo para dedicarse a esto. Hay mucha precariedad y además las tecnológicas saben diseñar muy bien cosas como Instagram o Youtube para robar ese poco tiempo”. En el marco de las redes, este estudiante recuerda las actuaciones virales en las últimas semanas desencadenadas por una lata de comida desbordada en un cuadro Van Gogh realizadas por un colectivo como el suyo. Recuerda que esos activistas no solo realizan actuaciones puntuales muy mediáticas; también otras “de resistencia” como la ocupación que ellos realizan esta semana en la UB. “Son dos estrategias compatibles: al final lo importante es que se hable de la crisis climática en la agenda”. Leo señala algunos comentarios que ve en su día a día con otros universitarios como él: “Creen que esto solo va de tener algunos grados más en verano. No es casualidad que haya gente poco consciente, es difícil encontrar espacios de reflexión. Nos ha tocado estar aquí pero no deberíamos. Hay una incompetencia brutal”.

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Antes de encerrarse en el claustro de la UB la noche del domingo, queda la mitad de la treintena de acampantes que había inicialmente el miércoles. “El fin de semana suele ser más flojo”, comenta Pau. Pero asegura que, más allá de la pernoctación, a lo largo de esta semana “se han sumado a la protesta estudiantes, asociaciones de la facultad y profesores”, ya sea participando en asambleas o trayendo comida. Su grupo lleva unas cinco horas detrás de las cámaras sin despegarse de las sillas programando más cinefórums, debates, cenas populares o conciertos a los que cualquier pueda sumarse para mantener a flote la protesta.

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