El odio a Iglesias, combustible de la campaña de Vox

Abascal acusa a Podemos de la violencia contra sus mítines y dice que la amenaza de muerte al líder morado “apesta a montaje”

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante el mitin en Parla este viernes.
El líder de Vox, Santiago Abascal, durante el mitin en Parla este viernes.Olmo Calvo

Rocío Monasterio, cabeza de lista de Vox, sonríe mientras dice cosas terribles. “¡Que se vaya de España de una vez!”, le espetó este viernes a Pablo Iglesias en la Cadena SER sin perder la sonrisa. La contradicción entre el lenguaje corporal y el verbal puede producir zozobra en quien la contempla. El comportamiento en sociedad suele llevar a que las palabras suavicen los sentimientos que reflejan los gestos. El caso de Monasterio es el contrario. Sus colaboradores admiten que no puede evitarla. La sonrisa.

Tras el rifirrafe del debate en la SER, Monasterio tuiteó: “Comenzamos la campaña haciendo lo que prometimos para la legislatura: echando a Pablo Iglesias”. Vox no solo quiere echar al exvicepresidente de un debate radiofónico. Ni siquiera de las instituciones. Quiere echarle del país. “Lo que tiene que hacer es exiliarse con Maduro”, en palabras del líder del partido, Santiago Abascal, que también pretende poner fuera de la ley a Podemos.


El odio contra “el coletas” ha sido la gasolina de la campaña de Vox. Y la confrontación con Podemos, la forma de buscar el hueco electoral que a duras penas le ha dejado Díaz Ayuso. “Criminal” y “sátrapa de Galapagar” son algunos de los epítetos que Abascal ha dedicado a Iglesias en sus actos públicos.

La estrategia de Vox necesitaba la respuesta de la ultraizquierda para retroalimentarse. “Dales donde más les duele”, tuiteó Monasterio el 15 de marzo, recuperando involuntariamente un eslogan de Herri Batasuna en la campaña para el Parlamento Europeo de 1987.

Vox eligió el barrio madrileño de Vallecas, donde la izquierda obtiene más del 65% de los votos, para inaugurar su campaña en Madrid. Como era previsible, grupos opuestos al partido ultra se congregaron el 7 de abril en la denominada Plaza Roja para boicotear el acto. Nada más comenzar, Abascal abandonó el atril y se encaró con quienes le imprecaban haciendo inaudible su discurso. Recorrió la distancia que le separaba de ellos y contó los pasos: 18. No fue un gesto espontáneo. Hizo lo mismo en Tortosa (Tarragona) el 11 de febrero, en la campaña catalana. Los independentistas no le estaban atacando como en Vic y otras localidades. Solo le abucheaban, pero Abascal quería que la policía catalana los alejara, y los Mossos no tenían esas instrucciones. No, mientras se limitaran a protestar contra un político en un espacio público.

En Vallecas sí hubo una lluvia de latas, botellas e incluso adoquines contra agentes y asistentes al mitin de Vox, incluidos los periodistas. Sin descartar que algún objeto volara antes de que Abascal se fuera hacia el cordón de seguridad montado por la policía, lo cierto es que los lanzamientos arreciaron tras la primera carga de los antidisturbios. Desde la tribuna, el líder de Vox acusó de “criminal” al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por no haber ordenado a la policía que desalojara la plaza de contramanifestantes. También cargó contra Iglesias acusándole de haber enviado a sus “brigadistas” a atacarle. Lo único comprobado es que Podemos no condenó la agresión y sus dirigentes la minimizaron o justificaron.

El líder de Vox, Santiago Abascal, interviene con un ladrillo en la mano como signo de protesta por los altercados en su mitin en Vallecas el pasado 14 de abril en el Congreso.
El líder de Vox, Santiago Abascal, interviene con un ladrillo en la mano como signo de protesta por los altercados en su mitin en Vallecas el pasado 14 de abril en el Congreso.EUROPA PRESS/E. Parra. POOL - Eu (Europa Press)

A partir de entonces, los actos de Vox en esta campaña electoral han estado sometidos a una férrea custodia policial. El 14 de abril, en el distrito de Carabanchel, donde el partido ultra eligió una plaza emblemática del 15-M (la revuelta de los indignados en 2011 de la que luego nació Podemos) para celebrar el mitin, los agentes acordonaron la zona, obligando a acceder por una calle lateral, y mantuvieron a distancia a quienes repudiaban la presencia del partido ultra en el barrio.

Animar a “defenderse”

El pasado miércoles, en Navalcarnero, se repitieron los incidentes, aunque esta vez, a diferencia de Vallecas, quienes protestaban eran una minoría frente a la multitud de simpatizantes de Vox. Abascal instó a la Guardia Civil a que los desalojara de la plaza y los radicales lanzaron algunos objetos; entre otros, un huevo que alcanzó a una niña de 10 años. “Esta noche voy a valorar si, en lo que queda de campaña, animamos a nuestros simpatizantes a defendernos de las agresiones si no interviene la policía”, escribió el líder de Vox, amagando con abrir la puerta a un enfrentamiento físico entre seguidores de distintas fuerzas políticas.

Cuando se le acusó de buscar la reacción de los independentistas en la campaña catalana, Abascal contestó poniendo en duda la rentabilidad del victimismo y subrayando que la asociación de su partido con episodios de violencia podría alejar a mucha gente que no diferencia entre agresor y agredido. El resultado de las elecciones catalanas del pasado febrero, en las que Vox fue la cuarta fuerza política y obtuvo 11 escaños, no confirmó esos temores.

El mitin de Vox de este viernes por la tarde en Parla, ante unas 500 personas, fue un auténtico aquelarre contra Iglesias. Monasterio dijo que el líder de Podemos había “huido del debate con el rabo entre las piernas” y Abascal la felicitó por “haber cortado las dos orejas y el moño. Que cierre al salir”, apostilló, aludiendo al tuit borrado en la cuenta del PP. El líder del partido ultra aseguró que él condena “todas las violencias” porque ha padecido “todas las violencias”, pero cuestionó la veracidad de las amenazas sufridas por Iglesias. “Apesta a montaje de Podemos”, dijo. “No condenan ni un acto de violencia contra nosotros, sino que los incitan y amparan, y después quieren que nos creamos sus falsos victimismos”, insistió.

La reacción del partido ultra ante las amenazas de muerte a Iglesias —que también han sufrido el ministro del Interior y la directora de la Guardia Civil— ha sido la misma que tuvo Podemos ante la aparatosa herida que sufrió la diputada de Vox Rocío de Meer tras ser golpeada en una ceja durante un mitin de la campaña vasca, en junio pasado: no creérsela. “Tengo el derecho a dudar de lo que diga el Gobierno”, ha alegado Monasterio, invitando a Iglesias a denunciar el caso ante la policía. Tras saber que lo había hecho, Vox anunció que se personará como acusación popular en las diligencias que se abran. Podemos no pudo hacerlo en el caso de De Meer porque la diputada nunca presentó denuncia.


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Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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