Las nutrias crecen en los ríos valencianos gracias a una especie invasora, el cangrejo americano, que ha mejorado su dieta

Un estudio de los excrementos de los mustélidos constata el cambio de alimentación que ha permitido su expansión junto con la mejora de la calidad de las aguas

Una nutria en la desembocadura de un río.
Una nutria en la desembocadura de un río.Francisco Valverde

La nutria era un especie en vías de extinción en la Comunidad Valenciana, a principios de la década de los ochenta. Su destino parecía irreversible. Sin embargo, ahora la población de este mustélido acuático se ha multiplicado y su presencia se ha detectado en lugares insospechados incluso hace un siglo. Hoy es un animal vulnerable, pero no en extinción. La mejora de la calidad de los ríos por los procesos de depuración de las aguas residuales a partir de los noventa y la asunción de políticas proteccionistas son dos razones que suelen explicar este incremento. Ahora se ha añadido otra que podría ser clave: la expansión de una especie invasora, el cangrejo americano o cangrejo rojo, que se ha convertido en la dieta principal de las nutrias, según una investigación sobre sus hábitos alimenticios.

El análisis de más de un centenar de deposiciones de las nutrias, realizado desde 2018, constata que el 75% de su alimentación proviene de ese cangrejo invasor, según explica Sales Tomás, gerente de la Fundación Limne, que ha elaborado el estudio en colaboración con la Fundación Aguas de Valencia. “El creciente papel del invasor cangrejo de río americano en la dieta del mamífero amenazado sugiere que los cambios en su nutrición podrían haber influido destacadamente en la recuperación de la especie experimentada en los últimos años”, apunta Tomás.

Gonzalo Juan, guardia rural, que encontró las primeras huellas de nutria en la desembocadura del Mijares, y Sales Tomás, ambientalista y responsable de la Fundación Limne, en una imagen de julio de 2020.
Gonzalo Juan, guardia rural, que encontró las primeras huellas de nutria en la desembocadura del Mijares, y Sales Tomás, ambientalista y responsable de la Fundación Limne, en una imagen de julio de 2020.Mònica Torres

Este cangrejo invasor, que fue introducido en los años setenta, diezmó notablemente la población de cangrejo autóctono, que se ha recuperado un poco con los años, debido a que transmite una enfermedad que al crustáceo americano no le afecta. Pero, por otro lado, el ecosistema ha ido asumiendo su presencia y los depredadores lo han incorporado a su dieta, dando vida. “El ecosistema va aprendiendo; tampoco debemos ser apocalípticos con las llamadas especies invasoras o exóticas , según explica Juan Jiménez, estudioso de la nutria desde los ochenta y biólogo de la Consejería de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, que también ha participado en la investigación.

El caso descrito sería un buen ejemplo de cómo la introducción de una especie invasora provoca importantes desequilibrios y puede llegar a modificar los ecosistemas preexistentes, casi siempre negativamente, aunque para la nutria y en este caso concreto se describe un impacto positivo, apuntan Adrián Lacomba y David Campos-Such, autores del estudio presentado el pasado viernes en la sed de Agencias de Valencia.

De modo que una especie invasora ha contribuido de manera decisiva a salvar de la extinción al menos en la Comunidad Valenciana. También en Castilla-La Mancha se ha detectado en los excrementos el cambio de dieta, agrega Jiménez. Esta investigación, en cualquier caso, pretende abrir las puerta a nuevos estudios que podrán confirmar o relativizar esta hipótesis de trabajo. Sus autores sostienen que “la amplia distribución del cangrejo americano, Procambarus clarkii, parece ser uno de los factores que ha propiciado el aumento de efectivos de nutria, junto a la mejora en los ríos”.

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Además, al no tener demasiados requerimientos medioambientales, el cangrejo rojo se encuentra también en ríos degradados y ecosistemas inestables, lo que amplía “notablemente” las zonas por las que la nutria puede extender su territorio y acceder a nuevas cuencas”, un factor más que propicia su expansión

Después del cangrejo, las nutrias se alimentan de peces autóctonas, de barbos y de manera anecdótica de reptiles, señala Sales Tomás, que exhibió en la presentación un sobre de plástico con una muestra de excrementos que despedía una fuerte “olor a marisco”.

Este cangrejo americano resisten muy bien la naturaleza discontinua, seca y torrencial, que caracteriza a los ríos valencianos de la cornisa mediterránea. “Se cierran en sí mismos, se ocultan en la arena y aguantan bastante”, apunta Jiménez. Gracias a esa resistencia, las nutrias encuentran alimento y su población aumenta, si bien no hay una estimación de su número por la dificultad de este tipo de cálculos al ser una animal muy esquivo, dicen los expertos. Si hay constatación de su indudable presencia en muchos lugares donde antes no había evidencia por la aparición y análisis de sus excrementos.

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Sobre la firma

Ferran Bono

Redactor de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Con anterioridad, ha ejercido como jefe de sección de Cultura. Licenciado en Lengua Española y Filología Catalana por la Universitat de València y máster UAM-EL PAÍS, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria periodística en el campo de la cultura.

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