“El año pasado tenía una cafetería sin deudas y ahora llevo dos créditos ICO para aguantar”

Los hosteleros valencianos, obligados a adelantar el cierre de sus locales a las cinco de la tarde por las nuevas restricciones de la covid-19

Una terraza  de una cafetería del centro de València, vacía este jueves.
Una terraza de una cafetería del centro de València, vacía este jueves.Mònica Torres, EL PAÍS (EL PAÍS)

El frío ha vaciado este jueves las terrazas de la hostelería en València. Muy pocos se han atrevido a sentarse al aire libre con temperaturas tan poco habituales en el Mediterráneo como las que ha traído la borrasca Filomena. José María Gil, dueño de El Principito, una cafetería bar del centro histórico de la capital, tiene recogidas las sillas porque además chispeaba. Las nuevas restricciones decretadas por la Generalitat a partir de hoy, que obliga a adelantar el cierre de bares y restaurantes de las once de la noche a las cinco de la tarde, aumenta su desaliento. Hoy se adelanta también el toque de queda a las diez de la noche y se ha confinado a 29 localidades donde la incidencia del virus se ha disparado.

Este hostelero cogió el traspaso del bar en enero del año pasado, cuando nadie se imaginaba el desastre posterior que trajo la pandemia del coronavirus. El comienzo no pudo ser peor pero luego se levantó el confinamiento y la cosa poco a poco fue mucho mejor. “La cosa funcionaba”, reconoce ,pero la evolución del virus los ha vuelto a arrinconar. “Entiendo las normas, lo que no llego a entender es que parece que nos hagan a nosotros responsables [de la expansión de la pandemia], cuando en la hostelería no hay tantos contagios o, por lo menos, no muchos más que en cualquier otro tipo de negocios o transportes públicos. Que nos hagan cerrar a las cinco nos parte”, asegura. Tiene una cocina demasiado pequeña para plantearse servir comidas a domicilio para compensar la facturación. “Conozco gente que lo ha hecho pero no siempre se cubren ni los gastos. Hace falta un volumen grande para que te compense”, advierte.

Como la mayoría de los hosteleros, se rebela contra la idea de que el sector sea el gran responsable de los contagios. “¿Por qué los grandes centros comerciales pueden estar abiertos hasta tarde y nosotros no?”, pregunta. Lo que más nos fastidia de las nuevas restricciones son los viernes y los sábados por la noche [la facturación de esos días les soluciona la mitad de la semana], que es cuando la gente sale a tomarse una cerveza. Porque entre semana, salvo que sirvas cenas, con el frío que hace, no perdemos tanto con el cierre a las cinco. “Se te quitan las ganas de luchar porque no vemos el final”, concluye José María.

A unas calles de la sede del Palau de la Generalitat, sede del Gobierno valenciano, está Trapezzio Café, regentado por Alberto desde hace 18 años. El cierre adelantado “es la puntilla porque no tenemos ayudas de las Administraciones. Solo sé que el año pasado no tenía ninguna deuda, tenía una empresa totalmente saneada, y ahora llevo dos créditos ICO para poder aguantar”, confiesa. Antes tenía abierto el establecimiento de nueve de la mañana a dos de la madrugada y su fuerte era la tarde y la noche porque está en una zona muy conocida de ocio nocturno en Valencia. “En estas primeras del jueves, 7 de enero, creo que llevo 10 euros de caja”, asegura. Asegura que probará esta semana a ver qué pasa y si no, “tendré que cerrar para no acumular más deudas”.

Enfrente del Mercat Central de València, uno de los lugares más frecuentados por los turistas, el bar de tapas y freiduría La Boatella, un clásico del centro histórico, tiene ocupadas unas pocas mesas de su terraza. Juan García, camarero del establecimiento abierto desde hace 30 años, explica que el local, que da empleo a 18 o 20 personas, vive, sobre todo, del turismo. “En diciembre hemos trabajado muy bien, pero hoy, por ejemplo, hemos pinchado por completo”, apunta. Es la cuesta de enero, a lo que se añade el tener que cerrar la persiana siete horas antes de lo habitual. “Nos han quitado el turno de la tarde y no sabemos qué va a pasar”, apostilla Juan, que lamenta que lamenta que las restricciones. “La sensación es que parece que seamos los únicos que tenemos que cerrar a las cinco de la tarde, cuando te metes en un centro comercial y está a tope de gente. A nosotros nos han quitado la barra, el 50% de las mesas, de las terrazas. Estamos disgustados”, apostilla.

El anuncio de la Generalitat de restringir de nuevo la actividad de la hostelería no sentó bien al sector. La Asamblea de la Acampada de Ocio de la Comunitat Valenciana y la Coordinadora de Hostelería de los Barrios de Valencia exigieron el martes pasado que se activasen inmediatamente un plan de ayudas económicas directas a las pymes más perjudicadas por las nuevas medidas restrictivas frente a la covid-19. “No hay excusas”, aseguran tras haberse iniciado la inyección económica en forma de ayudas por parte de la Unión Europea.

La Confederación Empresarial de Hostelería y Turismo de la Comunidad Valenciana (Conhostur) y la Federación Empresarial de Hostelería de Valencia (FEHV) han considerado que las nuevas restricciones dispuestas por la Generalitat hasta el 31 de enero son “un cierre encubierto” que no va a permitir la actividad en muchos de los establecimientos del sector. Ambas organizaciones denuncian una “criminalización” del sector.

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, ha anunciado este jueves, tras reunirse con la patronal CEV y con los sindicatos UGT y CCOO, una nueva línea de ayudas a los sectores económicos más afectados por las nuevas restricciones adoptadas, que se definirán en los próximos días en colaboración con los propios sectores.

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Cristina Vázquez

Periodista del diario EL PAÍS en la Comunitat Valenciana. Se ha ocupado a lo largo de su carrera profesional de la cobertura de información económica, política y local y el grueso de su trayectoria está ligada a EL PAÍS. Antes trabajó en la Agencia Efe y ha colaborado con otros medios de comunicación como RNE o la televisión valenciana À Punt.

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