La algarroba, el nuevo azafrán: de pienso para el ganado a superalimento que ha multiplicado por cinco su valor

El aumento del precio del fruto, por el que llegan a pagarse hasta 2,5 euros el kilo, provoca un incremento de hurtos y lleva a la Guardia Civil a extremar la vigilancia en el campo y los almacenes

Un agricultor muestra un puñado de algarrobas, cuya cotización ha elevado los hurtos en los campos.
Un agricultor muestra un puñado de algarrobas, cuya cotización ha elevado los hurtos en los campos.Mònica Torres

La algarroba, ahora considerada un superalimento, era no hace mucho un humilde pienso para el ganado. Pero su utilidad como espesante alimenticio natural o ingrediente para la industria cosmética y farmacéutica lo ha puesto de moda y su precio cotiza por las nubes. Este fruto, extendido sobre todo por el Mediterráneo, se ha convertido en una especie de joya del secano de España, principal país productor, y atrae cada vez más a los “amigos de lo ajeno” por su gran rentabilidad. En plena campaña de recolección, la Guardia Civil redobla los controles en el campo y en los almacenes para evitar la venta del producto sustraído. Lleva más de 50 toneladas incautadas.

La cosecha de algarroba es este año más escasa de lo normal y se paga a buenos precios. Pero organizaciones agrarias de Cataluña y de la Comunidad Valenciana, dos grandes zonas productoras, advirtieron a principios de agosto su temor a que los hurtos en el campo se multiplicaran. “Este año va bien. El kilo de esta legumbre se pagaba hace tres o cuatro años a 20 o 30 céntimos y ahora se paga a 1,10 euros”, asegura Eduardo Celda, agricultor y recolector de Catadau (Valencia), zona productora de este fruto de color castaño oscuro y sabor dulce. Del vegetal, que se usaba tradicionalmente como forraje para el ganado, se saca azúcar, espesantes alimenticios naturales, o harinas para hacer cacao o chocolate, entre otros usos. De la vaina y las semillas del interior se aprovecha todo y su harina es muy empleada por los veganos.

España, principal productora

No tiene grandes costes de explotación porque no se riega, ya que solo recibe agua cuando llueve, no suele recibir tratamientos químicos y solo hay que vigilar su poda para facilitar la recolección, en septiembre. España es la principal productora mundial y la Comunidad Valenciana una de las autonomías con mayor cosecha. “En cuanto están buenas hay que recogerlas, si no te quedas sin ellas”, advierte Celda sobre los hurtos. Lo normal es recogerla del suelo, porque cae cuando está madura pero algunos productores “se han modernizado un poco” y con toldos en el suelo, varean el árbol con cuidado para no destrozar los brotes que serán la próxima cosecha.

Un algarrobo tarda una década en ser productivo, al menos en las explotaciones de secano. Pero cuando son maduros bien pueden recogerse unos 250 kilos de fruto, un buen pellizco para el bolsillo, pues por los mejores se llegan a pagar hasta 2,50 euros. El precio se calcula en función del rendimiento, no del peso. El garrofín o semilla está rodeada de una cáscara dura y si se coge verde y no termina de madurar en el árbol, su rendimiento y cotización es menor.

El agente Zarzuela, del Grupo Roca (Robos en el Campo) de la Guardia Civil en la Comandancia de Valencia, recorre junto a compañeros de las demarcaciones productoras de Sueca y Llíria, el monte público del municipio de Catadau. Se ocupan más de detectar la mercancía robada a su llegada a los almacenes y seguir su rastro que de vigilar los campos; una tarea de las que se ocupan las patrullas de seguridad ciudadana. Están en plena campaña de recolección y, explican, “la labor es la inspección de almacenes donde se descarga y vende el vegetal”.

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Agentes del Grupo ROCA de la Guardia Civil, especializados en los robos en el campo, junto a algarrobos plantados en el municipio de Catadau (Valencia).
Agentes del Grupo ROCA de la Guardia Civil, especializados en los robos en el campo, junto a algarrobos plantados en el municipio de Catadau (Valencia).Mònica Torres

En su recorrido por los almacenes trillan la documentación que deben aportar los productores o recolectores, unas hojas que garantizan el origen y la trazabilidad del producto. Este año no ha habido mucha producción y efectivamente han bajado un poco los hurtos, porque se ha recolectado antes para evitar las sustracciones. No es fácil pillar in fraganti a los ladrones en el campo.

Las denuncias son importantes para los agentes, ya que les sirven para conocer el problema y la casuística en profundidad. Cuando se bloquea una mercancía al no poder garantizar su origen, se destruye. “No se puede vender si no hay trazabilidad porque su destino es el consumo humano”, añade el guardia civil de este grupo especializado. El grupo —en colaboración con la Policía Autonómica— lleva incautados este año solo en la provincia de Valencia más 50.000 kilos de algarroba procedente de hurtos. Se han esclarecido más de 80 delitos contra el patrimonio, con 18 detenidos y otras 55 investigados.

Si el sabor de la algarroba es dulce, las decenas de sacos apilados en uno de los almacenes desprenden el característico olor fuerte del algarrobo. “Este negocio lo empezó mi abuelo cuando era joven y yo ya tengo 29 años, así que llevamos muchos años dedicándonos a esto”, explica Lourdes Pons, responsable de un almacén familiar en el municipio valenciano de Alfarp. “Recuerdo que mi abuelo cobraba de 10 o 12 céntimos en su época por el kilo de algarrobas, y este año está a 1,10 más el IVA. Se nota que la gente tiene más interés en recogerla”, explica mientras llega a su puerta un particular con 100 kilos en su furgoneta. Alguna vez han rechazado algún cargamento porque no veían clara su procedencia y se han encontrado con personas que han intentado acreditar la recolección con la solicitud a un ayuntamiento (propietario de los árboles en monte público), sin firma ni cuño municipal. Triquiñuelas.

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Sobre la firma

Cristina Vázquez

Periodista del diario EL PAÍS en la Comunitat Valenciana. Se ha ocupado a lo largo de su carrera profesional de la cobertura de información económica, política y local y el grueso de su trayectoria está ligada a EL PAÍS. Antes trabajó en la Agencia Efe y ha colaborado con otros medios de comunicación como RNE o la televisión valenciana À Punt.

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