Puig pide a la alcaldesa de París que dedique una calle al héroe valenciano que liberó la capital francesa de los nazis

Burriana, localidad natal del militar Amado Granell, rinde homenaje al “héroe del siglo XX”

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y la consejera de Calidad Democrática, Rosa Pérez Garijo, junto al nieto de Amado Granell, Javier Tarazona, en el homenaje al soldado que liberó París, este lunes en Burriana.
El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y la consejera de Calidad Democrática, Rosa Pérez Garijo, junto al nieto de Amado Granell, Javier Tarazona, en el homenaje al soldado que liberó París, este lunes en Burriana.

Entre los acordes de Los campesinos y los de Ay, Carmela Burriana se ha unido, por fin este lunes, a la lista de territorios que han homenajeado a Amado Granell, el teniente de la compañía La Nueve, la primera que entró en París el 24 de agosto de 1944 y que liberó a la capital francesa de los nazis. La que fue cárcel franquista, convertida hoy en el centro municipal de Cultura de la localidad natal del soldado, ha sido el lugar elegido para el reconocimiento a este “héroe del siglo XX”, tal como lo ha calificado la consejera de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática, Rosa Pérez Garijo, de la que ha surgido la iniciativa de un acto en el que también ha participado el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, quien ha desvelado que ha solicitado a la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que le dedique una calle a este militar valenciano.

“No podía quedarse huérfano del reconocimiento institucional que merece en la Comunidad Valenciana”, ha dicho Puig, quien ha destacado que su figura “supera la épica de la guerra y se adentra en una esfera muy actual: la de una opción política abierta y respetuosa con las libertades públicas de todos”. También Garijo ha hablado del presente y el trabajo para “conseguir un territorio sin fosas comunes y sin vestigios que exalten el fascismo”. “Queremos un territorio lleno de dignidad, de verdad y de justicia”, ha manifestado. Tanto Puig como Garijo han hablado de memoria. De memoria como “palanca” que debe ayudar a cambiar el presente y a mejorar el futuro, según el primero, de memoria para dar un paso más “en este proceso lento, pero que queremos inexorable de restauración de la dignidad de nuestro país a través del resarcimiento de la memoria democrática”, ha indicado la segunda.

La lucha por la libertad ha sido la cualidad que más se ha alabado de Granell quien participó en la guerra civil con el Ejército Republicano, se enroló en la Legión Extranjera Francesa tras viajar a Orán y combatió contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Con un centenar de hombres, se adentró en París, sometida a más de 12.000 soldados del ejército alemán en París, y logró liberar a la ciudad. La portada del diario Libération al día siguiente mostró una fotografía de Granell con los líderes de la resistencia y De Gaulle le invitó posteriormente a liderar el desfile de la victoria bajo el Arco del Triunfo.

Sin embargo, las heroicidades de Granell apenas han sido reconocidas. “Si me hubiese nacionalizado francés, mi lugar en los episodios del 24 de agosto estaría claro, pero como español no es extraño que me han hayan pospuesto y olvidado. No reivindico nada, si acaso el respeto a tantos españoles heroicos y desconocidos”, contó el propio Granell en 1970 al diario Pueblo. “Fue tan discreto como valiente”, ha destacado Cyril Garcia, autor de la primera biografía de Amado Granell, traducida por Francesc Bayarri,

El nieto de Granell, Javier Tarazona, no ha aguantado la emoción al hablar del orgullo de llevar su misma sangre. No conoció a su abuelo pero su abuela le contaba historias, no muchas porque no se hablaba mucho de ello, pero sí de la liberación de París. Con satisfacción y mucho respeto, Tarazona ha hablado también de lo que supuso la dedicación del padre de su madre a sus convicciones. “Es la historia de la defensa a ultranza de la libertad y también del exilio, de familias rotas y de olvido”. Tras sus palabras está la historia de su abuela, y de su madre, que tenía tres años cuando Granell salió de casa para luchar por la libertad de todos. A ambas les pesaba, “claro que les pesaba”, pero no tanto como tener que sobrevivir lavando los uniformes de los soldados de Franco tras la guerra civil.

Amado Granell murió en un accidente de tráfico en la localidad valenciana de Sueca en 1972. Sin honores, ni reconocimiento. Su lápida fue sufragada por el Gobierno de Francia.

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