ELECCIONES COMUNIDAD DE MADRID

De la libertad a las amenazas de muerte: seis instantes clave de la campaña más polémica

La lucha electoral por la presidencia de Madrid, que se decide este martes, tendrá repercusiones nacionales

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante un acto electoral en Las Rozas, el 18 de abril.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante un acto electoral en Las Rozas, el 18 de abril.Javier López / EFE

Las réplicas del terremoto que causó la fallida moción de censura urdida por el PSOE y Ciudadanos en Murcia siguen golpeando hoy a Madrid, donde se decide la presidencia regional 54 días después de que Isabel Díaz Ayuso adelantara las elecciones. La convocatoria de los comicios fue una maniobra defensiva, según mantiene el PP, ante la posibilidad de que el PSOE y Cs también se aliaran en la región para desplazar a la formación conservadora del poder. Ir a las urnas, discrepa la oposición, fue un proyecto largamente trabajado por Díaz Ayuso, que lo activó en plena pandemia porque era lo mejor para sus intereses. Ese día, 10 de marzo, arrancó una campaña marcada por los choques entre los candidatos, la crispación y el impacto nacional que tendrá su resultado. La lucha electoral por la presidencia de Madrid se resume en seis instantes clave:

En la plaza de Cascorro, un bar ha denominado a sus papas como "Papas a lo Ayuso", en apoyo a la presidenta.
En la plaza de Cascorro, un bar ha denominado a sus papas como "Papas a lo Ayuso", en apoyo a la presidenta.DAvid Expósito

Los huevos de Díaz Ayuso. En Madrid se puede pedir una pizza llamada Madonna Ayuso. También, una cerveza con su cara en la etiqueta que se llama La caña de España. Y platos de calamares a la Ayuso “con un par de huevos”. Los homenajes de los hosteleros cuentan que la apuesta por mantener los comercios abiertos y confrontar con Pedro Sánchez en mitad de la pandemia le ha proporcionado a la líder del PP un nuevo nicho electoral, que no vota en clave ideológica, sino económica y de supervivencia, lo que ha permitido que su proyecto supere los límites de las siglas del PP. Con ese impulso, los sondeos coinciden en que ganará las elecciones y probablemente duplicará su resultado de 2019 (30 diputados), cuando se convirtió en la primera aspirante de la formación conservadora en perder unas elecciones madrileñas desde 1987.

“Es una parte de la campaña que ha ido sola, algo que nunca nos había pasado, porque ha sido espontáneo”, cuenta uno de los asesores de la presidenta, que ha encontrado en esas fotografías una forma de llenar de sentido su lema electoral: “Comunismo o libertad”. Libertad para abrir los comercios pese a la pandemia; libertad para elegir colegio o médico; y libertad para hacer “lo que te de la gana”. Esa ha sido la propuesta de Díaz Ayuso, que da por descontado su triunfo y mira de reojo al resultado de Vox, que es el que marcará si un hipotético apoyo de la extrema derecha a su investidura cotizaría lo suficiente como para entrar en el Gobierno, o no.

Díaz Ayuso ha evitado confrontar con el partido ultra durante toda la campaña, y ha recogido en su programa nuevas propuestas que son de su agrado. Por ejemplo, reducir el número de diputados (de 136 a 101), objeciones a la ley de eutanasia, y plan antiokupas.

Para Pablo Casado, el líder nacional del PP, también es una jornada importante. Si Díaz Ayuso triunfa y Ciudadanos no tiene representación, alentará la idea de que la reunificación de la derecha es posible a escala nacional.

Pedro Sánchez, en un mitin junto a Ángel Gabilondo, el pasado 25 de abril.FOTO: VÍCTOR SAINZ (VÍDEO: EFE)

Sánchez se expone lo justo. El adelanto electoral cogió a contrapié al PSOE, que estaba enfrascado en controlar los tiempos para cambiar de candidato antes de las elecciones de 2023. Aunque se optó por que repitiera Ángel Gabilondo, el ganador de los comicios de 2019, apenas ha tenido autonomía. La Moncloa tomó las riendas de la campaña desde el principio. Pedro Sánchez ordenó a Iván Redondo, Félix Bolaños y Francisco Salazar, su equipo de confianza, que se encargaran de la estrategia. Además, el presidente y sus ministros estrella se implicaron personalmente en apoyo del candidato, especialmente en el arranque de la campaña, ya menos al final en el caso de Sánchez, que se ha expuesto lo justo en el último tramo. Pero la responsabilidad del resultado del PSOE será como mínimo compartida entre el candidato y el secretario general.

Con Más Madrid al alza y el PSOE a la baja, según los sondeos, los socialistas se arriesgan a perder su suelo histórico en la región, que está en los 30 diputados. Aun así, esperan que la izquierda sume para llegar al poder.

Tras rejuvenecer y renovar la lista electoral, lo que ha dejado heridas abiertas en el PSOE de Madrid, las incorporaciones estrella a la campaña han sido interpretadas en el contexto de la renovación de liderazgos que emprenderá el partido en Madrid, probablemente ya a finales de este año: Hana Jalloul, la número dos de la lista; o Reyes Maroto, que sería vicepresidenta si el PSOE gobierna, se han destacado durante la campaña. Pero todas las opciones siguen abiertas.

