Abascal critica la tibieza de Casado para neutralizar la seducción de Ayuso sobre sus votantes

Monasterio aboga por la “prioridad nacional en ayudas sociales” por delante de los inmigrantes legales

Santiago Abascal le señala un punto a la candidata de Vox a la Comunidad de Madrid, bajo la mirada del secretario general del partido Javier Ortega, a la izquierda. En vídeo, un extracto de la intervención de Monasterio.FOTO: RRF / EUROPA PRESS | VÍDEO: ATLAS

A Rocío Monasterio le ha costado toda la campaña conseguir que sus seguidores la llamen “presidente” en vez de “presidenta” porque eso, alega, fastidia a la vicepresidenta Carmen Calvo. Anoche lo logró, aunque la mayoría de los casi 5.000 asistentes al mitin de Vox –1.600 sentados— en la madrileña plaza de Colón no se referían a ella sino al líder de su partido, Santiago Abascal.

El presidente de Vox pasó por alto que lo que se vota el martes es la Asamblea de Madrid y no el Congreso de Diputados para presentar las autonómicas como una primera vuelta de las generales y asegurar que el 4 de mayo será “el principio del fin” del Gobierno “ilegítimo” de Pedro Sánchez.

El mitin dejó en evidencia que el catalizador del electorado de Vox es el odio a Pablo Iglesias, al que parte del público coreó el epíteto de “rata”, mientras Abascal le acusaba de haber “enviado a sus sicarios” a “lapidar” a los asistentes al mitin de su partido en Vallecas, con el que inauguró la campaña. Aunque Abascal lanzó esta acusación desde el día en que se produjeron los hechos, se considera refrendado por la detención de un empleado de Podemos (no se ha confirmado que lo sea también un segundo detenido) por atentado contra agentes de la autoridad en los disturbios que rodearon ese acto.

Abascal volvió a minimizar las amenazas de muerte a cargos públicos, mediante el envío de cartas con casquillos de bala, calificándolo de “montaje balístico”; y elogió la actitud de Monasterio en el frustrado debate de la Cadena SER, cargando contra la periodista que condujo el programa.

El problema para Abascal es cómo traducir el entusiasmo de sus seguidores en votos y neutralizar la seducción que Isabel Díaz Ayuso ejerce sobre su electorado. El líder de Vox apenas atacó a la presidenta madrileña, más que para mofarse de que su concepto de la libertad consista en no tropezarse con su expareja por la calle, pero arremetió contra la tibieza del líder del PP, Pablo Casado, a quien acusó de mantener una “equidistancia” entre Sánchez y él mismo y de haberse convertido en una “veleta azul”, recuperando el epíteto que dedicaba a Ciudadanos, al que anoche ni siquiera mencionó.

Monasterio, por su parte, prometió “barrios limpios y seguros” frente a la “inmigración ilegal masiva”, rememorando el lema xenófobo de Xabier García Albiol en la campaña a la alcaldía de Badalona de 2015; y abogó por la “prioridad nacional en ayudas sociales”, que supone postergar a los inmigrantes legales aunque sus necesidades familiares sean más acuciantes que las de los españoles.

Hace poco más de dos años, en febrero de 2019, el PP, Vox y Ciudadanos compartían este escenario en la concentración en la que exigieron elecciones a Pedro Sánchez. Anoche, Vox se quedó solo con la Plaza de Colón. Aunque el acto acabó con el himno nacional, como todos los mítines del partido ultra, la traca de fuegos artificiales que puso fin a la campaña le dio un inequívoco sabor americano.

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Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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