Tejer no es solo de las abuelas

La asociación ‘Hilando vidas’ decora con tejidos de lana artesanales ocho edificios públicos valencianos para dar visibilidad a la mujer rural el 8-M

La asociación de mujeres Hilando vidas durante el montaje de la exposición Sororidad Serranía en el Palau dels Català de Valeriola de València.
La asociación de mujeres Hilando vidas durante el montaje de la exposición Sororidad Serranía en el Palau dels Català de Valeriola de València.

Tejer ya no es solo un arte que dominan las abuelas. Jezabel Albelda, casada y con dos hijos, vive y trabaja en Villar del Arzobispo, un pueblo del interior de la provincia de Valencia de 3.500 habitantes y situado a 50 kilómetros de la capital. Esta mujer, de 48 años, que enseña a otros a sacar partido a internet, se reúne cada lunes por espacio de dos horas con otras vecinas para confeccionar en ganchillo hexágonos con lana de vivos colores que recuerdan a los panales de las colmenas y que han acabado dando forma al proyecto artístico Sororidad Serrania. “Tejer es la excusa para reunirnos porque juntas hemos tejido complicidades y amistades", explica Jezabel, una activista de la asociación de arte colaborativo Hilando vidas, que quiere dar visibilidad a la mujer rural.

Hilando vidas es un proyecto artístico con un discurso detrás sobre mujeres y feminismo, que nos ha permitido reflexionar sobre la maternidad, el matriarcado, la violencia de género, la explotación sexual, los estereotipos femeninos, la conciliación familiar o la inmigración”, enumera María José Cabanes, licenciada en Bellas Artes, profesora de dibujo en la universidad y comisaria del proyecto surgido en 2015 de una asociación de amas de casa de Alcublas, un pueblo de la Serranía de Valencia de poco más de 600 vecinos.

La asociación de mujeres, con María José Cabanes a la cabeza del proyecto, escogió tejer porque es una destreza ligada al hogar, a lo femenino., que ahora han sacado a la calle para que pueda apreciarla todo el mundo; primero en Alcublas, luego en otros municipios de la comarca de la Serrania y ahora decorando ocho edificios públicos de Valencia, entre ellos, el Palau de la Generalitat, sede del Gobierno valenciano.

Más de 650 mujeres rurales han tejido en ganchillo durante año y medio con lana 60.000 hexágonos que, una vez cosidos y colocados en bastidores, han alumbrado 2.000 piezas que decoran desde hace unas semanas muchos palacios y sedes oficiales de la ciudad. Este domingo, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, las autoras recorrerán todos estos edificios en homenaje a la hermandad que se ha creado mientras tricotaban.

“Ahora que tanto se habla de la España vaciada, queremos dar visibilidad a la mujer rural”, añade Cabanes, “porque en los pueblos más pequeños, el papel patriarcal está muy arraigado y aunque hemos avanzado mucho, todavía queda mucho camino por recorrer”, afirma convencida. “Queremos darle valor a la mujer rural, pluriactiva, que trabaja dentro y fuera de casa y a la que muchas veces no se le reconoce su trabajo”, prosigue la profesora universitaria.

Son mujeres que no quieren renunciar a vivir en el pueblo, a sus raíces, aunque muchas veces es difícil porque las guarderías y colegios para sus hijos cierran, no hay servicio de transporte regular con los grandes centros de servicios, y en sus localidades no hay apenas empleo para ellas. “Queremos que la mujer que decida quedarse a vivir en el pueblo tenga las mismas oportunidades que el resto", demanda Jezabel, que rechaza frontalmente ese falso tópico de que las mujeres rurales son incultas. “Hay tanto arte en estos pueblos...”, subraya orgullosa.

Las mujeres de Hilando vidas se reúnen, comparten, hablan, tienen una excusa para salir de casa cuando los inviernos se hacen tan largos. Quedan, meriendan y cada vez son más conscientes de que se le está dando valor al trabajo que hacen. No se puede pedir más", resume Cabanes. Jezabel aprendió la técnica del ganchillo a través de un tutorial por internet pero de quien ha aprendido más y mejor es de las veteranas. “Somos mujeres de todas las edades, jóvenes, mayores...”, explica

La instalación Sororidad Serrania se compone de hexágonos, la forma de la colmena de la abeja, que es un animal que trabaja en equipo. “Nos hemos convertido en abejas y trabajamos por un bien común, con un mismo discurso para homenajear a nuestras madres, a todas aquellas mujeres que no tuvieron las oportunidades que tenemos hoy. Además queríamos dignificar esta labor; tejer ya no es de las abuelas solo”.

Han hecho falta miles de ovillos de lana, conseguidos gracias a donaciones de particulares, ayuntamientos, patrocinadores y asociaciones y peñas de todo tipo para culminar el trabajo. Además han recaudado dinero para abastecerse de más materia prima con la venta de camisetas y bolsas relacionadas con el proyecto.

Ahora su trabajo se ha convertido en un fenómeno digno de admiración. Primero llenaron las calles de Alcublas de sus coloridos hexágonos de ganchillo, que trepaban por la paredes, colgaban de los balcones, se convertían en cortinas o daban paso a más hexágonos. “Hubo un boom y empezaron a llamarnos de otros ayuntamientos para colaborar y sumarse al proyecto”, cuenta la comisaria de la instalación satisfecha de la repercusión del proyecto.

“¡Soñamos a lo grande! Si hiciéramos un ovillo con la lana empleada en las 2.000 piezas tejidas y la tirásemos en línea recta desde la comarca, llegaría hasta la ciudad de Ámsterdam”, compara Cabanes. El próximo verano expondrán en el Museo del Carmen, también se estrenará un documental sobre la acción artística y tienen peticiones de toda España para colaborar con ellas. “Esto no acaba aquí, tenemos muchas cosas que contar", concluye María José.

Parte de la instalación Sororidad Serrania, que decora ocho edificios oficiales de Valencia.
Parte de la instalación Sororidad Serrania, que decora ocho edificios oficiales de Valencia.GVA



Sobre la firma

Cristina Vázquez

Periodista del diario EL PAÍS en la Comunitat Valenciana. Se ha ocupado a lo largo de su carrera profesional de la cobertura de información económica, política y local y el grueso de su trayectoria está ligada a EL PAÍS. Antes trabajó en la Agencia Efe y ha colaborado con otros medios de comunicación como RNE o la televisión valenciana À Punt.

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