Pablo Iglesias (Podemos), Ángel Gabilondo (PSOE), y Mónica García (Más Madrid), en la manifestación del 1 de mayo.
Pablo Iglesias (Podemos), Ángel Gabilondo (PSOE), y Mónica García (Más Madrid), en la manifestación del 1 de mayo.Olmo Calvo

Quince días de tregua en la izquierda. La manifestación del 1 de mayo dejó la fotografía de Ángel Gabilondo (PSOE), Mónica García (Más Madrid) y Pablo Iglesias (Podemos) juntos y en armonía. Como siempre en Madrid, la izquierda acude dividida a los comicios, lo que ya le costó que siguiera gobernando la derecha en 2015, cuando IU se quedó fuera de la Asamblea pese a conseguir más de 100.000 votos. Y como nunca en Madrid, la izquierda ha competido en armonía, sin críticas cruzadas, unificada alrededor del rival común: Díaz Ayuso.

El que más ha sufrido para encontrar su sitio en esa situación ha sido el PSOE. Gabilondo se comprometió a no subir impuestos, mientras La Moncloa aireaba un plan para hacerlo en 2022. El candidato arrancó anunciando que no pactaría con Pablo Iglesias (Podemos) para luego tenderle la mano. Finalmente, quiso mostrarse como una opción moderada para atraer a los votantes desilusionados con Ciudadanos, pero se hizo acompañar por Sánchez, pese a que la oposición a su figura fue lo que catapultó a Albert Rivera a sus mejores resultados electorales.

Más Madrid ha logrado construir una campaña de menos a más, soñando con el sorpasso al PSOE, gracias a un planteamiento propositivo, centrado en la defensa de lo público y en las políticas verdes, que ha tenido en su candidata a la mejor portavoz. Todas las encuestas señalan que Mónica García, desconocida para el gran público, igualará o mejorará el resultado que logró uno de los políticos más televisivos, Íñigo Errejón, en 2019. El mejor resumen de que es la revelación de la campaña.

Iglesias, finalmente, aterrizó en Madrid para garantizar que Podemos lograría el 5% de los votos, que marca la frontera entre lograr representación o no en la Asamblea. Que tuviera que dejar la vicepresidencia del Gobierno nacional porque el partido no encontraba otro candidato muestra las dificultades que atraviesa la formación. Intentó el enfrentamiento con Díaz Ayuso para ganar protagonismo, y solo encontró silencio. Recibió una amenaza de muerte, y ahí cambió su campaña, que en el esprint final se ha centrado en la idea de luchar contra el fascismo. Todos los sondeos coinciden en que Podemos será la última fuerza en obtener representación: el reflejo de la capacidad de arrastre del candidato, que ya ha insinuado que su salida de la política no está lejos.

Carga policial durante el mitin de Vox en Vallecas.FOTO: OLMO CALVO (VIDEO: ANTONIO NIETO / LUIS ALMODÓVAR)


La campaña más crispada. Hubo días en los que no se habló de ninguna propuesta, porque ese espacio lo ocuparon otras polémicas. Vox dio un mitin en Vallecas, y la policía tuvo que cargar contra los manifestantes que intentaron boicotearlo, con los que se encaró Santiago Abascal. Los incidentes acabaron con varios detenidos, y 35 heridos leves, entre ellos 21 policías. Días después se supo que uno de los detenidos por “atentado contra agente de la autoridad, desórdenes públicos y daños” es un trabajador contratado por Podemos para tareas logísticas en la sede del partido. Pero la crispación no acabó ahí.

Las amenazas de muerte han ocupado un espacio como nunca habían tenido en el debate electoral. Las recibieron Pablo Iglesias (dos en su caso), los ministros Reyes Maroto y Fernando Grande-Marlaska, Isabel Díaz-Ayuso, la directora de la Guardia Civil, María Gámez, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero… Y supusieron un punto de inflexión en la campaña. Se pasó del “comunismo o libertad” que proponía la candidata del PP al “democracia o fascismo” que lanzaron Gabilondo e Iglesias.

Pablo Iglesias abandona el debate de la Cadena SER ante Ángel Gabilondo y Rocío Monasterio. FOTO: ANDREA COMAS (VÍDEO: CADENA SER)

El debate que lo cambió todo. Fue en la Cadena SER. Allí, Rocío Monasterio, la candidata de Vox, puso en duda las amenazas de muerte recibidas por Iglesias (una de ellas, con cuatro balas y el mensaje “tu tiempo se agota”). Este se levantó y se fue. Más tarde lo hicieron Gabilondo y García. Junto a Monasterio solo se quedó el aspirante de Cs, Edmundo Bal. Nada volvió a ser lo mismo.

La izquierda pidió un cordón sanitario alrededor de Vox al que el PP se ha negado, intentando comparar a la extrema derecha con Podemos. Y no ha habido más debates, porque se tuvieron que suspender los restantes.

Eso convirtió al cara a cara de Telemadrid en el único al que acudió Díaz Ayuso y en el único televisivo. La cita mostró la incomodidad de la presidenta cuando su gestión de la pandemia fue fiscalizada con datos, su guante blanco con Vox, del que puede depender su Gobierno, y la voluntad de pacto de la izquierda.

Edmundo Bal, el 24 de abril durante un mitin.FOTO: EUROPA PRESS (VÍDEO: EFE)

Ciudanos, a todo o nada. El partido de Edmundo Bal se enfrenta a la posibilidad de un batacazo histórico: todos los sondeos coinciden en que pasará de 26 diputados a ninguno, perdiendo la mayoría de los 600.000 electores que le apoyaron en 2019. En ese contexto, el candidato ha hecho una campaña atrevida en la escenografía, arriesgándose a hacer guiños al Obama de 2008 (cambiando el Yes we can por el Yes we Bal) e intentando buscar su hueco como garante de moderación frente a los extremos. Si logra representación, ha prometido su apoyo a Díaz Ayuso. Si no la consigue, y tras la hecatombe de las últimas generales y las últimas catalanas, certificará que el proyecto que impulsó Albert Rivera a escala nacional en 2015 corre peligro de muerte.

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